Los productores ovinos sienten que tienen otra oportunidad
Las exportaciones de cordero se duplicaron en 2002, hasta los US$ 500 millones
Una de cada diez ovejas en Santa Cruz le pertenece
Antes de la Segunda Guerra Mundial había 7,5 millones de cabezas
Ahora, 4 millones
HILL STATION LOS POZOS, Santa Cruz.- La Patagonia fue domada apenas hace medio siglo por osadas familias de pioneros que fundaron vastas estancias ovinas para abastecer a voraces mercados en Europa y EE. UU. con carne de cordero y lana. Actualmente, tras un decenio de crisis que estuvo cerca de acabar con ambas industrias aquí, productores de la Patagonia están reclamando su derecho de nacimiento.
A lo largo de los últimos 18 meses, los precios de lana, que habían estado aproximadamente en 3 dólares por kilo en los 90, han repuntando hasta cimas históricas de casi 9 dólares. Las exportaciones de cordero argentino casi se duplicaron en 2002, hasta ser de casi 500 millones de dólares, y en el primer trimestre de este año se duplicaron en comparación con el mismo período del año pasado.
El resurgimiento quizá sea más perceptible aquí en Santa Cruz, enorme provincia escasamente poblada que se localiza en el extremo meridional de América del Sur, de la cual es originario el actual presidente, Néstor Kirchner. Con dos veces las dimensiones del Estado de Nueva York, pero con menos de 200.000 habitantes, es un lugar donde incluso después de la contracción de la década pasada las ovejas siguen superando en número a las personas con un ratio de más de 10 a 1.
"Aquí se registró una recuperación notable el año pasado, y el momento no podría haber sido mejor para nosotros", destacó Enrique Rosell, el presidente del Consejo Agrario de Santa Cruz. "El mercado realmente ha mejorado, y los productores que se habían rendido se están animando y comienzan a participar de nuevo."
Con frecuencia cada vez mayor, a los productores se les están uniendo inversionistas extranjeros. Empresas, como la fabricante de ropa italiana Benetton, han adquirido ranchos con problemas financieros o declarados en bancarrota y han introducido tecnologías, aunada a una delegación de rabinos que en fecha reciente visitó Río Gallegos, para ver las probabilidades de abrir un matadero kósher que suministraría cordero a Israel.
Buena parte del estímulo se puede atribuir a la drástica devaluación del peso argentino a principios del año pasado. De enero a abril, el peso perdió más del 70% de su valor contra el dólar, lo cual significó que las estancias ovinas que exportaban su producción registraron un aumento de casi cuatro veces en sus ingresos, en términos del peso.
Lo anterior contrasta con el decenio previo, cuando la paridad del peso estaba ligada al dólar con una tasa de uno a uno. A medida que el valor del dólar fue aumentando en contra de otras divisas, lo mismo ocurrió con el del peso argentino, subiendo a tal grado los costos de producción a lo largo de la Patagonia que los rancheros estuvieron operando con pérdidas.
"Los precios de la lana ya estaban en descenso, y la industria nacional de textiles también estaba perdiendo mercados debido a los elevados costos y las importaciones baratas", resumió Javier Urquiza, veterinario y productor ovino de tercera generación, quien hace poco reanudó la producción sobre su propiedad de 25.091 hectáreas. "Eso creó una peligrosa combinación."
Menos animales
En la cúspide de la producción, justo antes de la II Guerra Mundial, Santa Cruz tenía más de 1.500 ranchos y 7,5 millones de ovejas. Con los años, esas cifras declinaron gradualmente, pero en los 90 cayeron drásticamente, de más de cuatro millones de cabezas sobre 1200 campos a menos de dos millones de ovejas, en menos de 600 estancias.
Con el fin de atemperar los tiempos difíciles, Eduardo Halliday y su esposa Sylvia, propietarios de Hill Station Los Pozos, recurrieron al turismo
