El rol del campo en la peor crisis económica de la historia de América Latina

"Las exportaciones de las cadenas agroalimentarias y agroindustriales serán centrales", destaca David Miazzo, economista de FADA.

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El rol del campo en la peor crisis económica de la historia de América Latina
25deAbrilde2020a las09:56

Ante la inexistencia de vacunas para enfrentar al coronavirus los esfuerzos para controlar la epidemia se centran en restricciones a la circulación, lo que afecta la actividad productiva con diferente intensidad según los sectores.

"Es la primera vez en la historia que de manera simultánea hay millones de personas en sus hogares, sin producir ni consumir", graficó David Miazzo, Economista Jefe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo Argentino (FADA).

"La crisis que sufre la región en 2020, con una caída del PIB del 5,3%, será la peor en toda su historia", destaca el informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Para encontrar una contracción de magnitud comparable hace falta retroceder hasta la Gran Depresión de 1930 (-5%) o más aún hasta 1914 (-4,9%).

Esto tiene que ver con que la pandemia impacta a la región en un momento de debilidad de su economía y de vulnerabilidad macroeconómica.

El organismo prevé que América del Sur se contraiga -5,2% y describe tres grupos de sectores con pesos diferentes sobre el PBI según los países. Entre los sectores menos afectados se encuentra la agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca.

Ver también: Divisas, empleo, recaudación y actividad: el rol del campo

Los medianamente afectados son: explotación de minas y canteras, industrias manufactureras, suministro de electricidad, gas y agua, construcción, intermediación financiera, inmobiliarias, servicios empresariales y de alquiler, administración pública, servicios sociales y personales.

Por último, los más afectados: comercio al por mayor y al por menor, reparación de bienes, hoteles y restaurantes, transporte, almacenamiento y comunicaciones, servicios en general.  

Participación en el PIB de los sectores productivos según intensidad del impacto del COVID-19

Un informe de la Fundación INAI describe que las medidas para prevenir el avance de la pandemia "tienen consecuencias negativas para la economía mundial, que experimenta un parate sin precedentes desde la Segunda Guerra".

"Es importante que los países actúen de forma conjunta tanto durante la crisis como en su salida, con un tratamiento especial para los países más vulnerables", agrega. "Una de las principales tareas que tienen los líderes mundiales es evitar que los flujos comerciales se vean afectados por medidas proteccionistas, porque esto agravará la situación y dificultará la recuperación".

En este sentido, en los mercados de agroalimentos, es crucial evitar medidas como restricciones a las exportaciones que puedan conducirnos a una crisis de seguridad alimentaria mundial: "Los líderes globales deben llamar rápidamente a esfuerzos concretos, como sucedió en 2008 durante la Crisis Financiera Internacional, para evitar que los esfuerzos individuales nos lleven a un peor lugar del que podríamos estar".

"El comercio mundial de alimentos debe continuar. Una de cada cinco calorías que la gente consume ha cruzado al menos una frontera internacional, datosuperior en más del 50 por ciento respecto a hace 40 años", comenta el economista jefe de la FAO, Máximo Torero Cullen.

La Fundación INAI repasa diversos estudios que han demostrado que durante los episodios de alta volatilidad y picos de precios de productos agropecuarios en 2007/08 y 2011/12, las políticas adoptadas por los distintos países con el objetivo de protegerse de esta situación tuvieron el efecto contrario, exacerbando los movimientos de las cotizaciones. 

Actualmente Rusia y Ucrania comenzaron a limitar sus exportaciones con el objetivo de resguardar la oferta interna de alimentos.

Enrique Erize, de Nóvitas, alertó esta semana que la crisis del coronavirus podría derivar en una crisis de oferta, "mucho peor que la crisis de demanda". "La última fue en la segunda guerra mundial. Primero fue una crisis de demanda y después una crisis de oferta".

El otro ejemplo de la crisis de oferta es el cierre de plantas procesadoras de carne en Estados Unidos por casos de coronavirus. Un cierre que por ahora es por tiempo indefinido.

Bajo el marco actual, la CEPAL estima que la tasa de desempleo se ubicaría en torno al 11,5% en la región, con un aumento de 3,4 puntos porcentuales respecto al nivel de 2019 (8,1%). Así, el número de desempleados de la región llegaría a 37,7 millones, lo que implicaría un aumento cercano a 11,6 millones con respecto al nivel de 2019 (26,1 millones de desempleados). 

"A medida que la robótica, la automatización y el uso masivo de plataformas de teletrabajo se vuelven más eficientes, más baratas y fáciles de implementar, es probable que la automatización de algunos sectores y procesos productivos se acelere, con impactos sobre el empleo", explica el organismo.

"La coordinación de nuestros países en materia macroeconómica y productiva es crucial para negociar las condiciones de la nueva normalidad, particularmente en una dimensión urgente en la actual crisis y en el mediano plazo", destaca la CEPAL.

En medio de la crisis, el Gobierno argentino recibió numerosas críticas por la salida de las negociaciones del Mercorus con terceros países. El campo pidió una reunión "urgente" con el Canciller Felipe Solá, que respondió: "Los que piden tratados de libre comercio del Mercosur con otros países no pueden destacar un solo beneficio para el trabajo argentino".

Ver también: Entidades del campo piden una reunión "urgente" con Felipe Solá

Miazzo, economista de FADA, señala que en términos generales puede esperarse que caigan los precios reales en el mercado interno por la reducción del poder adquisitivo y que caigan los precios internacionales por la caída de demanda y los problemas económicos en el mundo. 

Sin embargo, es de esperar que por efecto del tipo de cambio y las políticas de estímulo en el resto del mundo, el empeoramiento del mercado interno sea mayor al del externo. 

En este contexto, "las exportaciones de las cadenas agroalimentarias y agroindustriales serán centrales", destaca Miazzo. Productos como trigo, soja y maíz están mejor posicionados en Argentina por una mayor inserción internacional que el resto, aunque maíz ha estado sufriendo mucho por su correlación con el petróleo a causa del etanol.

Erize de Nóvitas coincide en la oportunidad detrás de la matriz exportadora del sector agropecuario argentino, ya que se vende al exterior 2/3 partes del maíz y el trigo y un 80 % de la soja.

Ver también: El trigo le escapa a la pandemia y se sembrarían 100 mil hectáreas más que el año pasado

En una posición intermedia están los sectores que exportan entre el 20% y 30% de su producción: estarán afectados por el mercado interno, pero que también tendrán una vía de escape por el externo: "Aquí hay un grupo que sufrirá menos por ser bienes de primera necesidad como el arroz y la carne aviar". En el otro extremo está la vitivinicultura, que tiene buena inserción internacional pero que su demanda puede caer.

En el medio está la carne bovina que a nivel local es un alimento básico, pero que ante cambios puede ser sustituida por proteínas más baratas.

Por último, hay una diversidad de producciones regionales de frutas y hortalizas. La mayor parte de las hortalizas y parte importante de las frutas, tienen muy baja inserción internacional y estarán afectadas en gran medida por el mercado interno. Aunque en general son alimentos de primera necesidad, por lo que se puede prever o una caída de precios reales o un cambio hacia los productos de menor valor. 

Estimación para América del Sur

Para América del Sur, la CEPAL prevé una caída del 5,2%. Algunos países de esta subregión son muy afectados por la caída de la actividad en China, que es un importante mercado para sus exportaciones de bienes. "América del Sur se verá afectada también por la baja en los precios de los productos básicos", destaca.

En Argentina la caída del PBI sería del 6,5 % y del 5,2 % en Brasil. La peor caída de la región sería Venezuela, con una contracción del 18 % por la brusca caída del petróleo.

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