Ante una muy crítica situación sanitaria

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04deSeptiembrede2000a las08:34

Del mismo modo que la ciudadanía observa indignada los sucesos queconvulsionan al Senado y al gobierno, en el sector agropecuario se siguen conparticular preocupación y no poco enfado los trastornos surgidos a partir delhallazgo de serología positiva al virus aftósico.

Y no es para menos. Hay información contradictoria, versiones contrapuestas,afirmaciones que muchos hacen como si fueran verdades reveladas. Esto genera,inevitablemente, confusión. El problema de la aftosa no es sólo una cuestióndel Estado argentino, es un problema regional.

No pueden haber países con status de libres de aftosa sin vacunaciónrodeados por otros que tienen la enfermedad. Es un disparate que, finalmente, sepaga con moneda dura.

La Argentina dejó de vacunar el año pasado y en mayo último la OIE nosubicó en el máximo escalón del ranking sanitario. Hubo brindis en París ymuchos creyeron que ya no existían más dificultades, que la lucha habíaterminado.

Hoy, sin embargo, enfrentamos una severa crisis sanitaria consecuencia de unaactitud indolente en los controles fronterizos, escasa voluntad de terminar conel cuatrerismo y recortes presupuestarios que afectaron el funcionamientotécnico del Senasa.

Frente a este dislate institucional, los países compradores nos miran conrecelo, mientras que las naciones del cono sur —caso Uruguay— exigenexplicaciones acerca de la evolución de los controles nacionales.

Muchos dirigentes del agro reclaman la reposición de las fundaciones que,dicen, ayudaron sobradamente a erradicar la enfermedad en el país. Estas fuerondesactivadas en una decisión, cuando menos, infortunada.

Ahora llegó el momento de, con serenidad y sin apasionamientos desmedidos,ver qué se hizo mal y por qué se actuó de esta forma.

Saber si hay responsables políticos y técnicos y si éstos deberáncontinuar al frente de la próxima etapa.

Pero también es preciso que la Justicia determine quiénes fueron losdelincuentes que ingresaron mercadería de contrabando y que el Estado asuma unaposición de extrema dureza en contra del abigeato. De lo contrario, esta amargaexperiencia no habrá servido de nada.

La pasada semana, por otra parte, un grupo de cuatro senadores, entre loscuales estaba el titular de la Comisión de Agricultura, Horacio Masaccessi,visitó el INTA Castelar.

Los legisladores concurrieron con el propósito de interiorizarse delfuncionamiento de ese organismo, cuyo presupuesto también fue podado.

Pues bien, el nivel de conocimiento de qué es y para qué sirve el INTAexhibido en la oportunidad por esos senadores, fue paupérrimo.

Esperemos que con los datos que les fueron suministrados por las autoridadesdel INTA, puedan conocer mejor la inmejorable tarea que realiza y así defendercon mayor idoneidad los recursos que necesita para desarrollar su actividad deextensión e investigación.

Una digresión final. Poco y nada ha hecho el Congreso —salvo laconvocatoria realizada por la Comisión de Agricultura y Ganadería de laCámara de Diputados— respecto de la crisis sanitaria.

No se conocen pedidos de informes ni propuestas que colaboren en la búsquedade una solución que necesariamente debe ser compartida por todos los poderesdel Estado. (NA)

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