Pérdidas asociadas al manejo del suelo
Secuelas de un clima adverso: la sequía se extiende en lo que antes se identificaba como la región semiárida.
Lotes en siembra directa y con rotación de cultivos mantuvieron su estructura y su balance positivo de materia orgánica.
El sobrepastoreo provocó gran compactación.
"No impacta igual una seca a un suelo bien manejado, en siembra directa, con buen contenido de materia orgánica y buena condición estructural, que en un suelo trabajado con labranza convencional, o en siembra directa pero sin rotación de cultivos", explica el técnico.
En este último caso, al no incorporarse nutrientes al suelo y registrarse un balance negativo de la materia orgánica se observa una mala condición estructural: son suelos compactados y densificados en superficie (lo que supone pérdida de porosidad).
Cuando sobreviene la seca y el suelo está en esas condiciones -precisa Casas- las plantas tienen serios inconvenientes para penetrar en la tierra, mucho más si al momento de la siembra ya había poca humedad. Entonces se observarán costras o sellos y la semilla consumirá buena parte de su energía para emerger o desarrollar un sistema radical.
En condiciones de humedad, el estado de los suelos parecería igualarse. "En situaciones críticas como la actual se escuchan los lamentos por un mal manejo de años.Ese no es un problema circunstancial", señaló Casas.
El tiempo que demorarán en recuperarse los suelos afectados por sequía dependerá del régimen de lluvias, pero también del volumen de agua que puedan retener, y en esto también tienen que ver las decisiones de manejo que se hayan tomado. Según Casas, mantener la calidad y la sanidad de los suelos, supone un uso eficiente del agua, tanto en su captación como en su conservación.
"Si el suelo no tiene la rugosidad del rastrojo y una buena cobertura, parte de la lluvia va a escurrir hacia los bajos, no va a infiltrar y, como consecuencia se desaprovechará. Por el contrario, un buen colchón de rastrojo obra como una cobertura plástica que evita la evaporación directa. El agua es almacenada y se transforma en producción a través del ciclo de transpiración de los cultivos", detalla.
En este momento, la mayoría de los suelos sólo cuenta con 25/30 por ciento de humedad. Si se tiene en cuenta que los suelos de textura media capturan entre 180/200 milímetros a un metro de profundidad (una lámina de 18/20 centímetros de agua), puede interpretarse que hoy sólo hay disponible unos 4/5 centímetros de agua distribuidos en un metro de profundidad. Con un agravante:"En los suelos bajo labranza convencional esa humedad está muy profunda. Estos suelos se han secado hasta los 50 centímetros, aproximadamente. En suelos bajo siembra directa ya se encuentra el agua a 25/30 centímetros de profundidad. Estos suelos van a reaccionar más rápido", señala Casas.
Según estima el especialista, si llovieran unos 50/60 milímetros en suelos con posibilidades de almacenar ese volumen de agua, podrían sembrarse los granos gruesos y asegurar el rendimiento.
Cómo cuidar el patrimonio
¿Cómo mantener entonces la calidad y la sanidad de los suelos? La clave es planificar bien las rotaciones. "Lo ideal consiste en incluir al trigo, al maíz y al sorgo, que brindan un residuo de alta perdurabilidad, importante para la protección del suelo. La muy lenta descomposición de esos rastrojos determina un balance positivo
