La historia del pintor que se hizo agrónomo: qué lo atrapó del campo

Philip Davies es un artista que nació en Montevideo hace 64 años

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La historia del pintor que se hizo agrónomo: qué lo atrapó del campo
05deSeptiembrede2022a las15:26

“Che, ¿este tiene por hobbie la fotografía?”, preguntó un docente de agronomía haciendo referencia a Philip Davies, un alumno que siempre llevaba una máquina de fotos a las recorridas. A lo que su amigo respondió: “No, no. En realidad, el hobbie de él es la agronomía. Él se dedica a la pintura. Saca fotos para pintar”.

De pintor a agrónomo 

Una nota realizada por Manuela García Pintos del diario El País de Uruguay contó la historia Philip Davies, un hombre que nació en Montevideo hace 64 años y tiene de profesión pintor y de “hobbie” la agronomía. 

Según explica, fue la vida la que le hizo priorizar a la familia, lo llevó por el camino de la agronomía, estuvo un año en el exterior y, con algunos baches entre medio, siguió pintando. “Me fui con la idea de volver, y es de lo que me arrepiento. Tuve oportunidad de volver a irme, pero acá estoy; viviendo de la pintura y de la agronomía”, contó.

¿Por qué estudió agronomía? No fue por tradición familiar, sino por un compañero del colegio que lo invitaba los fines de semana a su campo ubicado en Cerro Largo. Quizás sin saber que las grandes extensiones de tierra le darían un extra.

“Viví siempre en Montevideo, pero por el tema de la agronomía siempre estuve bastante vinculado al campo; soy botánico y siempre tuve muchas salidas al campo a buscar plantas. Siempre me gustó el tema de los paisajes de campo, me gustan los caballos, los gauchos... pinto lo que me gusta ver a mí, el paisaje bastante pelado que tenemos a 150 kilómetros al norte”, contó.

Durante 17 años trabajó en la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República en la cátedra de botánica. Estuvo unos 14 años en INIA y, ahora, desde hace 13 años da clases de botánica y de inglés técnico-agronómico en la Universidad de la Empresa (UDE).

Con descendencia británica, de origen galés, conserva la tradición y hasta dice sentirse más europeo que uruguayo. Sin embargo, el campo le tira. Más bien los “paisajes pelados”, como le gusta llamarlos, las grandes extensiones y la poca gente.

“Me gustan las grandes extensiones. En Europa son unidades muy chicas, está sobre poblado. Acá llega un punto en el que no ves nada y no hay nadie. Eso es lo que me gusta”, relató a rurales el país.

El paisaje de campo lo pinta porque es lo que le gusta ver. Disfruta de mirar y pintar los “paisajes pelados”, los caballos y los “bichos” en general. Pero también le gusta experimentar con otras cosas, como las pinturas más modernas, aunque esa es la parte que no muestra al público.

Actualmente también está incursionando en técnicas más tradicionales como el grafito, el lápiz de color y la acuarela para llevar a su arte por el lado de la ilustración científica-botánica. También trabaja en el sketching urbano, que es el arte de dibujar croquis urbanos.

Ser artista

Reconoce que es difícil ser artista en Uruguay y, a veces, “lo agarra cansado". “Por suerte enfoque para este lado del campo”, valoró.

Hace unos cinco años vendía muchos cuadros para casamientos, como regalo de boda. Sin embargo, hubo un cambio en la cultura de la juventud uruguaya y ahora los jóvenes no quieren regalos: quieren plata para viajar o para pagar la fiesta. “Entonces se cortaron los regalos de casamiento. Ahora estoy más que nada con regalos de empresas o de veteranos que siguen regalando cuadros. Es un rubro en el cual tenes que estar reinventándote permanentemente. Por eso ahora estoy intentando largar talleres de sketching, de dibujo botánico con lápiz de color: dura un mes, cuatro sábados”, explicó.

Sus alumnos son, por lo general, adultos mayores, jubilados, de unos 60 años en promedio. También tiene un grupo reducido de chicos jóvenes, estudiantes de agronomía o veterinaria y algún arquitecto que lo conocen porque pasan cerca del taller o bien por los cuadros de campo.

“La gente viene acá como una terapia, por soledad. No saben qué hacer con su tiempo. No entiendo cómo hacen para que les sobre el tiempo. A mí me falta, cada día tengo más trabajo. Estoy jubilado de la profesión, pero no me da la vida. No entiendo cómo llega gente de mi edad, jubilada, y no sabe qué hacer. Por lo general es la gente de oficina, porque la gente vinculada al campo siempre tiene otra cosa, algún otro emprendimiento por el cual seguir trabajando”, señaló.

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