Del periodismo al campo: historia de un emprendimiento agropecuario

La clásica pareja de conductores de Telenoche, Mónica y Cesar, apostó sus ahorros a lo que en principio fue un pequeño emprendimiento productivo-placentero, y hoy es un ejemplo de diversificación agroproductiva que une turismo, agricultura y gastronomía.

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El establecimiento se inició con una producción de 4000 plantas de naranja y hoy alcanzan los 100.000 árboles frutales.

El establecimiento se inició con una producción de 4000 plantas de naranja y hoy alcanzan los 100.000 árboles frutales.

06deJuliode2017a las10:30

Los nombres Mónica y César son familiares para cualquier argentino. Periodistas de más cincuenta años de carrera, dupla televisiva ícono de Telenoche, pareja cuya historia de amor nació en una sala de ediciones de canal 13: a Mónica Cahen D’Anvers y César Mascetti se los relaciona enteramente con el mundo periodístico televisivo de toda una generación.

Pero ahora, cerca de lo que César denomina “el otoño de sus vidas“, lejos de producir noticias, ambos se dedicaron de lleno a la producción de naranjas y duraznos, en “La Campiña” un establecimiento agro productivo diversificado de más de 500 hectáreas en San Pedro que integra además del cultivo de frutales, el de granos, junto al turismo y la gastronomía.

En el marco de una charla que dio Mónica Cahen D’Anvers en la Bolsa de Comercio de Rosario, Agrofy Agency indagó sobre este tipo de establecimientos que ellos denominan como “placentero-productivo” y sobre la posibilidad de realizar una vida profesional full time y apostar a la vez a un futuro en el campo, que como lo considera Mónica es “la base del mundo, ya que la agricultura nos alimenta a todos y además te da el placer inmenso de de estar en contacto con la naturaleza”.

Los orígenes: unas hectáreas allá por los 80′

“Empezamos a finales de los setenta, cuando habíamos juntado algo de plata. Ahi nos miramos y dijimos: ´¿Qué hacemos?´ y César me dijo: ´Podes hacer dos cosas, o te ocupas en comprar bonos, dólares y te metes en el mundo financiero del dinero, o producís´. ¿Y qué te parece que iba a hacer yo sino producir?”, comentó la ex-conductora del clásico programa “Monica Escucha”.

Entonces en 1979 compraron sus primeras diez hectáreas en San Pedro. “Elegimos esa zona por la naturaleza del lugar y porque es el pueblo donde nació César y donde su familia llegó a mitad del siglo pasado”, cuenta Mónica.

“Si bien lo pensamos como el ´cable a tierra´ necesario para dejar de lado el agitado trajín semanal, desde el primer momento César, que es el pensante en este equipo, dijo que esto tenía que ser productivo-placentero, no placentero-productivo, porque teníamos muchos amigos que habían hecho lo mismo pero en lugar de producir se hicieron la pileta, la casa, la cancha de tenis, y a los cinco años tuvieron que vender todo”, relata Cahen D’Anvers.

La ex conductora de Telenoche confiesa que para poder crecer, durante los primeros tiempos residían allí de manera muy sencilla, en un viejo galpón de los ex dueños del campo, con el sol de noche, y con barras de hielo que traían del pueblo.”

El crecimiento

El establecimiento se inició con una producción de 4000 plantas de naranja y hoy alcanzan los 100.000 árboles frutales, además del cultivo de soja y trigo. Hoy, tiene 500 hectáreas, con un total de cuarenta empleados.

“Llegamos a exportar naranjas a comienzos del año 2000 y después, hubieron complicaciones con la exportación debido a los costos internos, y a que Europa en ese momento entró en crisis y relegó la fruta de latinoamérica”, cuenta Mascetti, hoy más enfocado en la producción de duraznos al mercado interno.

Lo particular de este emprendimiento es la búsqueda de su optimización y diversificación: se producen materias primas en origen para darle valor agregado, como lo hacen con la elaboración de productos artesanales y se adaptó la campiña como espacio turístico con un importante restaurant.

“La idea de abrir un restaurante surgió de una señora que venía a comprar naranjas cuando abrimos, cada vez que volvía de ver a la virgen de San Nicolás. Siempre me decía: ´Moniquita ¿sabés qué tendrías que hacer vos? Darnos una taza de té, para que cada vez que volvamos de la virgen nos tomemos una merienda antes de ir a Buenos Aires. Y dije: ´¿Por qué no?´ Entonces empezamos a hacer scones en la cocina, que al principio los hacía yo misma y teníamos sólo cuatro mesas”, recuerda la periodista.

Entre la ciudad y el campo

Como una gran parte de argentinos que dividen su vida entre la actividad profesional y la agropecuaria, durante mucho tiempo el matrimonio destinó sus fines de semanas a La Campiña mientras que de lunes a viernes trabajaba en el canal.

“Cada etapa tiene sus cosas, yo no voy a renegar jamás de los años de periodismo que tuve que fueron privilegiados y maravillosos, pero haber cambiado el micrófono por una tijera de podar es otro mundo y es una gloria”, comenta Mónica mientras que Cesara agrega: “Ahora ya estamos completamente instalados en lo que llamamos el otoño de nuestras vidas: levantándonos al amanecer para ver el sol la mayor cantidad de veces posibles, disfrutando de las naranjas, los duraznos y las rosas, más allá de la complejidad de cualquier actividad empresaria. Y creemos que ese es el elixir de la vida”

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