La técnica para "no perder plata nunca" con el maíz, un cultivo que triplicó su presencia en Argentina
La brecha entre el rinde promedio y el potencial del maíz llega al 19%; desde Nidera destacan que ajustar la densidad según el ambiente puede sumar hasta US$ 85 por hectárea
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En los últimos 25 años, la superficie sembrada con maíz en Argentina se triplicó, mientras que el rendimiento promedio nacional creció alrededor de un 35% y los techos productivos avanzaron un 43%. En ese proceso, los techos de rendimiento pasaron a convertirse en pisos y el desafío está ahora en reducir la brecha entre el potencial y lo que efectivamente se logra en cada lote.
En el marco del Congreso Internacional de Maíz (CIM), Nidera Semillas puso el foco en tres factores que considera determinantes para avanzar en ese objetivo: el desarrollo de híbridos adaptados a diferentes ambientes y fechas de siembra, las decisiones de manejo y el uso de herramientas digitales para ajustar las recomendaciones a cada lote.
Desde Nidera analizaron estudios acumulados por la compañía desde 2020 que muestran el impacto económico de ajustar la densidad de siembre según el ambiente: "Nunca perdés plata cuando hacés siembra variable", es una frase destacada.
Maíz: una genética adaptada a nuevas fechas y ambientes
El crecimiento del cultivo en Argentina estuvo acompañado por un cambio en el esquema productivo. Mientras que en 2000 predominaban las siembras tempranas y concentradas en las zonas de mayor potencial, actualmente el maíz se extiende desde el sur de Buenos Aires hasta el norte de Salta, con fechas tempranas y tardías que se reparten casi en partes iguales.

En ese escenario, el desarrollo genético pasó a requerir una mayor adaptación. Leandro Ulrich, gerente de Desarrollo de Nidera Semillas y participante del panel "Genética, el aporte de la industria", sintetizó el enfoque de la compañía: "La genética tiene sentido cuando resuelve necesidades concretas del campo o del productor".
La búsqueda de estabilidad en ambientes de distinta productividad y la adaptación a diferentes fechas de siembra se convirtieron así en objetivos centrales. "Eso significa que hoy un híbrido se puede sembrar en Entre Ríos el 15 de septiembre, o Chaco, Salta o Córdoba el 20 de diciembre, y mantiene su performance", explicó Ulrich.
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Superaron los 9.000 kg/ha de maíz en secano gracias a una práctica que sacó el potencial de los híbridosEn las siembras tardías, además, el período crítico de definición del rendimiento y el llenado de granos ocurren en condiciones diferentes respecto de las fechas tempranas. Por eso, la fortaleza de caña y el comportamiento sanitario adquieren un peso adicional.
El desarrollo de un híbrido demanda al menos siete años de investigación. Para anticiparse a las necesidades del productor, Nidera destinó el 60% de su red de ensayos a fechas tardías y sumó un nuevo centro en Villa del Totoral, en el norte de Córdoba, a los que ya tenía en Santa Isabel y Camet.
El proceso de selección parte de miles de materiales y se reduce campaña tras campaña hasta llegar a los híbridos que finalmente se lanzan al mercado. De acuerdo con Ulrich, la ganancia genética del maíz se ubica actualmente entre 80 y 100 kilos por hectárea por año.
En Nidera, los lanzamientos de la última década alcanzaron una ganancia cercana al 1% anual tanto en fechas tempranas como tardías y en las distintas regiones productivas. "No solo mantuvimos el rendimiento en temprana, sino que incrementamos nuestra fortaleza y hemos mejorado mucho en la fecha de siembra tardía", sostuvo.

Uno de los últimos lanzamientos de la compañía es el NS 7927 VIPTERA 3, un híbrido que apunta a mantener rendimiento en ambas fechas de siembra, con buen comportamiento frente al complejo del achaparramiento y adaptación a las diferentes regiones maiceras.
Densidad variable: hasta US$ 85 más por hectárea
La genética, sin embargo, necesita estar acompañada por decisiones de manejo que permitan expresar ese potencial. Para Sheila Casanave, extensionista de Nidera Semillas en el Litoral y participante del panel "Buscando la rentabilidad a través de las fechas de siembra y densidades", el manejo debe adaptarse a las condiciones particulares de cada campaña y lote.
"Cada campaña plantea un escenario diferente: cambia el ambiente, los recursos disponibles y las condiciones de producción. En ese contexto, elegir la estrategia adecuada es clave para convertir el potencial genético en rendimiento. En Nidera trabajamos junto al productor para que ese potencial se exprese en cada lote, y sabemos que el potencial de la genética se expresa plenamente cuando está acompañado por un manejo adecuado", explicó.

Aunque la floración continúa siendo el período crítico del cultivo, las decisiones comienzan antes de la implantación. “El trabajo comienza con la caracterización de los ambientes, la selección del híbrido y el manejo más adecuado para cada lote. Ese trabajo continúa durante toda la campaña mediante el monitoreo y la evaluación del cultivo, lo que permite ajustar las decisiones y aprovechar mejor los recursos disponibles”, aseguró Casanave.
En ese proceso, Nidera utiliza las plataformas Experiencia Nidera y Asista, que combinan información de suelo, clima y ubicación de los lotes con los resultados de los ensayos propios para generar recomendaciones sobre fecha de siembra, densidad y dosis de nitrógeno para cada híbrido.
Los datos acumulados por la compañía desde 2020 muestran el impacto económico de ajustar la densidad según el ambiente. La siembra variable permitió obtener un rendimiento 4,5% superior al de una densidad fija y generó US$ 52 adicionales por hectárea, considerando el costo de la semilla.

La diferencia se amplía en los ambientes de mayor productividad: allí alcanzó más de 8,6 quintales y US$ 85 por hectárea. En los ambientes de baja productividad, la mejora fue de 2 quintales y US$ 11 por hectárea. "Nunca perdés plata cuando hacés siembra variable", señaló Casanave.
A las herramientas digitales se suma el acompañamiento técnico de la compañía, que cuenta con más de 250 técnicos que realizan monitoreos presenciales en distintas regiones del país, estimaciones de rendimiento y análisis al cierre de cada campaña.

Según Casanave, la integración entre genética, manejo y datos permite trabajar sobre una de las principales oportunidades productivas del cultivo: reducir la brecha entre el rendimiento máximo alcanzable y el promedio obtenido en los lotes, que actualmente llega al 19%.
Además, tres de cada cuatro clientes de Nidera reciben asesoramiento en ambientación, selección de híbridos y fechas de siembra. "El camino hacia los mayores rendimientos de maíz pasa más por integrar las genéticas de alto potencial con manejo preciso y decisiones que principalmente están basadas en datos", resumió.
GEN Nidera: formación técnica para productores
En el Congreso Internacional de Maíz, Nidera Semillas también anticipó el lanzamiento de GEN Nidera, una propuesta de formación técnica orientada a acercar conocimiento, experiencia y nuevas miradas a productores de distintas generaciones.
El maíz será el punto de partida de una iniciativa que combinará capacitaciones con referentes del sector, trabajo a campo e intercambio entre productores y asesores. El objetivo será llevar ese conocimiento a decisiones concretas dentro del lote y construir una comunidad que continúe más allá de cada campaña.
