La apuesta de un gigante: el campo de 70 hectáreas que se volvió modelo de una producción de gran potencial en la Patagonia

Con una chacra en Río Negro y un programa de mejoramiento genético que puede demandar hasta una década, Cervecería y Maltería Quilmes fortalece su estrategia agroindustrial para garantizar el abastecimiento de uno de los ingredientes clave de la cerveza

08deSeptiembrede2026a las11:03

Mientras la cebada concentra gran parte de la cadena productiva cervecera en la provincia de Buenos Aires, el lúpulo, responsable del amargor, aroma y personalidad de la cerveza, tiene su epicentro en la Patagonia. Allí, en General Fernández Oro, provincia de Río Negro, Cervecería y Maltería Quilmes desarrolla una operación estratégica que combina producción, investigación y mejoramiento genético.

La compañía administra una chacra de 68 hectáreas dedicada al cultivo de variedades como Victoria, Nahuel, Mapuche y Gaucho, fundamentales para su portafolio de cervezas. El establecimiento es liderado por Gastón Catalini, gerente de Producción de Lúpulo e ingeniero químico, quien coordina una operación orientada a mejorar rendimientos y desarrollar nuevas variedades adaptadas a las necesidades de la industria.

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Un esquema productivo que integra a productores patagónicos

La producción propia es solo una parte de la estrategia. Quilmes trabaja además junto a productores de El Bolsón, quienes aportan alrededor del 60% del volumen total de lúpulo utilizado por la compañía.

Actualmente, los rendimientos oscilan entre los 1.800 y 3.500 kilos alfa por hectárea, dependiendo de la variedad y las condiciones productivas. Con este esquema combinado, la empresa proyecta alcanzar una producción total de 125 toneladas de lúpulo para 2026.