El biogás no es un globo

Además de evitar la polución, generan electricidad, agua caliente y desactivan la soja que consumen.

27deDiciembrede2008a las08:19

¡Sí, esto está pasando en la Argentina! A apenas 50 kilómetros de Buenos Aires, en Marcos Paz, un criadero de cerdos resolvió el grave problema de la bosta produciendo biogás. Tres enormes globos de polivinilo despiertan la curiosidad de todo el mundo. Ahora no hay más olores, los vecinos y los trabajadores de la granja están más contentos, y recupera nutrientes (fósforo, potasio, etc.) para devolverlos al campo. Pero lo más interesante es que ahora prácticamente se autoabastece de energía.

Hugo García es el responsable del criadero de Cabañas Argentinas del Sol. Desde que se instaló, hace 10 años, no dejó de crecer. Ahora cuenta con 1.200 madres, tras la reciente decisión de expandirlo un 30%. Es un planteo de ciclo completo, sacando capones de 100 kilos. La población instantánea permanente es de unas 10.000 cabezas. ¡Todas bosteando!

"Me volvía loco el manejo del estiércol", exclama Hugo, un ex vendedor de alimentos balanceados que conoce el negocio del cerdo desde hace 30 años. "En localidades como Marcos Paz, y más estando tan cerca de la ciudad, la única manera de seguir adelante era encontrarle una salida". Empezó a experimentar solo, metiendo bosta en un recipiente y cerrando al vacío. Comprobó que se producía gas. "Lo metí en un globo, y andaba con el globo por todos lados. En la cabaña pensaban que me había vuelto loco. De noche me metía en Internet y buscaba por todos lados, y ahí encontré que en Brasil se había avanzado mucho. Entonces me fui para allá y encontré la solución que buscaba".

García tomó contacto con la gente de Sansuy, una textil instalada en el centro del estado de San Pablo. Se especializan en telas de polivinilo, y desarrollaron un material adaptado a los líquidos y gases orgánicos. Proveen a cientos de criaderos de cerdos y ofrecen sistemas para engorde intensivo de novillos y tambos.

Hace dos años instaló los dos primeros digestores, de 250 metros cúbicos. "Aprendí a manejar el sistema, pero no sabía qué hacer con el biogás. Simplemente lo prendía fuego porque se acumulaba a toda velocidad. Me di cuenta que el sistema funcionaba, y entonces encaré la cosa a fondo". ¿Qué hizo? Trajo un biodigestor grande, de 1.750 metros cúbicos. Y armó una red de gas que ahora le permite abastecer una planta de desactivación de soja, calefaccionar los galpones y generar electricidad a través de un motor F100 convertido a gas.

Antes, la planta de soja desactivada se abastecía con gas de tubo. "No la recargo más, ahorramos 10.000 pesos por mes", asegura. La planta (provista por Monti, de Inriville) consta de dos hornos rotativos, que giran sobre un par de mecheros que exhiben generosas llamas azules. Desactivan 20.000 kilos por día, que es la cantidad que consumen en la cabaña.

"Antes empleábamos harina de soja, que comprábamos. El problema era que venía despareja. No podíamos hacer análisis partida por partida, así que nos dábamos cuenta que era mala cuando los animales no adelantaban. En cambio, con la soja sabemos que la calidad es uniforme, porque toda tiene el mismo contenido de aceite, la misma composición de aminoácidos, y no viene ni con afrechillo ni nada. Es soja."

La desactivación de la soja es un proceso térmico que procura la eliminación del "factor anti tripsina", un componente de la proteína de soja que afecta su digestibilidad, en especial en monogástricos. La soja tratada entra en un 17 a 20% de la ración. El resto es maíz y un poco de harina de carne, más el núcleo que él mismo elabora echando mano a su experiencia en el negocio de balanceados. El empleo de soja entera desactivada no le baja el rendimiento ni afecta la calidad de los cerdos. "Siempre estamos entre los primeros en el frigorífico Pompeya, que faena 8.000 cerdos por día", asegura.

El segundo gran uso de

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