Colza y carinata: los secretos productivos de cultivos que le compiten al trigo

La carinata es la mostaza etíope y se usa para producir biodiesel para aviones; mientras que la colza se usa para elaborar aceite de consumo doméstico y combustibles

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Colza y carinata: los secretos productivos de cultivos que le compiten al trigo
16deMayode2022a las11:51

Se acerca el invierno y los productores piensan en cultivos alternativos al trigo. Si bien la principal opción es la cebada, la colza y carinata –plantaciones de la familia de las brassicas- cada vez van ganando más espacio en el mundo agro, dadas las múltiples ventajas que presentan. 

Colza, carinata y cebada en A Todo Trigo 2022

En el evento “A Todo Trigo”, que se realizó durante el 12 y 13 de mayo en Mar del Plata, la investigadora del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA) y del CONICET, Deborah Rondanini, habló sobre las brassicas, especialmente sobre la colza y la carinata. La Brassica carinata es la mostaza etíope y se usa para producir biodiesel para aviones. La colza, en tanto, se usa para elaborar aceite de consumo doméstico y también para combustibles.

Si bien la especialista observó que los países con tradición triguera le dan menos proporción al cultivo de brassicas, aseguró que ambas plantaciones son compatibles. Mientras que la colza va ganando espacio en diferentes países sudamericanos, en el mundo se producen entre 71 y 75 millones de toneladas de brassicas, con una producción promedio de 2.000 kilos por hectárea. 

En el caso de Argentina, la colza –que ofrece adaptabilidad a distintos ambientes- es recomendada cuando al trigo le va mal. En los años 2012 y 2013 se cultivaron 90.000 hectáreas de colza, una cifra que descendió a 25.000 hectáreas en 2022. No obstante, y si bien el crecimiento de este cultivo creció en el último tiempo, el trigo mostró variantes más positivas. 

Ver también: Cultivos alternativos: la experiencia de una empresa de Las Rosas que prueba la carinata

Seguidamente, Rondanini  sostuvo que la calidad de la colza dejó de ser un problema y destacó que “hay un mejoramiento local”, al tiempo que apuntó que los ciclos largos no necesariamente rinden más que los cortos. Asimismo, manifestó que aún falta entender mejor la estabilidad y la interacción genotipo por ambiente de la colza, mientras que también requiere ver la incidencia del agua y atender la inversión. “Es un cultivo que se hace con baja inversión, entonces es lógico que rinda menos”, expresó. 

A su turno, la especialista uruguaya e integrante del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Marina Castro, contó la experiencia del vecino país en el cultivo de brassicas y relató: “La colza ha tenido un despegue impresionante. Pasamos de 60 mil a 160 mil y para este año los pronósticos hablan de 250 mil hectáreas. Va a ser 1/3 de los cultivos de invierno. Es un gran desafío. Desde el punto de vista logístico, de los cultivares, de los sistemas de cosecha”.

En el 2020 en Uruguay se sembraron 10.000 hectáreas de carinata, lo que significó el área más grande del mundo cultivada con esta plantación, aunque en los últimos dos años esta cifra cayó. Sin embargo, los rendimientos rondaron los 5.000 kilos por hectárea. 

Tras asegurar que la “implantación y el drenaje” son fundamentales para cultivar brassicas, la especialista relató que lo ideal son las fechas de siembras tempranas. A pesar de que estos cultivos son demandantes de fertilización, nitrógeno, fósforo y especialmente azufre, también se indicó que las enfermedades -como las del complejo Damping off- comenzaron a crecer en el área. Al respecto, Castro indicó que la carinata tiene menos problemas sanitarios que la colza.

Finalmente, el investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Fernando Giménez, desplegó las opciones en cebada cervecera y aseguró que solo tres variedades ocupan el 75% de la superficie. Asimismo, remarcó que es un mercado en el que se hace mucho contrato pero que solo cuenta con el 26,34% de la semilla fiscalizada. 

Entre las cebadas pastoriles, Giménez destacó su alta tasa de crecimiento inicial para pastoreos de invierno al indicar que “dan bastante pasto en corto tiempo”; y acotó que “la desventaja es que pierden calidad cuando pasan el período productivo”. 

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