La microbiología del suelo se presenta como un actor principal que revoluciona la producción agropecuaria

El trabajo realizado por Aapresid, INTA y Universidades de Quilmes, Buenos Aires y Río Cuarto arrojaron resultados que muestran que la biología es parte relevante del sistema de producción agrícola.

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28deOctubrede2020a las08:08

El trabajo realizado en el Sistema de Chacras de Aapresid, INTA y Universidades de Quilmes, Buenos Aires y Río Cuarto permitió trabajar en el suelo y la importancia de la microbiología. Estudios de 1950 determinan que en la tierra viven 10.000 millones de microorganismos descomponedores, fijadores, promotores, secuestradores, mineralizadores y fundamentalmente, recicladores.

“Desde lo ambiental y tecnológico, la estrategia de producción tradicional –más conocida como agricultura de laboreo o labranza convencional– se basó en modificar el ambiente, principalmente el suelo, de tal manera que la genética sembrada con la semilla, se transformara en una planta que pudiera expresar su máximo potencial de rendimiento; y ese paquete tecnológico basado en insumos impactó en las diferentes revoluciones agrícolas, que buscaron una mayor eficiencia en la producción de alimentos y en su calidad, pero también sobre las ‘salud’ de los suelos, la degradación y la erosión”, señaló Rodolfo Gil, investigador del INTA Castelar y director académico científico del Programa Sistema Chacras de Aapresid, en convenio con el INTA.

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Por otra parte, sostuvo que una agricultura sostenible se construye a partir de tecnologías de procesos, adaptándolas a cada ambiente-suelo-cultivo. De tal manera que sea el sistema en su conjunto el que exprese su potencialidad con el mínimo disturbio, indicó Gil quien destacó el rol protagónico que tienen los procesos biológicos del suelo. “El avance del conocimiento que alcanzó la ciencia, expande la capacidad de análisis sobre la ‘vida en el suelo’ y la proyección de la biología sobre el ecosistema”, expresó el investigador. 

En lo que respecta a los microorganismos del suelo, estos tienen múltiples funciones. Algunos son promotores del crecimiento de las plantas, otros actúan como biofertilizantes, están los que pueden transformar residuos y, también, los patogénicos que afectan la salud de las plantas.

“Hoy también contamos con la posibilidad de secuenciar directamente los genomas de microbios, sin necesidad de cultivarlos. La metagenómica expande la capacidad de análisis de qué genes están presentes en el suelo y qué función cumplen esos genes en el ecosistema”, puntualizó el investigador del INTA.

De acuerdo con Luis Wall, investigador de la Universidad Nacional de Quilmes y coordinador del estudio de indicadores biológicos de suelo en la Chacra Pergamino, señaló: “Cuando hoy analizamos la biología que habita los suelos a partir de su ADN, vemos que la gran mayoría de la diversidad biológica corresponde a grupos de microorganismos muy pequeños u organismos raros, es decir, hoy trabajamos con una biología que nos era desconocida y lo que no se ve es difícil de considerar como componente del sistema”.

¿Cómo se construye la biología del suelo? 

Según Wall, la clave está en promover prácticas como la siembra directa y la mayor rotación entre cultivos de gramíneas y leguminosas, sumado a una reducción en el uso de insumos químicos. “La biología del suelo es un concepto que hace referencia a la totalidad de los organismos vivos que lo habitan y que, de alguna manera, lo construyen a partir de los componentes minerales y orgánicos”, indicó.

“En un suelo cultivado tradicionalmente –tecnologías de labranza y secano, uso de insumos químicos– cambia la diversidad y composición de microorganismos”, puntualizó el especialista de la Universidad de Quilmes. Asimismo, agregó: “Mientras que, en un suelo cultivado con métodos conservacionistas, la biología puede persistir en su diversidad y funcionamiento casi en forma completa”.

Rotaciones

Desde la década del 90, se produce una disminución de la diversidad (mayor proporción de soja en la rotación) y de la intensidad de las rotaciones (menor número de cultivos al año, con predominio de la soja de primera, indicó Gil.

Ante este escenario, el Sistema Chacras de Pergamino se centró en observar qué sucedía bajo el suelo con el monocultivo de soja y con una rotación típica de la zona núcleo, que incluye trigo, soja y maíz. “Tomamos el desafío y nos pusimos a estudiar los indicadores biológicos; al cuarto año (2015), medimos y nos encontramos con la sorpresa que cuanto más diversificada y más intensificada era la rotación, la biología del suelo explotaba y este comportamiento se consolidó con el paso del tiempo”, expresó Wall.

Estos resultados demuestran que es posible y, ambientalmente amigable, ayudar a construir la biología del suelo. “Y, lo más interesante, es que cuántos más microorganismos se pueden contemplar, mayor producción del cultivo en pie vas a lograr y, el sistema, va a generar una menor necesidad de usar agroquímicos”, destacó el investigador de la Universidad de Quilmes.

Desde el proyecto señalaron que la importancia de la biología del suelo en los sistemas agrícolas de producción extensiva en siembra directa y concluyeron: “Tenerlo o no en consideración es una cuestión de qué modelo de trabajo se adopta”.

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