La industria aceitera también teme por la competitividad

La industria oleaginosa nacional, la más poderosa en términos de ingreso de divisas, se sumó a los lamentos por el aumento de los costos superior al ritmo de depreciación del peso. El horizonte de la actividad.

03deOctubrede2011a las06:53

La industria del aceite de soja ya no es lo que era en la Argentina. Con añoranzas de las épocas en las que importaban poroto paraguayo a granel y en las que China todavía no procesaba a la escala que lo hace ahora, la voz de Alberto Rodríguez, de la Ciara (Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina)—quien disertó en Rosario sobre industria oleaginosa en el mundo en el marco del 5º Congreso Mercosoja— sonó más triste que la brasileña, más protestona que la paraguaya y menos filosófica que la china.

“Desde abril del año pasado la industria empezó a tener márgenes negativos, tanto por el aumento en dólares de los costos que enfrentamos como por la menor utilización de la capacidad instalada de nuestras usinas”, desgranó Rodríguez, a quien le costó —incluso en un ámbito afín como la Bolsa de Comercio de Rosario— explicar que representa a un sector en crisis.

Rodríguez aprovechó la ocasión para reclamar mayor y mejor infraestructura, en una lista que se repite en todos los foros granarios y que incluye el anillo del Circunvalar, el ferrocarril Belgrano Cargas y mejoras en la red caminera para llevar la producción hasta los puertos. Pero además, lanzó algunos dardos también de frecuente uso en los foros industriales, ya que acusó pérdida de competitividad por los menores márgenes de ganancia y un incremento de las barreras proteccionistas en terceros países.
“Sufrimos un aumento de los costos en dólares, ya que en los últimos años el tipo de cambio subió un 33%, pero los costos lo hicieron mucho más, por esos motivos hoy la industria aceitera argentina no gana mucha plata”, apuntó el dirigente empresarial, quien detalló que la utilización de la capacidad de molienda de las plantas ubicadas en el cordón ribereño del Gran Rosario cayó desde un 85% en 2005 a un 76,1% el año pasado.

En ese punto, los dos factores que mejor explican esa reducción son la prohibición temporal de importar soja paraguaya para procesar acá —una medida que terminó favoreciendo al país guaraní, que corre como liebre en la carrera de los commodities—; y el incremento en la capacidad de molienda de China, que importa cada vez más porotos sin elaborar: “Esa reducción significa un aumento en el costo fijo por tonelada por la perdida de escala”, dijo Rodríguez.

Tampoco fue auspicioso el escenario internacional que trazó, ya que aseguró que desde la Ciara prevén un estancamiento en las economías desarrolladas y un ralentizamiento en el crecimiento de los emergentes: “puede haber un estancamiento en la demanda de harinas oleaginosas como consecuencia de la crisis internacional, y además esperamos un aumento de la capacidad instalada en China, con crecimiento de las importaciones de porotos”, subrayó.

GRAN HERMANO. En un tono menos dramático pero apuntando algunas situaciones que perjudican a la industria aceitera de su país, el brasileño Fábio Trigueirinho, de Abiove (Asociación Brasileña de Industrias de Aceites Vegetales) destacó la oportunidad que tiene el Mercosur en el mercado de los alimentos, en parte porque es el único lugar del mundo donde quedan tierras fértiles sin explotar.

“Estados Unidos ya no tiene tierras porque llegó al límite de la frontera agrícola, eso significa crecimiento para la zona Mercosur más Bolivia y una oportunidad única de crecimiento para 2020”, sintetizó.

En un plano local, Trigueirinho destacó que Brasil enfrenta dos desafíos mayores: aumentar su productividad en al menos 2% por año, y dar un salto de calidad grande en cuestiones logísticas como transporte, puertos y acopios.

Es que las distancias terrestres entre las z

Temas en esta nota