Familia Robles: compraron dos veces un campo, se lo usurparon y ahora la Justicia ordenó la restitución

Durante el conflicto vivieron días de angustia ante la imposibilidad de no poder ingresar a su casa; los cuatro ocupantes deberán abandonar la propiedad en las próximas 48 horas

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Familia Robles: compraron dos veces un campo, se lo usurparon y ahora la Justicia ordenó la restitución
25deNoviembrede2021a las08:54

Después de dos semanas, la Justicia ordenó a través de una medida cautelar la restitución del campo usurpado a la familia Robles en Costa Uruguay Sur, en Gualeguaychú. Fue durante una audiencia celebrada en la sala de juicios y apelaciones del palacio de Tribunales a la que asistieron ambas partes en la que se tenía que presentar la documentación respaldatoria de la propiedad. En las próximas 48 horas, los intrusos deberán abandonar el campo. 

Campo usurpado en Entre Ríos

La familia vivió días de angustia ante la imposibilidad de no poder ingresar a su casa. Rosana Valenzuela, la esposa de Gustavo Alvaro Robles, uno de los dueños del campo usurpado habló con Agrofy News horas antes y después de la decisión del juez Tobías Podestá. Según contó la mujer que lideró junto a su esposo y cuñados una exhausta lucha para recuperar la propiedad, durante la guardia que montaron en la tranquera recibió “amenazas verbales” de parte de los usurpadores. 

“Estábamos indignados, nerviosos, pero por otro lado, teníamos la seguridad de que tenemos la razón. Tengo fe de que esto se va a solucionar”, dijo. Los usurpadores tienen dos días como máximo para desocupar la casa. Desde ayer a la tarde y tras la decisión del Juez se levantó una orden para instalar una custodia policial en la tranquera para evitar que los usurpadores tomen pertenencias de la familia. “A la audiencia se presentaron tres de las cuatro personas, y el que no vino el juez lo mandó a sacar con la policía”, manifestó.

A lo largo de los días, la familia montó guardias constantes en las inmediaciones hasta donde llegaron productores de la provincia de Entre Ríos para apoyarlos y exigirle al juez de Garantías la restitución inmediata del campo, que finalmente sucedió. En medio del momento angustiante que vivió la familia hubo un cambio de juez y fiscal en la causa, a quienes le habían exigido la celeridad del caso. En total eran 125 hectáreas las que estaban tomadas, que están repartidas entre cinco hermanos Robles: Gustavo, Néstor Ricardo, Ana María, Blanca y Andrés. Cada uno es dueño de 23,5 hectáreas aproximadamente, que quedaron definidas en el momento de la sucesión. 

Ver también: Fallo de la Justicia: tras un año de usurpación, un pequeño productor cordobés recuperó su campo

Familia, Robles: pagaron dos veces el campo

La propiedad había sido comprada por don Antonio Robles, el suegro de Rosana y padre de seis hijos, a Teodoro Modesto Carles en los años 70, pero en 1990 los Robles pasaron un trago amargo: el antiguo dueño falleció y los herederos directos reclamaron la propiedad. En ese momento los hermanos no contaban con el boleto físico de compraventa de la transacción que realizaron Antonio y Teodoro. Fue así que tuvieron que recurrir al banco, sacar un crédito y pagar por segunda vez la propiedad en la que habían crecido. 

“Mi esposo Gustavo Alvaro Robles volvió a pagar el campo. Está la firma abajo. En esa época se había quedado sin nada de plata para poder pagar a los familiares que reclamaron. Ahora, los antiguos herederos nos dan la razón a nosotros y de hecho están declarando en la causa, porque no son ellos los involucrados”, aseguró. Los usurpadores alegan ser descendientes de Teodoro, uno de ellos, incluso es quien dice ser el único beneficiado de la propiedad. “Estos son dos familiares lejanos y dos conocidos de ellos. Entre los cuatro usurpadores hay dos hermanos que dicen ser nietos de Teodoro y solo uno dice que él es el dueño del campo, que el abuelo se lo dejó”, expresó.

El día que la familia fue alertada de que el campo había sido usurpado, Rosana fue amenazada verbalmente por uno de ellos por cruzar el auto en la tranquera para que no le diera el viento. “Aparte de estar usurpado, invadieron mi intimidad. Nosotros vamos todos los fines de semana. Tengo sábanas, toallas, frazadas, es una casa de campo equipada. Hace un año había renovado todo porque desvalijaron la casa y tuve que comprar todo de nuevo. En la pandemia había repuesto todo y había acomodado la casa. Nos fuimos allá durante la cuarentena y estaba habitable”, explicó sobre las declaraciones de uno de los usurpadores quien alegaba que la casa estaba abandonada.

Sospechas

La familia no había ido al campo en más de dos semanas. En este tiempo los usurpadores aprovecharon para instalarse en la casa y cambiar el candado de la tranquera para impedir el paso de los Robles. “Creo que alguien dio el dato que hacía 20 días que no íbamos porque se había roto el molino”, aseguró. La parte del campo donde está la casa de la familia de Rosana se llama “Don Albano” y está ubicada en un camino rural paralelo a los kilómetros 46 y 54 de la ruta provincial 14. Cuenta la mujer que toda la familia atesora un recuerdo de ese lugar, porque se criaron en la casa y, de alguna forma, parte de su vida está marcada por ese campo.

“Tengo fotos de mi esposo cuando tenía 7 años y paseaba a caballo acá. Cuando me casé nos vinimos a vivir dos años acá y don Antonio se vino con nosotros. Mis hijos hicieron el alambrado, porque fueron a una escuela agrotécnica. Se dedican al campo”, afirmó. Pero la tranquilidad del lugar se vio empañada por el cartel verde con letras blancas que reza: ‘No pasar, propiedad privada’. 

El caso generó un fuerte repudio del campo y la causa fue apoyada incluso por la familia Etchevehere, que también fue víctima de una situación similar el año pasado. “La movilización no fue algo político, sino para recuperar la tierra. Toda esa gente averiguó bien la situación, saben que somos los dueños legítimos”, contó y agregó: “Nosotros pagamos la mesura, todos los impuestos durante todos estos años. Es una locura estar contando la vida privada porque la Justicia no procede. Somos gente de trabajo. En Gualeguaychú todos nos conocemos. Ellos [los usurpadores] son de acá, a nosotros nos conocen porque tenemos negocios acá”.

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