Informe de Aacrea: las ventajas de la fertilización. El manejo integral de la nutrición

Entre el 25 y el 75% de los requerimientos nitrogenados de soja son provistos por la fijación biológica. La inoculación repetida favorece la nodulación del cultivo.

01deNoviembrede2003a las10:01

La demanda de nutrientes para el crecimiento de la soja, como en el resto de los cultivos, varía proporcionalmente con los niveles de producción logrados. En términos unitarios resulta mayor que lo requerido para el cultivo de cereales, lo mismo que la proporción exportada en los granos.

A modo de ejemplo, un cultivo de 3000 kg/ha de rendimiento demanda unos 240 kg/ha de nitrógeno, 24 kg/ha de fósforo y 21 kg/ha de azufre, de los que se exportan, en términos de fertilizantes, el equivalente a casi 400 kg/ha de urea, 100 kg/ha de superfosfato triple y 110 kg/ha de yeso.

En el caso del nitrógeno, si bien la demanda y la exportación son marcadamente superiores al resto de los elementos, en cultivos de soja su abastecimiento proviene de aportes minerales del suelo y de la fijación simbiótica con rizobios.

Crecimiento

Entre el 25 y el 75% de los requerimientos nitrogenados de soja son provistos por la fijación biológica, proceso energéticamente demandante para el cultivo y por lo tanto dependiente de aspectos fisiológicos asociados a condiciones de ambiente y de manejo. Por lo tanto, factores que afecten el crecimiento limitarán la fijación biológica del nitrógeno y reducirán la eficiencia de este proceso.

Díaz Zorita recuerda en el trabajo preparado para Aacrea, que la fijación simbiótica comienza 30 días después de la siembra y aumenta hasta alcanzar un máximo durante el período reproductivo y de llenado de los granos. Los requerimientos de nitrógeno hasta floración son cubiertos mayormente a partir de la oferta edáfica, mientras que los aportes por fijación biológica son muy importantes luego de la floración y durante el llenado de los granos. Dado que las semillas de soja poseen alto contenido de proteína en comparación con otros cultivos, cobra especial importancia el suministro de nitrógeno a través de la fijación simbiótica.

En general, en los suelos argentinos no se encuentran bacterias nativas (rizobios) capaces de nodular soja y fijar eficientemente nitrógeno. Por lo tanto, la inoculación es una práctica indiscutida en el momento de planificar planteos de soja en suelos sin antecedentes recientes del cultivo. En estas condiciones es frecuente observar aumentos de rendimiento cercanos a los 1000 kg/ha en respuesta a la inoculación.

La realidad muestra que estos suelos son pocos frecuentes y que abundan las condiciones de producción en ambientes con antecedentes sojeros. En estos casos, la información disponible muestra una respuesta inferior, pero no despreciable a la hora de plantear la siembra del cultivo. Por ejemplo, resultados de una red de experimentación del INTA en el área norte de Buenos Aires muestran aumentos medios de 200 kg/ha con respuestas equivalentes al 12% del rendimiento respecto del control sin tratar e independientes de la cantidad de rizobios identificados en los suelos (Perticari y col., 2001).

Similares resultados han sido descriptos para el área centro de Buenos Aires por los estudios del INTA 9 de Julio (Ventimiglia y col. 2003) entre otras experimentaciones. En promedio para 56 evaluaciones en el área sojera argentina, desarrolladas durante las campañas 2001/02 y 2002/03, se observaron unos 215 kg/ha de respuesta a la inoculación (Díaz Zorita, 2003).

La inoculación repetida empleando inoculantes de buena calidad favorece la nodulación y aumenta las posibilidades de infección con cepas seleccionadas por su capacidad fijadora de nitrógeno.

Factores limitantes

Según el técnico, entre los factores que se conjugan para atenuar los beneficios de la inoculación se encuentran fallas en la manipulación de los inoculantes y en su aplicación.

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