Ganadería en el tobogán

Editorial II

Por
16deSeptiembrede2008a las07:21

En las últimas semanas han recrudecido manifestaciones de preocupación y protesta a raíz de la crítica situación de la ganadería vacuna, diezmada por la sistemática intervención en los mercados por parte del gobierno nacional, a lo cual se agrega la generalizada sequía que afecta a gran parte del territorio nacional.

Llevan ya tres años los decretos, las resoluciones y también las intervenciones sin respaldo normativo alguno de personeros oficiales, que siembran desconcierto e ilegalidad, y terminan desencadenando un palpable desaliento productivo.

Crecientes y variadas manifestaciones productivas dan cuenta de la grave emergencia que vive este importante sector del campo argentino. Paso a paso, se ha ido incrementando la liquidación de las existencias de hembras en el plantel ganadero nacional, en cuyo pilar reproductivo se asienta el futuro del consumo nacional y de las indispensables exportaciones, que ahora parecen interesar poco a los responsables del gobierno nacional.

La participación de los vientres en la faena nacional ha venido creciendo paulatinamente hasta estacionarse en torno del 50 por ciento del total, un guarismo indicativo de futura reducción de la producción de estas carnes. A esta desalentadora situación hay que agregar la mortandad de ganado denunciada desde variados confines productivos. Principalmente son vacas las que mayoritariamente mueren, con motivo de la escasez de pastos y forrajes como consecuencia de la sequía reinante, lo cual se explica en parte por su desgastante misión de alimentar a sus crías o también por su confinamiento en las áreas menos pródigas en pastos nutritivos, los cuales, por razones económicas, se procuran reservar para el engorde del resto de los planteles.

Otros signos poco reconfortantes aparecen en el escenario hasta aquí descripto. La entidad que agrupa a las firmas consignatarias que operan en el Mercado de Liniers creó, en 1991, un seguro de transporte de ganados que cubre las pérdidas desde su partida desde el campo hasta su subasta en el mercado por la condición de "muertos o caídos". Tal es el enflaquecimiento y debilidad de muchas tropas que la proporción de esos animales, a su arribo al mercado, se triplicó.

Otro signo de la situación reinante ha sido el crecimiento de la cantidad de vientres en cuya faena se verifica la existencia de "nonatos", vale decir de la interrupción de la gestación, que se ha quintuplicado en relación con situaciones de normalidad.

Lo apuntado ha llevado a algunos opinantes a afirmar que de continuar la tendencia actual, las exportaciones tenderían a desaparecer, aun con riesgo de que la Argentina tenga que importar. Solo la ganadería del Norte, y en particular el Nordeste, parece escapar a la gran crisis descripta, aunque los resultados de los remates de reproductores indicarían que los mejores ejemplares son adquiridos por productores paraguayos y brasileños, cuyos ganados reciben precios muy superiores a las controladas cotizaciones de los bovinos argentinos.

No sólo aquí se pregunta cuáles son los fundamentos de tan groseros errores en las decisiones gubernamentales sobre el agro en general y en la ganadería en particular. En el exterior también lo hacen, como ha ocurrido en estos días en un congreso organizado por el Secretariado Mundial de la Carne en Sudáfrica, donde la representación argentina no pudo explicar lo inexplicable. Los importadores europeos, por su lado, requieren la normalización de las ventas argentinas de la famosa cuota Hilton, de alta calidad, que sufren las desarticuladas decisiones oficiales, acumulando incertidumbre comercial y quebrantos para productores e industriales. Y por si ello fuera poco, desde Alemania, ante una legión de periodistas de todas partes, el dirigente de una gran empresa proveedora del agro preguntó lo mismo. Es hora, pues, de acabar con tanta insensatez.

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