Julio Parada Seifert: la historia detrás del autor de "Minga de rodillas", el cuadro argentino que recorrió el mundo

Julio, el autor del cuadro, se inspira en paisajes del interior de Buenos Aires y el Litoral; "Si no hacés lo que te gusta sos un desocupado más", considera

Por |
Julio Parada Seifert: la historia detrás del autor de  "Minga de rodillas", el cuadro argentino que recorrió el mundo
16deNoviembrede2021a las08:39

Julio Parada Seifert (60) empezó a pintar en 2008, después de los reiterados embates entre el Gobierno y el campo, y las catástrofes naturales que padecen los productores. Su obra más conocida se llama “Minga de rodillas”, que captó el interés nacional e internacional con una publicación en una conocida revista de Estados Unidos, sin embargo, antes de trabajar sobre tela y pinceles, desarrolló una serie de naipes criollos y piezas individuales que lo ayudaron a abrirse camino en el mundo del arte. Ahora, redireccionó el talento innato para reflejar la realidad de la gente que trabaja en el sector agropecuario.

La historia de Julio Parada Seifert 

De entre sus memorias, el pintor recaba los paisajes más representativos que atesora tanto de la provincia de Corrientes como del interior de Buenos Aires, porque, a su gusto, los encuentra similares. “En este último año empecé a hacer una obra de los incendios intencionales, de los desconocidos. También de gente de distintos sitios del país, de sus campos, los silobolsas. El banderazo en San Nicolás, que no fue solo del campo: estuvieron los chicos pidiendo que abran las escuelas, los jubilados, productores de varias partes del país, de la Federación Agraria Argentina (FAA), Sociedad Rural Argentina (SRA), amigos y conocidos. Todas estas cosas que pasan en el campo las plasmo en una obra”, dice. 

Sus trabajos captan la atención de la gente por la realidad con que se muestran. Así nació “Minga de rodillas”, la obra que representa el conflicto que cambió el destino del kirchnerismo con el campo: la 125, que se desarrolló durante 129 días en 2008. “Para hacerla empecé recordando cosas como la suba del precio del gasoil y detalles de la 125”, asegura. Una vez finalizada la obra, se expuso en la Exposición Rural de Palermo, donde también estaba un fotógrafo de Wall Street Journal. “Pasó, le sacó fotos y la obra apareció publicada en la revista Life”, afirma. El ruido que despertó la representación de la protesta, considerada como la más importante entre el campo y el gobierno, plasmada en un retazo suyo en aquel país se convirtió en interés público. Tal es así que la obra fue llevada a la Rural de Corrientes y publicada en un diario local. Finalmente, se dice que fue vendida en US$5 mil dólares.

Sus comienzos en el mundo del arte

Desde hace un par de años, Parada Seifert comenzó a retratar inundaciones, incendios y el día a día en el campo. Los paisajes de sus cuadros son recuerdos que guarda en su memoria y que normalmente están relacionados con el norte de la provincia de Buenos Aires y el Litoral. Antes de dedicarse a estas series había hecho reproducción plastificada de sus propias obras que comercializaba para la mesa y quinchos. Con los años, ese emprendimiento se desmoronó “de forma descomunal”, y comenzó a plasmar otra realidad, porque, según el artista, “la gente en Buenos Aires se olvida del interior”. “Me subí a un auto y salí de Buenos Aires, hice una gira por todo el Litoral, llegando a Puerto Iguazú, después volví a Corrientes y volví a Buenos Aires, recorrí parte de la provincia”, cuenta.

La alternativa que le quedaba era dedicarse de lleno a la pintura. “Agarré un libro, donde estaban los titanes de la pintura. Me fijé que los más grandes pintores pasaban 8 horas pintando”, afirma. La mayoría de sus cuadros representan la estación climática y cómo repercute en las tareas en el campo como la seca, los incendios y las inundaciones. Esta elección temática si bien es representativa del sector agropecuario, se puede convertir en un problema para el artista, ya que corre el riesgo de transformarse en “el pintor de la mala onda”, como él mismo sostiene. “Los que somos artistas plásticos le damos color a la vida. Pero es necesario ver lo que estás haciendo: una obra en vivo, pincelada por pincelada”, relata. Hoy, sus trabajos son reconocidos en todo el país, gracias a la oportunidad que tiene de pintar y exhibirlas en las distintas exposiciones rurales a donde lo invitan.

Desafíos en pandemia

Las galerías y salas de exposiciones fueron uno de los rubros que más impacto tuvieron durante los meses de cuarentena estricta. Los rigurosos protocolos sanitarios impidieron la realización de exhibiciones a lo largo y ancho del país. Así, los artistas como Parada Seifert se dedicaron a generar material, con la esperanza de comercializarlas una vez restablecidas las actividades. “En este tiempo seguí pintando y haciendo lo que sé hacer. Estuvimos sin poder hacer nada [exposiciones]. Normalmente, vendía un lote de 35 cuadros por año, pero el año pasado solo vendí cuatro cuadros. Fue complicadísimo”, asegura. A esta baja en las ventas por el Covid-19 también se le sumó el disparador del dólar, que estaría atado a los costos de producción: “Ni siquiera se pueden vender bien”.

En la última Exposición Nacional de Razas en Corrientes, a cargo de la Rural local y Expoagro, se pudo apreciar en vivo el trabajo del pintor. Además, cada tanto los cuadros son exhibidos en la Sala de socios de la Sociedad Rural Argentina, en el restaurante central de la Sociedad Rural de Corrientes y en las terrazas de los Petersen Cocineros. El salón de los pasos perdidos de la Legislatura local también suele presentar gran parte de su trabajo, ya que lo invitan a pintar durante los eventos con público. “Son pequeñas caricias al alma, son logros que vas haciendo por el trabajo cotidiano. El artista tiene una sensibilidad muy particular; la crítica buena o mala es constructiva”, cuenta. 

La cantidad demandada de horas por cada cuadro es tal que dice que “se la pasa laburando todo el día”. “Se ve en lo que publicás y eso es lo que más te llega al alma. Habrá quien te diga que tal cosa está mal hecha, pero la soberbia no sirve de nada. Yo pinto desde el recuerdo, desde el alma”, afirma y sostiene que hubo momentos en los que llegó a “pensar en dejar la pintura”. “Hay gente que me apoya desde Buenos Aires hasta Corrientes, a más de mil kilómetros”, añade. “La pintura para mí es una pasión; una actividad cotidiana. Es intentar dejar un legado para la posteridad. Es con lo que alimento a mi familia. Si no hacés lo que te gusta sos un desocupado más”, sintetiza. 

Por último, cuenta que desde hace cuatro años toma clases con un maestro de realismo, cubismo, abstracto y figurativo para perfeccionar su talento innato. “Lo que hace el maestro es no imponer él, sino corregir lo tuyo. Yo nunca estudié dibujo y tampoco pintura. Pero voy a seguir estudiando, como lo hacen los médicos que viajan para aprender y estar actualizados, con los pintores es igual. Siempre hay que estudiar”, resalta. 

Temas en esta nota

Cargando...