Creatividad para instrumentar una política ganadera.

La intención es loable; sorprende el camino elegido para la consecución de tal fin...

10deSeptiembrede2005a las08:15

La intención es loable; sorprende el camino elegido para la consecución de tal fin. El Gobierno busca lograr un mayor volumen de carne producida con el mismo stock ganadero para hacer frente a una mayor demanda exportadora y al aumento del consumo interno.

Instrumentar una política ganadera para estimular el engorde y la terminación de animales de mayor peso a la faena resultaría harto sencillo con un mínimo de creatividad. Bastaría, por ejemplo, con permitir desgravar del impuesto a las ganancias un porcentaje creciente del monto de las ventas realizadas con destino a faena, en la medida de su mayor kilaje. Sin embargo, el cortoplacismo en que se encuentra sumido el Gobierno lo impulsa a inclinarse por implementar medidas de difícil control y ejecución, cuya naturaleza no contribuye a la solución de los problemas de fondo, pero sí a la distorsión del mercado. Experiencias del pasado han demostrado el nocivo resultado de políticas intervencionistas que impulsaron medidas como precios máximos, cupos o vedas al consumo.

La prohibición de enviar para faena animales de menos de 300 kilos a partir del 1º de noviembre próximo es una medida mal pensada, de poco análisis, que vulnera claramente la libertad de comercio, afectando las decisiones privadas de los productores y su eficiencia productiva.

Su aplicación impactará menoscabando la rentabilidad de una parte del negocio ganadero; deteriorando, asimismo, los sistemas productivos de cría de varias economías regionales y fomentará la venta marginal, que agudizará la competencia desleal.

Un proyecto de ley presentado por el diputado Federico Pinedo expresa la ilegalidad de la resolución, toda vez que ésta fuera dictada por el secretario de Agricultura de la Nación, sustentada en una ley que se lo prohíbe expresamente (decreto de desregulación 2284/91 , ratificado por el art. 29 de la ley 24.307).

Menciona el proyecto presentado que "el art. 37 de las normas citadas dejó sin efecto las regulaciones establecidas en la ley 21.740, sus modificaciones y reglamentaciones, en cuanto restringieran el comercio interno y externo, la fijación de precios mínimos aplicables al mercado interno, cupos, restricciones cuantitativas, reglamentaciones contractuales y toda otra disposición que limite el libre juego de la oferta y demanda en los mercados de carnes".

El consumo doméstico de la Argentina demanda carne de ternera en una proporción significativa. Este segmento de mercado hace que los feed lots requieran terneros livianos que se destetan precozmente. El destete precoz ha resultado ser un gran aliado de la ganadería, en la medida en que esta práctica ha permitido aumentar la carga, la preñez y el número de terneros nacidos, lo que abrió la puerta a una más eficiente y mayor producción.

La obligación de llevar a 300 kilos el peso de faena modificará la demanda para el engorde a corral por terneros más pesados para evitar un período de engorde más largo; no obstante, no se podrá eludir el mayor costo de producción de cada kilo ganado por el deterioro en la conversión grano/carne que tiene el animal a medida que crece.

Es insoslayable que en la economía ganadera son los precios del mercado el elemento rector del cual el productor se nutre para tomar la decisión sobre qué tipo de animal conviene producir. Así, por ejemplo, si el novillo pesado para la exportación alcanzara valores cercanos al dólar por kilo vivo, como hoy ocurre en Uruguay, veríamos cómo en un breve lapso de tiempo la faena de animales livianos se reduciría a la mínima expresión y el consumo interno se adaptaría a la integración de la res.

De consolidarse la resolución 645 de la Sagpya ocurrirá antes de noviembre una oferta masiva de terneros terminados menores en peso al límite de faena y

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