Así vive el único habitante estable de un pequeño pueblo casi fantasma del campo: “No sé por qué me quedé tanto tiempo acá. Me sentí muy tranquilo”

Aníbal Zorn, el hombre que eligió quedarse en Mapis: la vida en un pueblo que resiste al olvido

Créditos imagen: @viajandoporlospueblos

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22deMayode2026a las13:07

Entre vías abandonadas, recuerdos del tren y una escuela rural que mantiene viva la comunidad, la historia de Aníbal Zorn retrata la resistencia silenciosa de Mapis, un pueblo rural del partido de Olavarría que se negó a desaparecer por completo. 

A sus 76 años, Aníbal es el habitante estable e histórico de Mapis. Histórico, porque fue testigo del movimiento del tren, del funcionamiento de la estación y de la vida social que giraba alrededor del ferrocarril. Y estable, porque permaneció en el lugar incluso cuando el pueblo comenzó a despoblarse y gran parte de sus habitantes abandonaron la zona. 

anibal zorn

Mapis: una vida marcada por el ferrocarril

Aníbal Zorn llegó por primera vez a Mapis el 5 de julio de 1966. Venía desde Arboledas —una localidad ubicada a unos 45 minutos—, donde las oportunidades laborales eran escasas y muchos jóvenes debían emigrar hacia otros parajes rurales en busca de trabajo.

Sus primeros recuerdos todavía permanecen intactos: la carnicería del pueblo, el histórico almacén de Ramos Generales frente a la estación y el incesante movimiento alrededor de las vías. Fue en ese entorno donde comenzó a conocer a los vecinos y a integrarse a la vida rural de la zona. Con el tiempo trabajó en agricultura, ganadería y distintas tareas vinculadas al campo. “He hecho de todo”, resumió entre risas.

estacion mapis

En aquellos años, el tren de pasajeros conectaba diariamente ambos pueblos y marcaba el ritmo de la rutina laboral. Los lunes viajaban hasta Mapis para trabajar y los sábados regresaban a Arboledas. “Así nos fuimos adaptando y ya me quedé”, contó Aníbal.

Mapis nació alrededor del ferrocarril. La estación —inaugurada junto con el avance del Ferrocarril Sud— era el centro económico y social de toda la región rural. Allí se cargaba hacienda, cereal y mercadería; también llegaban pasajeros. 

“Todos los lunes se cargaban entre 14 y 20 jaulas de hacienda para Liniers. Era matemático. Había muchísimo movimiento”, comentó Aníbal.

Según recordó Zorn, la actividad ferroviaria generaba trabajo constante alrededor de los galpones y sostenía gran parte de la economía local. Sin embargo, el cierre del servicio marcó el inicio del despoblamiento: muchas familias tuvieron que abandonar el lugar en busca de nuevas oportunidades.

mapis ferrocarril

La Estación Mapis

El origen de la Estación Mapis se remonta a 1912, junto con la llegada del primer tren a la zona. El nombre remite a José Mapis, donante de los terrenos donde fue emplazada la estación ferroviaria. Con el avance del Ferrocarril Sud, el paraje comenzó a crecer alrededor de las vías y allí también nació el histórico Almacén de Ramos Generales, que se convirtió en uno de los principales puntos de encuentro de la comunidad. 

“Había almacén, correo, tienda, despacho de combustible… de todo”, recordó Aníbal. Según contó, la estación funcionaba como el corazón social de la zona rural y la llegada del tren era el gran acontecimiento del pueblo.

parador de mapis

Los fines de semana, especialmente los sábados, muchas familias llegaban en sulky o en carro solamente para verlo pasar. Una hora antes de su arribo, los vecinos ya se reunían en el almacén para conversar y esperar atentos hasta escuchar la formación acercarse por las vías. 

Además del servicio de pasajeros, también funcionaban los trenes de carga que trasladaban cereal y abastecían al almacén. El movimiento comercial era tan intenso que toda la familia que administraba el negocio trabajaba al mismo tiempo para atender la demanda. “Uno atendía la tienda, otro despachaba combustible y otro estaba en la cantina”, recordó Anibal.

Las jornadas se completaban con partidos de bochas, juegos de truco y largas charlas que convertían a la estación en el principal punto de encuentro social de Mapis.

habitante de mapis

Créditos: Mauro V. Rizzi - LA NACION

“Aníbal es toda una institución en Mapis”

En un pueblo donde el paso del tiempo redujo la cantidad de habitantes, la Escuela Rural N° 35 “José Lamas” se transformó en uno de los espacios que mantienen viva la comunidad. Para Aníbal, su presencia es fundamental: “Si no estuviera la escuela acá, los chicos tendrían que ir a otros pueblos y el traslado es lejos y costoso”, explicó.

Desde hace algunos años, otras familias volvieron a instalarse cerca del paraje. Entre ellas está la de Sofía, una de las alumnas de la escuela, que vive junto a sus padres en una antigua vivienda que perteneció al cambista de la estación ferroviaria.

escuela de mapis

La relación entre Aníbal y los niños forma parte de la vida cotidiana del paraje. “Cuando salimos a andar a caballo con mis hermanas, muchas veces vamos hasta la casa de Aníbal para pedirle prestada una yegua”, recordó Sofía entre risas.

Ese vínculo también se replica con las docentes y con Claudia, la auxiliar de la escuela, que vive en un campo cercano y conoce a Aníbal desde hace más de 26 años. Según contó, él suele ayudarla con arreglos rurales que ya casi nadie sabe hacer, especialmente con el funcionamiento de una vieja bomba de agua. “Él sabe solucionar el problema del bombeador y de la suela de la bomba. Tiene cosas que ya no se consiguen”, explicó.

anibal zorn en mapis

La relación entre ambos también se sostiene en los pequeños rituales cotidianos. “Nos solemos sentar a compartir una tableta de chocolate”, admitió la docente.  Además, Claudia contó que Aníbal se acerca a su casa porque no tiene internet. Allí consulta si tiene algún turno médico, si ya viene el remis a buscarlo o cualquier información que necesite saber. 

En la escuela coinciden en una definición que se repite una y otra vez cuando hablan de él: “Aníbal es toda una institución en Mapis”.

Por su parte, desde la institución contaron que Aníbal siempre acompaña las fiestas escolares, especialmente las de fin de año, y que todas las familias del paraje le tienen un enorme cariño. También participa de las actividades de la capilla y siempre está presente en cada encuentro comunitario.

“Es toda una institución y una compañía para nosotros”, resumieron las docentes.

Incluso, entre risas, aseguraron que muchas veces sienten que Aníbal “custodia” el pueblo.

habitante de mapis

Sin energía eléctrica

Mapis no tiene energía eléctrica. Aníbal vive con un grupo electrógeno y todavía mantiene muchas costumbres y herramientas propias de otra época. Además de haber trabajado toda su vida en tareas rurales, también conserva conocimientos que hoy casi nadie en la zona tiene.

Las docentes de la escuela contaron que es quien se encarga de arreglar la antigua bomba de agua de la capilla del paraje, donde se realizan catequesis, misas y primeras comuniones.

Según explicó una de las maestras, la bomba funciona con un sistema antiguo y Zorn es el único que sabe repararlo. Incluso, muchas veces debe adaptar manualmente las piezas porque ya no se consiguen. “Él viene, la acomoda y deja todo funcionando”, relató la docente. Gracias a eso, cada vez que hay celebraciones o actividades comunitarias en la capilla, el lugar puede contar con agua.

escuela jose lamas mapis

“No sé por qué me quedé tanto tiempo acá. Me sentí muy tranquilo”

A sus 76 años, Aníbal transita una rutina en medio de un pueblo donde el tiempo parece haberse detenido. Sus días suelen ser tranquilos y, aunque reconoce que a veces se siente “un poco apocado”, encuentra compañía en los movimientos cotidianos de la escuela y en el paso de los chicos que llegan cada mañana. “Los veo pasar y eso ya es un entretenimiento”, contó.

Vive solo, pero aseguró que nunca pensó seriamente en irse. Cuando necesita salir, puede viajar a pueblos vecinos, aunque admitió que ya se acostumbró por completo a la vida en el campo. “Voy al pueblo unos días y me parece que me enfermo en la ciudad”, dijo entre risas.

Después de toda una vida en Mapis, todavía le cuesta explicar por qué eligió quedarse. Sin embargo, cada recuerdo parece acercarlo a una respuesta: el movimiento del tren, las reuniones en la estación, la tranquilidad del paisaje rural y el vínculo construido con la comunidad.

“No sé por qué me quedé tanto tiempo acá. Me sentí muy tranquilo”, reflexionó. Hoy, mientras las vías permanecen vacías y el pueblo conserva apenas una parte del movimiento de otras décadas, Aníbal sigue caminando las calles de Mapis como uno de sus grandes guardianes.

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