La herradora del agro, la historia de la mujer detrás de los mejores caballos de la Argentina y los mitos que todavía hacen sufrir a estos animales: "Mientras me descalificaban, yo seguí haciendo currículum"
A meses de cumplir 20 años en la profesión, Jenny McCulloch construyó una carrera entre haras, clubes hípicos y pistas de salto; u historia trasciende el desafío de abrirse camino en un oficio históricamente masculino: habla de bienestar animal, capacitación y del trabajo silencioso que sostiene la salud de los caballos desde sus patas
Mientras sostiene una de las patas de un percherón, Jenny McCulloch no pelea contra la fuerza del animal. Observa. Espera. Lee su postura, su equilibrio y cada pequeño movimiento antes de empezar a trabajar.
Después llegan las herramientas, el desvasado, la herradura y un trabajo que puede pasar inadvertido para el público, pero que resulta decisivo para la salud del caballo.
En la última Exposición Rural, varios de los percherones que pasaron por sus manos fueron reconocidos en la pista.
Grandes Campeones
RP 177 – Padrillo “Hectsar Don Pocho”
1.º Premio
Campeón Percherón
Gran Campeón Macho
Récord de precio en machos de la raza
RP 166 – Yegua “Hectsar Kiki”
1.º Premio
Campeona Percherón Postier
Gran Campeona Hembra
Campeones de Categoría
RP 189 – Padrillo “Hectsar Manchón”
1.º Premio
Campeón Percherón Postier
Mejor Cabeza
Reservada Gran Campeona
RP 176 – Yegua “Hectsar Jovita II”
2.º Premio
Reservada Gran Campeona Hembra
Otros premios
RP 162 – Yegua “Hectsar Candileja”
3.º Premio

Pero para Jenny, el verdadero reconocimiento está en otro lado.
"El caballo le da trabajo a muchísima gente durante toda su vida", dice. Y esa frase resume una manera de entender un oficio que lleva casi dos décadas ejerciendo.
Un oficio que empezó con una yegua alazana
Jenny no llegó al herraje por casualidad. Los caballos forman parte de su vida desde la infancia.
"Hice equitación desde los tres años y siempre tuve caballos. El primer curso que hice fue una aproximación al herraje de cuatro días. Trabajábamos con caballos de polo y me tocó una yegua alazana", cuenta. Aquella experiencia cambió el rumbo de su carrera. Uno de los instructores vio condiciones en ella y la invitó a trabajar como aprendiz.
"Yo quería hacer algo que me permitiera estar vinculada a los caballos. Era un trabajo al aire libre, viajando todo el tiempo y trabajando con animales. Me cerraba desde todo punto de vista."

Con el tiempo fue especializándose en caballos deportivos, especialmente de salto y adiestramiento, donde el herraje acompaña carreras que pueden extenderse durante muchos años y requiere intervenir en procesos de recuperación de lesiones y de corrección biomecánica.

