Por cada dólar de retención, el productor gana sólo u$s 0,28

Según la Universidad de Belgrano, los precios extraordinarios del agro no suponen rentas extraordinarias, y los productores pequeños y medianos son los más perjudicados.

16deJuliode2008a las07:21

En hora decisivas en las que el Gobierno hace cálculos de suma y resta para saber qué voluntades pudo conseguir para aprobar el proyecto de retenciones móviles, un estudio económico de la Universidad de Belgrano avala la hipótesis de la voracidad fiscal, al relacionar las ganancias del Estado con las del productor, por cada tonelada de soja cosechada en la Argentina.

El estudio indica que, por cada dólar que cobra el Estado en concepto de retenciones, el productor más perjudicado es el más pequeño –que explota hasta 150 hectáreas propias–, que recibió tan sólo u$s 0,28 de ganancia.

En el caso del productor de 300 hectáreas, por cada dólar que le dejó al Estado por retenciones, recibió u$s 0,33, mientras que el de 500 hectáreas recibió u$s 0,40 por cada dólar de retención. Ello, sin contar que mientras que quienes sembraron corrieron todos los riesgos, el Estado recauda con riesgo cero.

Puesto a valores de ayer, con un precio FOB que cerró en u$s 560 y sus respectivas retenciones del 47%, el Estado se habría quedado con u$s 263,2 por tonelada vendida por el productor más pequeño, mientras que éste habría obtenido sólo u$s 73,64, luego de descontar los egresos totales. Esos egresos contemplan los costos directos (de implantación y protección, gastos de cosecha, acondicionamiento, transporte y comercialización) y los costos indirectos (estructura, administración, amortizaciones e intereses).

El estudio, presentado en la sede de la universidad durante un seminario sobre el impacto de las retenciones, indica que, a través de las retenciones, el Estado recorta una rentabilidad que “no es extraordinaria”.

Los tres modelos que distingue el análisis suponen el mejor escenario productivo: suelos de la mejor calidad y rendimientos óptimos. Asimismo, ninguna de las tres escalas (150, 300 y 500 hectáreas) alcanza el nivel de producción de la línea de corte fijada por el Gobierno, de 1.500 toneladas de soja. Es decir que los tres casos serían, desde la perspectiva oficial, productores pequeños y medianos.

Por otro lado, sostiene el estudio, si el nivel de retenciones actuales se trasladara a su equivalente en un impuesto a las Ganancias, implicaría una alícuota de dicho impuesto del 79% para productores de 150 hectáreas, de 77% para los de 300 hectáreas y de 74% para aquellos de 500 hectáreas.

Nada del otro mundo

Cada uno de los modelos arrojó un resultado económico que se desprende de restar a los egresos a los ingresos.

La comparación del resultado de octubre pasado (fecha de siembra promedio de la oleaginosa) y junio de 2008 refleja una mejora por el incremento de los precios, aunque no toda la que se hubiese dado si el esquema de retenciones no hubiera pasado de 27% a 47% en siete meses.

El incremento de los precios sustenta una mejora de la rentabilidad en todos los modelos, pese al aumento de los costos. Pero, según el decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UB, Carlos Méndez Acosta, “esa rentabilidad está lejos de ser extraordinaria. El error es equiparar precios extraordinarios con renta extraordinaria”, indicó.

Si se tiene en cuenta que en los modelos los rindes obtenidos fueron altos, y que la ocupación del suelo fue perfecta (100%), se puede concluir que “los resultados económicos financieros calculados están muy cerca de los máximos posibles para los tres casos estudiados”, concluye el informe.

Aún así, en el modelo más productivo, el de 500 hectáreas, la rentabilidad (que relaciona el resultado económico al patrimonio neto inicial, que incluye el altísimo valor de la tierra) alcanza hoy el 3,33%. “Esto no es ni cercano a una renta extraordinaria”, concl

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