Entre el balcón y un toro

Apostillas

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16deJuliode2008a las07:04


Desde el balcón. A varias cuadras del escenario, una mujer miraba para arriba y codeaba a su marido: "Ahí está, es Amalita, ¿la ves?". En el último piso de uno de los edificios de la Avenida del Libertador, departamento que pertenece al grupo Fortabat, había una mujer vestida de violeta que, sola, disfrutaba el acto desde el balcón.


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Una vaca para Alfredito. El toro inflable Alfredito volvió a ser la atracción de la tarde; tanto, que la gente hacía cola para sacarse una foto con él. Como lo habían sentado detrás del Monumento de los Españoles, la foto era una auténtica postal de la jornada. Los fabricantes del toro estaban exultantes: la atracción se había convertido en un negocio. "Juntamos como una luca en dos horas", dijo el diseñador platense Alejandro Mañanes, uno de los creadores de Alfredito. Pero la idea original no era lucrar. "Lo hicimos gratis, por una cuestión ideológica, pero cuando vimos la plata que gastan las cuatro entidades, nos pareció que nos tenían que pagar. Como no lo hicieron, pedimos una colaboración a la gente", relató. La alcancía decía: "Una vaca para el toro Alfredito".


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La arrepentida. "Yo la voté. Vengo a lavar mis culpas. Perdón, Argentina." Junto a este cartel que llevaba una mujer, otra lucía, más orgullosa, uno que rezaba: " Neshtor , por qué no te callás. A vos nadie te votó".

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