Una industria en alerta amarilla
Por la caída de la faena y las exportaciones y el encarecimiento de la hacienda, provocada por la baja del stock, a los frigoríficos les toca vivir la crisis que arrancó con la cría; los riesgos para los productores ante empresas en problemas.
Como un efecto dominó, la crisis ganadera pasó de una a la otra punta de la cadena. Lo hizo como un rayo, fulminante. Primero fue la cría; ahora le toca a la industria frigorífica. En sólo cuatro años, las políticas de intervención del Gobierno, que llevaron a una fortísima liquidación, más el agravante de la sequía de los últimos dos ciclos, hicieron que un sector que tenía todo para brillar ante los ojos del mundo hoy se encuentre en una situación crítica al final de la cadena industrial. En rigor, productores, consumidores, que nunca pagaron menos por la carne pese al deseo oficial, y en la actualidad las empresas y los trabajadores de la carne fueron cayendo uno tras otro en desgracia. En la industria frigorífica están encendidas las luces de alerta. Se faena poco, por la menor disponibilidad de hacienda, pero también se exporta menos. La caída de la faena promedia un 30% y los pronósticos para lo que resta del año no son alentadores. En 2009, un año de fuerte liquidación, la faena fue de 16,12 millones de cabezas y ahora se aguarda que 2010 cierre con 11,8/11,9 millones de cabezas. "Es tan fuerte el faltante de hacienda que la situación es irreversible", comentó Ignacio Iriarte, de Informe Ganadero.
Si se observan las exportaciones, en el primer semestre del año el retroceso en toneladas peso producto fue del 44 por ciento. Si bien parecen más golpeadas las industrias exportadoras y sobre todo el personal que pierde tareas, es el sector en su conjunto el afectado. "Está complicado en general", precisó Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra).
