Ucel y Asaga hacen escuela: quieren replicar en África y EE.UU. la experiencia de la aceitera propia

“Lo vivimos como una proeza“, resume visiblemente satisfecho el rector de la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano (Ucel), Ovidio Torres, en la presentación a la prensa que encabezó ayer de la planta aceitera piloto que la casa de altos estudios construyó en San Jerónimo Sud en alianza con la Asociación Argentina de Grasas y Aceites (Asaga).

07deOctubrede2011a las08:09

La planta –que se inaugurará el próximo 27 de octubre en la ruta 9 kilómetro 336– es única en su tipo por su doble vertiente universitaria y empresarial y le permite a la facultad dar un impresionante salto en calidad para la mejora en la formación, educación y capacitación práctica a sus alumnos, que tendrán a su entera disposición una herramienta única en el país que les servirá para abrir puertas en su inserción laboral.

Según contó el gerente corporativo y fundado de Asaga, Héctor Autino, el costo de una planta de estas características es de u$s3M, una cifra imposible de alcanzar para una entidad educativa. “Pero no nos amedrentamos. Hace 5 años empezamos a soñar este proyecto y empezamos a recorrer el camino y así nos fuimos encontrando apoyos, amigos, y el sueño se pudo transformar en realidad”, recuerda Torres.

La participación de la aceitera Bunge fue muy importante ya que cedió por 30 años con opción a extenderlo un predio de 2.5 hectáreas donde se levantó la aceitera. “Además, conseguimos u$s 350.000 de una entidad holandesa vinculada a la metodismo que contribuyó desinteresadamente al financiamiento”, contó el rector.

La maquinaria la donaron las empresas asociadas de Asaga –incluso los extractores y centrifugadores se trajeron desde los Estados Unidos– entidad que además dio el know how para la construcción de la aceitera.

“Es una replica en pequeña escala de cualquiera de las grandes aceiteras del cordón”, dijo Autino, sobre la planta que puede procesar 3 toneladas por día. “Por ejemplo, tiene automatización integral y tecnología de última generación”, contó el gerente de Bunge.

Cuando se ponga el funcionamiento, los alumnos de las carreras de Ingeniería en Tecnología de los Alimentos y Especialización en Gestión Ambiental de la Ucel se podrán capitalizar mientras que las empresas asociadas a Asaga –que son las principales aceiteras del país- lo podrán usar para investigación e innovación.

“Este modelo de cooperación empresaria y académica es único y generó tanta expectativa que hay interés de casas de altos estudios en Estados Unidos y África de replicarlo”, se entusiasma Torres.

Para la operatoria, Bunge donará los granos que se utilizarán para procesar las semillas (de todo tipo) y la producción de aceite y grasa que se obtenga se le será otorgará al trader. “Salga lo que salga”, bromeó Autino.

El gerente de Bunge contó que la obra civil está lista para en una segunda etapa poder refinar el aceite y hasta elaborar biocombustible.

Hasta ahora, para las prácticas los alumnos de la UCEL tenían que viajar a la UNL de Santa Fe, pero a partir del próximo año ya podrán utilizar la aceitera. “Esta es una universidad abierta”, dijo Torres y señaló que, así como antes los alumnos de la Ucel iban a Santa Fe, ahora esperan recibir estudiantes de otras facultades.

Por su parte, el decano de la Facultad de Química, Daniel Coria, resaltó la importancia de la “educación y formación aplicada a las necesidades de la producción regional, no sólo para favorecer la inserción laboral de los estudiantes de la Ucel sino para contribuir al desarrollo económico de la región”.

Y concluyó diciendo: “Se sabe que uno de los grandes problemas es la falta de contacto entre las necesidades de las empresas y los planes de estudio de las facultades, pero con esto estamos demostrando que vamos por otro camino, uno qu

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