230 millones de litros: el INTA analizó la cantidad de agroquímicos que se usan en Argentina y repasó los efectos sobre la salud humana

Se determinó que la agricultura argentina no puede prescindir completamente de los fitosanitarios sin poner en riesgo el volumen y la calidad de la producción; los rindes podrían caer hasta 42% sin estos productos

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230 millones de litros: el INTA analizó la cantidad de agroquímicos que se usan en Argentina y repasó los efectos sobre la salud humana
25deOctubrede2022a las16:24

El INTA presentó un informe en donde analiza el rol de los productos fitosanitarios de síntesis química en las producciones agropecuarias.

Bajo este marco, el relevamiento resalta que es posible “incrementar la productividad y rentabilidad con un menor impacto ambiental, de la mano de una reducción gradual de insumos externos”.

De igual manera, el informe confirma que “la agricultura argentina no puede prescindir completamente de los productos fitosanitarios (también conocidos como agroquímicos) sin poner en riesgo el volumen y la calidad de la producción”.

Esta premisa es argumentada, además, por el informe “Farming without plant protection products” de European Parliamentary Research Service que asegura que si no se usaran estos productos, los rendimientos se reducirían entre un 19 y un 42 por ciento, dependiendo del cultivo. Por su parte, los ensayos de más de 100 años de Rothamsted Research del Reino Unido se refieren a los rendimientos obtenidos a partir del uso de agroquímicos.

En esta línea, Jorgelina Montoya –coordinadora del proyecto estructural gestión sostenible de fitosanitarios y especialista del INTA Anguil, La Pampa– se refirió al rol de los insumos de síntesis química para garantizar los rendimientos de los cultivos a fin de poder alimentar a un mundo cada vez más habitado. “Son vastos los antecedentes que demuestran que sin el uso de fitosanitarios las pérdidas en manos de las plagas serían significativas”, señaló.

“Sin embargo, es clave apuntar a una optimización en el uso de fitosanitarios: conocer los procesos que definen su comportamiento ambiental, como así también los factores y tecnologías de manejo de los cultivos y de las plagas, y, por ende, en el manejo de los fitosanitarios”, agregó Montoya.

Uso de agroquímicos en Argentina

El informe señala que la Argentina se caracteriza por tener un importante consumo anual de productos fitosanitarios, muchos de los cuales son de origen nacional por síntesis o formulación y muchos son importados. En los 36 millones de hectáreas cultivadas, se utilizan 230 millones de litros de herbicidas y 350 millones de litros de otros productos fitosanitarios.

Los envases necesarios para su comercialización generan unas 17.000 toneladas de polietileno cada año (Cavallin et al., 2017). Cuando se analizan las estadísticas del mercado argentino de PFs, se puede observar claramente una tendencia creciente en su uso, pasando de 151,3 millones de kilogramos o litros de productos comercializados en el año 2002, a 225 millones de kilogramos o litros en 2008, y cerca de 317 millones de kilogramos o litros en 2012 (CASAFE 2012).

Siendo éstas las últimas estadísticas referidas al mercado de fitosanitarios publicadas por la CASAFE, posteriormente se han publicado resúmenes. En el año 2016 hubo un aumento del volumen vendido del 13 % respecto del año anterior, debido principalmente al incremento de la superficie sembrada de trigo y maíz y a la problemática de malezas resistentes. Se destacan en importancia los herbicidas, y en segundo lugar los insecticidas con un volumen comercializado de 17,6 millones de litros (CASAFE, 2018).

Existen en el mercado argentino cerca de 5387 productos formulados registrados en el SENASA. Los herbicidas son el grupo mayoritario con 43 %, seguido por los insecticidas y fungicidas. El resto, léase acaricidas, nematicidas, molusquicidas, reguladores de crecimiento, etc., no superan el 14 %. 

Por su parte, Luis Carrancio –director del INTA Oliveros, Santa Fe–, dio un paso más y reconoció que “los agroquímicos son una herramienta necesaria, pero riesgosa” y puso especial atención en “la necesidad de manejarlos correctamente”.

Carolina Sasal –especialista del INTA Paraná, Entre Ríos– coincidió con Carrancio y subrayó que “los fitosanitarios son una herramienta, pero no la única” y, en esta línea, destacó la importancia de “considerar otras estrategias de manejo que son alternativas y complementarias como el uso de bioinsumos, rotaciones, controles mecánicos y manejo de fechas de siembra que permiten un menor uso de insumos químicos”.

A su vez, Eduardo Trumper –coordinador del programa de protección vegetal y especialista INTA Manfredi, Córdoba– aportó una mirada más amplia: “Prescindir o no de los fitosanitarios dependerá del encuadre de cada productor, dado que hay situaciones muy heterogéneas y concepciones diversas de la agricultura, todas válidas según lo que se priorice”.

Carrancio profundizó este concepto y reconoció que “el uso de insumos químicos es una práctica muy arraigada en los actuales sistemas productivos que resulta difícil cambiar, a pesar de que existen alternativas, como la agroecología”. De todos modos, reconoció que, “si bien, es una opción viable, su alcance es limitado”.

Un amplio abanico de posibilidades

Para hacer frente a las adversidades bióticas que afectan a la productividad y calidad de los cultivos, el productor tiene disponible un amplio abanico de estrategias de manejo capaces de ser complementarias entre sí.

En esta línea, Trumper aseguró: “Hay diversas estrategias productivas disponibles que deben ser consideradas antes de la siembra y permiten reducir el uso de insumos, tales como el uso de variedades resistentes a plagas. Además, es necesario fortalecer el monitoreo, el uso de criterios sólidos para la toma de decisiones y, cuando se justifica, aplicaciones eficientes y precisas”.

Con respecto a este último aspecto, el informe subraya la “necesidad de poner el foco en el uso eficiente y responsable de los fitosanitarios a fin de evitar las fugas del agroecosistema, entendidas como Buenas Prácticas Agropecuarias (BPAs)”. Es que, según se detalla, las malas prácticas generan “un impacto en el ambiente y en la salud, vinculadas con el aporte difuso de plaguicidas por deriva directa o indirecta, escurrimiento o erosión, o bien el lavado de equipos aplicadores sobre cursos de agua o la disposición final de los envases vacíos”.

Montoya, coincidió con la importancia de las BPA en los sistemas y en “la capacitación constante de todos los actores que forman parte de las producciones y, en especial, de los operarios, quienes tienen un rol trascendental en las aplicaciones”.

A su vez, recomendó a todos los productores asesorarse con profesionales en la agronomía, dado que “son los únicos que cuentan con el conocimiento y los recursos técnicos para el manejo del sistema productivo en general y del control de plagas y uso de fitosanitarios, en particular”.

En cuanto a las BPA, Carrancio subrayó que “es un concepto mucho más profundo que va más allá de las aplicaciones de agroquímicos y de la simple creencia de que se hacen las cosas bien”. Este sentido, destacó las otras herramientas que permiten hacer frente a las dificultades productivas tales como la rotación de cultivos y los cultivos de cobertura, entre otras alternativas complementarias que se difunden desde el INTA.

Sasal coincidió con esta mirada y agregó que “las BPA abarcan, también, a la elección de producto adecuado, en un momento climático específico lejos de las lluvias a fin de evitar escurrimientos y erosión”.

Incluso, Carrancio aseguró que “las BPA y la agroecología tienden a una mejora hacia la sustentabilidad de los sistemas productivos” y agregó: “Mientras que una plantea la mejora continua, la otra busca un completo rediseño de todo el sistema productivo. De allí que esta última genere más resistencia que las buenas prácticas”, concluyó.

En este sentido, Trumper no dudó en asegurar que “hay una tendencia global de ir hacia una producción agropecuaria en transición hacia un menor uso de insumos de síntesis química”. Y, en este punto, Sasal reconoció que “hay una tendencia global y una mirada social que nos impulsa a ir hacia sistemas productivos con un menor uso de insumos químicos” y agregó: “Debemos aprender a producir de manera rentable, pero sin impacto ambiental”.

Aportar conocimiento, la clave 

El informe realizado por los especialistas del INTA plantea un abordaje integral del uso de productos fitosanitarios y recupera el aporte del organismo en cuanto al desarrollo de estrategias, tecnologías y conocimiento que colaboran con el manejo de plagas y enfermedades de los cultivos.

Para Carrancio, resulta “muy importante” que, frente a la tensión que genera esta temática, el INTA aporte conocimiento y genere información para la toma de decisiones. “El uso de agroquímicos genera controversias”, reconoció el director del INTA Oliveros, al tiempo que aseguró que “es una problemática que requiere ser debatida para que el actual sistema productivo y la agroecología puedan convivir”.

Por su parte, Trumper destacó la iniciativa de redactar un documento que “navega la complejidad y las diversas aristas de la problemática, al tiempo que pone sobre la mesa todo el contenido técnico, el conocimiento, los antecedentes y toda la información disponible para la toma de decisiones” y agregó: “Era una asignatura pendiente de las instituciones públicas y del INTA, como actor protagónico en esta cuestión”.

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