Mujer rural: Ana Peralta, la todo terreno que hace 30 años rompe prejuicios con su trabajo en el campo

Formó una familia de contratistas y hoy es una pieza clave en la empresa, aunque reconoce que sufrió discriminación: “Ya no se necesita fuerza, sino inteligencia”

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Mujer rural: Ana Peralta, la todo terreno que hace 30 años rompe prejuicios con su trabajo en el campo
20deOctubrede2021a las08:19

Unos 450 kilómetros separan a las ciudades de América y Dorrego, en la provincia de Buenos Aires, donde la temporada de cosecha fina suele comenzar en la misma época del año. Esa distancia separa a los dos equipos de cosechadoras, tractores, carros, camiones y casillas que una familia de contratistas distribuye a partir de noviembre para asegurarle el servicio a tiempo, antes que el trigo o la cebada se pase, a una clientela que los convoca desde hace 30 años. A un sitio, va el padre y algunos empleados; al otro, los hijos; y entre ellos, la madre, la esposa, la mujer rural que une ese recorrido para abastecerlos y procurar que no falte nada, desde la comida hasta los repuestos o el combustible.

Organizar toda la logística y subirse a una camioneta para cubrir esos kilómetros entre las dos ciudades donde se inicia la campaña es una de las tareas que suele realizar Ana Carina Peralta, una de las tantas mujeres rurales que trabajan en la Argentina. “Hice de todo: trasladé los equipos, manejé el tractor, la máquina y el camión, tiré los carros, cambié repuestos, hasta me corté las manos cambiando cuchillas de la máquina”, cuenta, y suelta una carcajada cuando recuerda ese momento. “Yo soy la rueda de auxilio para todos. Hoy, si tengo que definir mi rol en el equipo es el de garantizar los suministros, de hacer las compras, averiguar precios y repartir todo. La parte logística es importante porque el que está en la máquina, en el campo, tiene que tener todo: gasoil, repuestos, comida”, enumera.

Carina no venía de familia agropecuaria, pero cuando se casó con Hugo Oxoby su vida dio un vuelco y se dedicó a trabajar el campo. Treinta años después compara el esfuerzo que tuvo que hacer para insertarse en un medio donde dominaba la figura del hombre y se ilusiona con la mirada de género que está teniendo la actividad y los roles cada vez más visible de las mujeres en el mes que celebra el Día Mundial de la Mujer Rural.

“Como toda mujer de esa época, me costó bastante integrarme al campo. Primero me ocupé de comprar los repuestos y los hombres me miraban despectivamente, subestimándome, como diciendo ´¿qué sabrás vos de repuestos?’. Pero yo fui para adelante sin importarme nada. Y ahora siento orgullo porque hay cada vez más mujeres que se están animando a trabajar en el campo, mujeres capacitadas, con puestos nuevos en empresas del rubro. La mujer hace algo porque se siente capaz; si no, no lo hace”, afirma.

El Día Internacional de las Mujeres Rurales se celebra cada 15 de octubre desde 2007 tras una decisión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) “con el objetivo de reconocer el trabajo de la mujer y su contribución en el desarrollo rural y agrícola, la erradicación de la pobreza y la mejora en la seguridad alimentaria”.

En la Argentina no hay registros oficiales de cuántas mujeres trabajan en el campo o en rubros relacionados, pero según la ONU las mujeres rurales representan el 43 % de la mano de obra agrícola en todo el mundo. Sin embargo, se enfrentan a una “discriminación significativa en lo que respecta a la propiedad de la tierra y el ganado, la igualdad de remuneración, la participación en la toma de decisiones de entidades y el acceso a recursos, crédito y mercado para que sus explotaciones y granjas prosperen”. La ONU sostiene que si las mujeres tuviesen el mismo acceso que los hombres a los recursos, la producción agrícola en los países en desarrollo aumentaría entre 2,5 y 4%.

Hay más. De acuerdo la información disponible en la Red Mujeres Rurales de Argentina, un espacio conformado por más de 100 organizaciones y 500 integrantes representantes de las diferentes provincias del país, cuatro de cada diez mujeres en zonas rurales trabajan en la agricultura en América Latina, las mujeres y niñas rurales representan más de un tercio de la población mundial, y en América Latina y el Caribe viven al menos 58.000.000 de mujeres rurales.

“Las mujeres se tienen que animar, aunque siempre está el prejuicio de que te digan que no servimos para trabajar en el campo o manejar maquinaria agrícola. La limitante es el propio prejuicio de que el campo es solo un territorio de hombres, pero hay que saltar eso. Hay mujeres ingenieras, mujeres que fumigan, mujeres camioneras, todas porque se animaron a hacerlo”, suelta Carina. “Hay que preguntar, acercarse, tener la inquietud porque el campo no es solo de hombre, ya no se necesita fuerza, sino inteligencia y querer hacerlo. No te van a decir que no porque sos mujer. Hay que animarse, como hice yo hace 30 años”, agrega.

Lazos de familia

La familia se está preparando para comenzar el mes próximo la cosecha de trigo y cebada después de un largo año de temporada de granos gruesos. La base se encuentra en Tandil donde los equipos se están poniendo a punto. Junto a su esposo y sus hijos Maximiliano, Aldana, Ezequiel, Micaela y Hugo se distribuirán las actividades y responsabilidades hasta enero de 2022, cuando las maquinas se trasladarán nuevamente a la finca familiar para volver a empezar.

“Arrancamos por América, cerca de Trenque Lauquen, que es una zona de más calor. Vamos con una cosechadora CASE 8230 y sumamos una CASE 6130 que compramos para nuestros hijos porque se casaron y la familia se agrandó”, dice riendo. El equipo se completa con tres tractores, carros, dos casillas, un camión playo y otro con carretón para transportar todo. Ezequiel se encarga de manejar el camión porque tiene carnet profesional; también suele trasladar a otros tanteros.

En la rotonda

Hace 30 años, cuando se formó la familia, la actividad principal era el tambo, aunque tiempo después sumaron una pulverizadora y, más tarde, las primeras máquinas para salir a cosechar. “Hay costumbres que no se pierden, como la de seguir parando en las rotondas con los equipos. A pesar de tener clientes fijos, las rotondas son las paradas de los cosecheros, esa tradición sigue vigente”, cuenta Carina. “¿Qué se hace en la rotonda? Se espera, se come, se toma mate, se acomodan los equipos y siempre hay colegas que conoces de tantos años de estar en la ruta”, agrega.

Sus hijos se criaron en el campo y sus nietos continúan la historia familiar, con mujeres, como ella, que mantendrán la tradición o seguirán ligadas al campo, como Micaela que está estudiando administración agropecuaria. “Trabajar en el campo es fantástico, no lo cambiaría por otra cosa. La gente tiene respeto, tiene otros modales. Cuando terminás un trabajo se come un asado y nos despedimos hasta el año que viene. Conocemos a los hijos de los clientes y ellos, a nuestros hijos y nietos”. resume. Todo como en una gran familia.

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