El dato que puede cambiar lo que pasa dentro de tu lote: lo estudió la empesa que produce 1,3 millones de toneladas de urea al año y es clave para producir más de forma sustentable

Mejorar la eficiencia en el uso del nitrógeno permite reducir pérdidas, disminuir la huella de carbono y, al mismo tiempo, potenciar el rendimiento

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19deAgostode2026a las16:35

La huella de carbono dejó de ser solamente un indicador ambiental para transformarse en una herramienta que puede ayudar a tomar mejores decisiones dentro del lote. Para Mirta Toribio, Jefa de Investigación y Desarrollo de Profertil, conocer el punto de partida permite identificar dónde están las oportunidades para mejorar el manejo y, fundamentalmente, aumentar la eficiencia del uso del nitrógeno.

“Estar en la huella de carbono base es conocer un poco en dónde estamos parados para después ver la posibilidad de mejorar ese manejo”, explicó.

El objetivo, según detalló, es disminuir las pérdidas de nitrógeno, aumentar el potencial del cultivo y reducir las brechas de rendimiento. En ese sentido, la discusión sobre emisiones y productividad no son caminos separados.

“Cuando hablamos de disminuir las emisiones, estamos hablando de ser más eficientes, estamos hablando de mejorar la eficiencia de uso del nitrógeno”, señaló Toribio.

El nitrógeno que se pierde no llega al cultivo

La lógica es directa: el nitrógeno que se pierde durante el ciclo es nitrógeno que no termina siendo aprovechado por la planta.

Por eso, mejorar la eficiencia implica trabajar sobre las fuentes, el momento, la dosis y la forma de aplicación. Allí aparecen las denominadas 4R de la nutrición, junto con el uso de fertilizantes de eficiencia mejorada.

Toribio explicó que Profertil cuenta comercialmente con N Total Plus, una urea con inhibidor de ureasa que busca reducir las pérdidas por volatilización.

Este proceso puede producirse, por ejemplo, cuando la urea se aplica sobre la superficie y se combinan condiciones de alta temperatura y humedad sin precipitaciones cercanas.

“Ese nitrógeno que se volatiliza no llega al cultivo. Ahí tenés una pérdida”, explicó.

Además del impacto productivo, esa pérdida genera emisiones indirectas de N₂O. Por eso, reducir la volatilización permite avanzar en dos frentes al mismo tiempo: mejorar la eficiencia del fertilizante y disminuir la huella ambiental de la producción.

Menos emisiones, pero también más toneladas

Para Toribio, el productor puede ver el resultado de estas decisiones de manera concreta.

“Si vos me decís dónde lo ve inmediatamente el productor, es en el rendimiento”, aseguró.

La ecuación es simple: si se logra reducir la pérdida de nitrógeno, una mayor proporción de ese nutriente llega efectivamente al cultivo. Y si el manejo es correcto, ese proceso puede traducirse en mayor producción.

“El productor agropecuario lo ve en rendimiento, lo ve cuando va con la cosechadora y ve las toneladas que puede cosechar”, destacó.

En paralelo, la empresa también trabaja de manera experimental con otros principios activos y tecnologías, como los inhibidores de la nitrificación y sistemas de doble inhibición, para reducir pérdidas en diferentes etapas de la transformación de la urea en el suelo.

Medir la huella para saber dónde mejorar

Otro de los puntos centrales es la necesidad de medir.

Realizar un análisis del ciclo de vida del producto y establecer una huella de carbono base permite detectar cuáles son los principales puntos sobre los que se puede trabajar.

“¿Cuáles son mis puntos de dolor? ¿Cuáles son los puntos donde tengo que trabajar para ser más eficiente, para disminuir las emisiones y también mejorar la eficiencia de nitrógeno?”, planteó Toribio.

Esa información permite orientar las decisiones de manejo y buscar alternativas para acortar las brechas de rendimiento.

Entre las prácticas mencionadas aparecen un mejor manejo de los rastrojos, las rotaciones de cultivos y una correcta utilización de los fertilizantes.

Agua y nitrógeno: una combinación clave para el rendimiento

La disponibilidad de agua también ocupa un lugar central en esta estrategia.

Toribio remarcó que el agua y el nitrógeno van de la mano: cuando las condiciones permiten expresar un mayor potencial productivo, la nutrición se vuelve una herramienta clave para aprovechar esa oportunidad.

En ese escenario, contar con una adecuada disponibilidad de agua y realizar un manejo eficiente del nitrógeno puede contribuir a elevar los rendimientos y reducir las brechas entre el potencial del cultivo y lo que finalmente se produce.

Un paso más en la medición de la huella

Durante su presentación, Toribio también destacó la verificación de la huella de producción de la urea, un proceso realizado con participación de terceros.

Según explicó, este avance permite contar con información validada sobre la huella asociada a la producción del fertilizante y posicionar a la planta dentro de los grupos de instalaciones más eficientes a nivel mundial en este indicador.

Para el productor, esa información también puede incorporarse a las mediciones de huella de carbono de sus propios cultivos.

En producciones como trigo, maíz o cebada, el fertilizante nitrogenado representa un componente relevante dentro de la huella total. Por eso, conocer la huella del insumo y mejorar la eficiencia de su utilización puede tener un impacto sobre el resultado final.

La conclusión, según planteó Toribio, es que productividad y sustentabilidad pueden ir de la mano. Reducir las pérdidas de nitrógeno no significa solamente bajar emisiones: también significa aprovechar mejor cada unidad aplicada y aumentar las posibilidades de que ese nutriente termine donde realmente importa, en el cultivo.

Porque el nitrógeno que no se pierde puede terminar transformándose en rendimiento.

Los números detrás de la eficiencia del nitrógeno

La discusión sobre eficiencia no queda solamente en el concepto. La red de ensayos de Profertil viene midiendo las emisiones asociadas al uso de fertilizantes nitrogenados en distintas regiones productivas del país, con evaluaciones realizadas en localidades como Balcarce, Oliveros, Paraná, Corrientes y Salta. El objetivo es generar factores de emisión locales que permitan estimar con mayor precisión el impacto ambiental de la fertilización en los sistemas agrícolas argentinos.

Los resultados obtenidos muestran que la elección de la fuente de nitrógeno puede modificar tanto las pérdidas como las emisiones. En trabajos de la red, el uso de eNeTOTAL PLUS permitió reducir en un 70% la pérdida de nitrógeno por volatilización de amoníaco. Además, en el 75% de los ensayos se registraron incrementos de rendimiento de entre 300 y 800 kg/ha respecto de la misma dosis aplicada como urea.

El impacto también se observó al calcular la huella de carbono. De acuerdo con los ensayos, el uso de factores de emisión locales —denominados Tier 2— arrojó valores de huella por hectárea entre 50% y 56% menores que los obtenidos utilizando los factores genéricos Tier 1 del IPCC, para urea y eNeTOTAL PLUS, respectivamente.

En los sitios evaluados, además, el empleo de eNeTOTAL PLUS permitió reducir las emisiones respecto de la urea. La disminución promedio fue del 14% en Balcarce y del 20% en Oliveros, según los resultados publicados por la compañía.

Estos datos permiten poner en números una de las ideas centrales planteadas por Toribio: mejorar la eficiencia del nitrógeno puede tener un doble impacto, productivo y ambiental. Una menor pérdida significa que una mayor proporción del nutriente aplicado permanece disponible para el cultivo y, al mismo tiempo, se reducen emisiones asociadas a esas pérdidas.

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