A ciegas: en Argentina 4 de cada 5 lotes no hace análisis de suelo y esto es lo que se pierde por no medir

Destacan que cuatro de cada cinco lotes inician la campaña sin conocer la disponibilidad de nutrientes del suelo, y que ese diagnóstico inicial es el que define la eficiencia de toda la estrategia de fertilización posterior

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09deSeptiembrede2026a las13:23

Junto con la disponibilidad de agua, la nutrición es una de las principales herramientas para achicar la brecha entre el rendimiento potencial de un lote y el que finalmente se cosecha. Pero a diferencia del clima, se trata de una variable que el productor puede manejar. La condición es conocerla.

Según explican desde Amauta, empresa especializada en nutrición vegetal, buena parte de las decisiones de fertilización en Argentina siguen tomándose sin ese conocimiento. La compañía estima, a partir de su trabajo a campo, que cuatro de cada cinco lotes arrancan la campaña sin medir qué nutrientes tiene el suelo.

"Junto con el agua, la nutrición es una de las principales herramientas para achicar brechas de rendimiento, pero hay un límite que ninguna tecnología resuelve: no podemos manejar lo que no conocemos. Sin información del lote, una estrategia de fertilización no es una estrategia, es un supuesto", explicó Juan Ignacio Cañas, Ingeniero Agrónomo y Asesor de Desarrollo de Mercado y Producto de Amauta.

El análisis de suelo, señalan desde la empresa, responde tres preguntas que ningún promedio zonal puede contestar: qué tiene ese lote, qué le falta y dónde están las oportunidades concretas para producir más y mejor.

No todos los indicadores se comportan igual

Una de las dudas más frecuentes entre quienes empiezan a sistematizar los análisis es cada cuánto conviene medir. La respuesta, explican desde la empresa, depende del indicador.

Hay parámetros que se mueven poco de un año al otro. La materia orgánica, el pH, el fósforo Bray o el zinc responden a procesos lentos y funcionan como una radiografía de base del ambiente: no requieren repetición cada campaña para sostener buenas decisiones. Otros presentan una variación mucho más marcada. Los nitratos y los sulfatos cambian de manera significativa según la historia reciente de cada ambiente, el cultivo antecesor y las condiciones climáticas previas. Un año con excesos hídricos y un año seco pueden dejar el mismo lote en situaciones nutricionales muy distintas.

"Los resultados cambian según la historia de cada ambiente y las condiciones climáticas anteriores. Por eso no alcanza con asumir: hay que medir, y hay que saber qué medir en cada momento", sostuvo Cañas.

En la región pampeana, los nutrientes que con mayor frecuencia limitan la producción son nitrógeno, fósforo, azufre, zinc, boro y potasio. Identificar cuál de todos ellos es el factor limitante en cada lote —y no en la zona ni en el promedio del campo— es lo que diferencia una fertilización de rutina de una estrategia nutricional.

El qué, el cuánto, el dónde y el cuándo

Con el diagnóstico en mano, el trabajo recién comienza. En nutrición no importa solamente qué se aplica, sino cuánto, dónde y cuándo: es la lógica de las 4R, que ordena el enfoque técnico de la compañía en torno al nutriente correcto, en la dosis correcta, en el lugar correcto y en el momento correcto.

Ese ajuste es el que convierte un producto en una respuesta. Un mismo fertilizante puede rendir de manera muy distinta según el momento fenológico en que se aplica o la profundidad a la que se ubica, y es también el punto donde el acompañamiento técnico deja de ser un servicio agregado para integrarse a la decisión agronómica.

Desde Amauta insisten en un cambio de mirada sobre el análisis de suelo: representa una porción mínima del costo total de la campaña y, sin embargo, define cómo se asigna el resto.

"Un análisis de suelo es una inversión mínima dentro del costo total de la campaña y puede marcar la diferencia entre aplicar por costumbre o decidir con información. Es hora de dejar de aplicar fertilizantes y empezar a nutrir el cultivo: son dos cosas distintas", afirmó Cañas.

La compañía advierte, además, que el dato por sí solo no modifica ningún resultado. Un análisis archivado no cambia un rendimiento; lo que lo cambia es la traducción de esos números en decisiones concretas de manejo.

"Si el productor necesita una mano para dar el primer paso y entender qué le dice su lote, nuestro trabajo es ayudarlo a transformar esos datos en mejores decisiones. La campaña se define en muchos momentos, pero hay uno que ocurre antes que todos los demás: cuando decidimos si vamos a trabajar con información o sin ella", concluyó.

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