Jorge Aristegui, el "Maradona" de las domas que montó al caballo que mató a su hermano: ahora hace arreglos para sobrevivir

Multipremiado, viajó por toda Sudamérica y Dubái haciendo exhibiciones

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Jorge Aristegui, el "Maradona" de las domas que montó al caballo que mató a su hermano: ahora hace arreglos para sobrevivir
29deAbrilde2021a las20:20

“Hasta que empezó la pandemia venía haciendo montas especiales; en febrero del año pasado se hizo todo el mes, pero después del 9 de marzo no se han vuelto a hacer”, dice Jorge Aristegui (59), el jinete argentino considerado el "Maradona" de las domas.

Desde que empezó su carrera oficialmente, a los 17 años, ganó 10 coronas internacionales y otra decena a nivel nacional, viajó por toda Sudamérica y Emiratos Árabes por las “nominaciones” que recibió por su trabajo. Hoy, hace “arreglos de cualquier cosa” y trabaja en el campo para subsistir en medio de la pandemia. 

En el campo, la doma empieza como un juego de niños, subiendo a caballos, terneros o novillos que se muestran rebeldes. Así comienza la historia de Jorge que, cuando tenía 13 años, su hermano mayor, Carlos, lo anotó como un juego en la lista de jinetes debutantes, pero cuatro años después volvió a competir y se quedó con el segundo premio en una de las categorías. A los 24 años empezó a recorrer el país haciendo domas y poco a poco se fue ganando un lugar en las taquillas internacionales hasta que las invitaciones llegaban por sí solas. Es que sin saber ya se había transformado en una leyenda

Su pasión por los caballos se dio por el vínculo que tenía su familia con el campo y los animales. “El primer caballo que monté fue porque mi hermano me anotó; yo estaba en la tribuna cuando le escuché decir al animador mi nombre, me llamaron por los altavoces y si no iba quedaba mal. A los 17 años me anoté porque faltaban jinetes y gané el primer premio en efectivo y eso motiva, pero también me gustó el deporte”, relata. Desde ese día hasta hace más de un año, por la pandemia, Jorge no se había desligado tanto tiempo de su pasión y su fuente de trabajo.

El "Maradona" de la doma

En su haber reposan 10 coronas internacionales. En la categoría “Crina Limpia", donde el caballo no tiene montura, solo una lonja de cuero con la que se sostiene el jinete, y en donde se debe cumplir una duración de ocho segundos sobre el animal, lleva ganados 8. En la llamada “Grupa”, cuyo único elemento utilizado sobre el caballo es un recado forrado con cuero y su duración debe ser de 10 segundos, tiene uno. En “Basto con Encimera”, cuyo tiempo debe ser de 12 segundos acumula una. 

Si bien no recuerda con exactitud la cantidad de competencias de las que participó y ganó a lo largo de su vida, era un habitué del podio, “sacaba premios casi todos los domingos”, dice. A partir del Festival de Jesús Maria, el certamen más importante a nivel Sudamérica, se empezaron a abrir las puertas para recorrer el interior y el exterior; viajó a Dubai, Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile haciendo domas. “Yo lo tomaba como un trabajo, además de hacer lo que a uno le gusta, significaba cobrar dinero para vivir, pero también ganar es todo”, explica. 

En el rubro, Jorge es considerado como el "Maradona" de las domas, aunque su modestia le impida tomar semejante título, es el único jinete del que se tiene información que ha ganado todas las categorías en competencias internacionales. “Alguien lo dijo una vez y lo siguen diciendo, pero nunca me he comparado con nadie. Sé que las cosas han ido bien, he jineteado los mejores caballos del país que varios de los buenos jinetes no podían domar y yo sí”, observa.

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Doma de caballos: domesticar al enemigo

En los 42 años que lleva de carrera ha podido domar a los “animales más bravos”, incluido vacunos: “Son más difíciles de domar que un caballo, la fuerza es más grande y también son más anchos”. La decisión de seguir con las jineteadas también deviene de una triste historia familiar. El 11 septiembre de 1983 un reservado se llevó la vida de su hermano mayor, Carlos, que en ese momento tenía 23 años, y murió tras ser arrastrado por el mismo tordillo que un año y medio más tarde él mismo domaría. 

Mi hermano era muy buen jinete. Ese día, le dan el caballo, lo sube y el organizador lo baja, pero no del todo, mi hermano queda enganchado de la espuela con la encimera y el caballo dispara a patadas, a golpearlo”, contó. Los golpes de “El Zorro”, un tordillo de 640 kilos y puro músculo, provocaron la muerte de su hermano. 

“Cuando mi hermano murió dije que iba a seguir e iba a montar ese caballo que venía con 74 montas invictas. Me propuse en algún momento montarlo y creo que fue lo más esperado por mucha gente”, relata Jorge que se subió al endiablado animal el 24 de marzo de 1985 para terminar la tarea inconclusa que dejó Carlos

“El día que subí al caballo estuvo toda mi familia presente. Hubo casi 20 mil personas que fueron a ver el espectáculo, normalmente iban 1500, y mi mamá decía que no quería verme”, explica. Finalmente, su mamá, hermanos y el resto de la familia aceptaron ir a alentarlo desde la tribuna y pudieron superar por un momento aquella trágica escena con el bravío que falleció recién en el 2000.

Lo cierto es que Jorge lleva la doma en la sangre y, de alguna forma, su hermano siempre lo acompañará en cada jineteada o exposición que haga el resto de su vida.

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