Cruces entre Obama y Merkel, en la previa de la cumbre de líderes del G-20
El gobierno de Estados Unidos pidió ayer flexibilidad a los países emergentes para elevar el valor de sus monedas a niveles compatibles con la expansión de su demanda interna, y defendió la decisión de la Reserva Federal de inyectar 600 mil millones de dólares a la economía. El presidente estadounidense, Barack Obama, aseguró que la fortaleza del dólar dependerá, en definitiva, del vigor de la recuperación en su país.
En la víspera del inicio de la cumbre de presidentes del G-20, Obama y su secretario del Tesoro, Timothy Geithner, instaron a los países más influyentes de la economía mundial a "hacer su parte" para equilibrar los esfuerzos de la salida de la crisis y evitar una guerra de devaluaciones competitivas y, al final del camino, una guerra comercial.
Respondieron así a las fuertes críticas lanzadas por la canciller alemana, Angela Merkel, quien acusó al gobierno estadounidense de incentivar la creación de una nueva burbuja especulativa porque "están desorientadas". También a las del ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega, quien insistió con su propuesta para abandonar paulatinamente el dólar como reserva de valor mundial, debido a que el país del norte "ya no tiene vocación" para ejercer ese rol.
En este clima de tensión los presidentes de los 19 países que integran la elite de política económica mundial, entre ellos la Argentina, más las autoridades de la Unión Europea, comenzaron a llegar a Seúl, la capital coreana, para participar de una nueva cumbre del G-20. Este nucleamiento que se consolidó con la cumbre de Washington en 2008 como foro de debate de políticas de salida de la crisis financiera internacional, atraviesa uno de los momentos más conflictivos entre sus miembros.
