El riesgo latente de no tener un plan ganadero
La ausencia de un plan ganadero sólido, que le apunte al mediano y al largo plazo, es una de las carencias más insólitas del país que hasta hace algunos años se ufanaba de tener las mejores vacas del planeta y que ostentaba orgulloso el elevado consumo de carne per cápita de sus habitantes.
Las razones de la falta de oferta de vacuna, que ayer hizo subir fuerte el precio del kilo vivo y disparó hasta un 25% los valores de la carne que paga la población (ver página 2), tienen origen múltiple pero siempre solucionable. Es cierto que la expansión del negocio de la soja ha ocupado para el cultivo tierras que se dedicaban al pastoreo empujando las vacas hacia el norte del país. Pero lo mismo le sucedió a Brasil y a Uruguay y, sin embargo, ambos países han reaccionado con políticas de incentivo a la cría del ganado. ¿El resultado? Brasil tiene hoy más cabezas que la Argentina y Uruguay compite en términos de calidad, tanto para el 20% que consume su mercado interno como para el 80% que le dedica a la exportación.
La política ganadera más visible del gobierno de Cristina Kirchner fue promover un mayor consumo de carne de pollo y de cerdo para forzar una baja en la demanda de carne vacuna. Un consejo razonable pero restrictivo. La idea madre de todos los procesos recesivos: consumir menos en lugar de producir más.
Fernando Gonzalez Director Periodistico fgonzalez@cronista.com ()
