Qué hacer para que la soja supere los 6000 kilos por hectárea

Ambiente, genética, manejo y tecnología como pilares claves para reducir las brechas de rendimiento y capturar el potencial de cada ambiente

08deSeptiembrede2026a las10:35

Una nueva campaña de soja está próxima a iniciarse bajo un escenario que presenta condiciones de partida favorables: una muy buena reserva hídrica en los perfiles, la recuperación de numerosos ambientes con influencia de napa y un pronóstico climático asociado a condiciones “Niño”, con mayor probabilidad de precipitaciones por encima de la media durante los meses estivales.

Más allá de las particularidades de cada campaña, en los últimos años la superficie destinada al cultivo no mostró grandes variaciones y la producción se mantuvo relativamente estabilizada en torno de los 47 millones de toneladas. En este contexto la nueva frontera productiva está dentro del lote, y para avanzar sobre ella es necesario integrar cuatro pilares claves: ambiente, genética, manejo y tecnología. La oportunidad no está solamente en elevar los techos de rendimiento, sino también en levantar los pisos productivos y reducir la variabilidad.

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Brechas productivas: cuánto potencial queda por capturar

Para dimensionar las posibilidades de aumentar la productividad, resulta fundamental analizar la brecha productiva, entendida como la diferencia entre los rendimientos efectivamente alcanzados por los productores y aquellos que pueden explorarse bajo mejores combinaciones de ambiente y manejo. Los resultados muestran una brecha del orden del 34% a nivel nacional, lo que evidencia un margen relevante para seguir incrementando la producción.

El ambiente explica buena parte del resultado

La brecha productiva es explicada principalmente por el componente sitio, que representa aproximadamente el 46% de la variabilidad, mientras que la campaña explica cerca del 26% y la elección de la genética junto con las prácticas agronómicas otro 26%.

Dentro del efecto “sitio” se incluyen variables como el agua útil, la presencia y profundidad de la napa, la compactación, el cultivo antecesor y la fertilidad física y química del suelo.

El efecto “campaña” comprende fundamentalmente las precipitaciones, las temperaturas y la radiación.

En las decisiones de manejo intervienen la elección de la variedad y del grupo de madurez, la fecha y densidad de siembra, el distanciamiento entre hileras, la fertilización y la protección del cultivo. La combinación de estas variables define cuánto del potencial de cada ambiente finalmente puede capturarse.