La dupla Estado-bionegocios cosecha otro eslabón en el polo biotecnológico

Después de casi una década de iniciada la revolución verde en la Pampa Húmeda y la creciente demanda e importación de nuevas tecnologías, los productores locales empezaron a vislumbrar la posibilidad de encarar ellos mismos el proceso de generación y producción de conocimiento.

19deSeptiembrede2011a las07:10

Después de casi una década de iniciada la revolución verde en la Pampa Húmeda y la creciente demanda e importación de nuevas tecnologías, los productores locales empezaron a vislumbrar la posibilidad de encarar ellos mismos el proceso de generación y producción de conocimiento.

La Argentina era considerada en los 90 como uno de los países del mundo que más utilizaba materiales genéticamente modificados (soja, maíz y algodón) y esta tecnología no dejaba de ganar adeptos en la producción agrícola. Sin embargo, el país se ubicaba entre los últimos lugares entre los que llevaban adelante el desarrollo de biotecnología.

La industria del conocimiento ya estaba transformando el mundo y en la Argentina se comenzaba a pensar más de lleno en los bionegocios. Y fue la misma región que hacía punta en materia de producción primaria, la que comienza a darle forma concreta a la creación de un polo biotecnológico, aprovechando la potencialidad y recursos humanos de los institutos científicos que existían en Rosario.

Los políticos locales definieron desde un primer momento acompañar la iniciativa, que conjugaba negocios y conocimiento, fundamentalmente aplicados a la producción agropecuaria pero que también incluirían otros campos de la ciencia como la salud. Ya se hablaba de crear el polo más importante del río Bravo hacia el sur y los científicos estaban llenos de preguntas. La conformación del Polo Tecnológico de empresas informáticas era un buen antecedente.

El 14 de agosto de 2002 se presenta, en el congreso de la Asociación de Productores de Siembra Directa (Aapresid), Bioceres, conformada mayoritariamente por productores agropecuarios y destinada a gestionar y financiar proyectos de investigación en biotecnología. De esa forma se comienza a consolidar el Parque Científico Tecnológico Rosario, un proceso que tuvo muchas idas y vueltas, y que entra a pelear por proyectos de investigación y desarrollo de biotecnología.

Los resultados. Pese a no estar pensados inicialmente para la ciudad, la articulación público-privada tiene sus frutos: en 2004 el entonces el titular de Agencia de Promoción Científica y actual ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, pone la piedra basal al Instituto Nacional de Agrobiotecnología (Indear) en La Siberia, y el paso fundamental para que Centro Binacional de Genómica Vegetal (Cebigeve) también aterrizara finalmente en la ciudad.

Desde entonces el proceso de radicación de los institutos no fue sencillo, en el medio se produjo el extenso conflicto entre el gobierno y el campo por la resolución 125. Sin embargo, esta primera experiencia de trabajo entre el sector público y privado en forma conjunta permitió sostener un lazo desde otro lugar que tuvo su corolario cuando en diciembre de 2007 la entonces flamante presidenta Cristina Fernández anuncia la elevación a rango de ministerio a la Secretaría de Ciencia y Tecnología, y como viceministro ubica a Alejandro Ceccatto, que hasta ese momento era uno de los impulsores del proyecto rosarino desde el Conicet.

La trama de acuerdos que superó el conflicto del agro renovaron las implícitas alianza entre gobierno y los popes de la agrobiotecnología y el 7 de diciembre de 2010 se inauguró el Indear.

Se inaugura la sede de la CCT, que agrupa a las oficinas administrativas de los institutos científicos rosarinas.

Hoy es el turno de la apertura formal, después de casi tres décadas de estar sus esqueletos edilicios abandonados y numerosas promesas incumplidas, del primer instituto científico del Estado: el Instituto d

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