Requieren debatir una política para el agro

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30deOctubrede2000a las08:43

Durante la semana pasada —luego del paro— no hubo ningún contacto entrela dirigencia agropecuaria y autoridades del gobierno. Nadie de la Secretaríade Agricultura manifestó alguna voluntad por retormar al diálogo.

Los dirigentes, por su parte, ya ni siquiera desean hablar con el ministro deEconomía, José Luis Machinea, sino que aspiran a tener un encuentro con elpresidente Fernando de la Rúa. Mientras tanto, la situación del campocontinúa siendo preocupante, las soluciones se demoran y las autoridades nodefinen un curso de acción para atender las demandas del sector.

Dirigentes del agro manifestaron su desaliento por que los anunciosformulados por Machinea no han de tener un efecto sustancial en esa actividad.Llama la atención la virtual "desaparición" de la Secretaría deAgricultura como interlocutor de la gente de campo.

Este debería ser el ámbito natural en donde habría que discutir laspolíticas sectoriales. Resulta inquietante que ocurra algo así en momentos enque el campo pide definiciones respecto de cual será su futuro.

La Argentina, en tanto, sigue sin discutir una política agropecuariaentendida ésta, no como la aplicación de medidas inconexas, sino como laconcreción de un proyecto que contemple todas las variables que tienen que vercon el complejo agroindustrial.

Los países centrales aplican subsidios y prestan debida atención a losreclamos de sus productores. No temen, en algunos casos, fijar preciosindicativos ni recurrir a otras medidas de parecida naturaleza.

Después concurren a los foros internacionales a pedir que se respete ellibre comercio, sin intolerables interferencias. Esa política, entonces, debecontemplar esta realidad acerca de la cual los productores locales saben muybien de qué se trata. Toda medida proteccionista de parte de paísescomunitarios, Estados Unidos, Japón o cualquier otro afecta a la producciónargentina porque no nos permite acceder a los mercados de consumo en igualdad decondiciones. Pero este es una parte del problema.

Están las cuestiones internas, las que debe resolver el gobierno con medidasaudaces e imaginativas. Una política para el campo debe ser asumida por elEstado y no por un partido político que circunstancialmente esté en elgobierno.

Para ello, el Congreso tiene que asumir un rol más protagónico, menosindolente. Hubo productores que manifestaron que durante la protesta el gruesode los legisladores brilló por su ausencia. Este es un signo del desinterésque se advierte en el Parlamento por la cosa agropecuaria, más allá de lagestión de algunos de ellos.

La dirigencia, por su parte, debe asumir también su responsabilidad en estacrisis y admitir si existe una verdadera voluntad de cambio o si hay quienespretenden perpetuar el statu quo.

Definitivamente, la Argentina debe asumir su característica de país con unamuy fuerte presencia agropecuaria e industrial y a partir de esta aceptacióndelinear una política integral para dicho complejo.

No puede quedar el campo atrapado en la lógica del mercado y que sea ésteel que asigne los recursos, porque hay actividades que necesitan de subsidiospara, en algunos casos, recomponer su estructura productiva. Los padecimientosde los citricultores entrerrianos o de los arroceros, por citar algunosejemplos, eximen de mayores comentarios.

Si aquí se usa la palabra "subsidio" los economistas de laortodoxia ponen el grito en el cielo, pero no se incomodan con los subsidios queel Estado paga al ferrocarril o a los concesionarios de peajes, por ejemplo.

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