No está satisfecha el 63% de la demanda de microcréditos

Según un estudio, hay casi 910.000 personas que podrían acceder a pequeños préstamos.

25deOctubrede2011a las09:03

Fabricar un bien, vender productos en el propio barrio, mejorar la vivienda o comprar algo que ayude a tener una mejor calidad de vida, aun cuando el contexto sea el de una realidad con muchas carencias. A esos fines podría aplicarse un microcrédito, que en la Argentina, según se estima, tiene una demanda potencial que alcanzaría a casi 910.000 personas. De ellas, cerca de un 27%, exactamente 245.454, accedieron efectivamente al financiamiento, por lo que queda sin cubrir un 63% de la posible demanda.

Las cifras, correspondientes a la población urbana del país, surgen de una proyección de los resultados de un relevamiento hecho por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). La encuesta -que recolecta una amplia serie de datos sociales- incluyó en su edición de 2010 un capítulo sobre "inclusión financiera".

El trabajo concluye que si se toma en cuenta la población de bajos ingresos que estaría en condiciones y que además aceptaría tomar un crédito, la demanda potencial estaría entre 660.901 (si se consideran a quienes tienen un ingreso mensual inferior a $ 2000) y 909.685 personas (cuando el universo se extiende quienes perciben hasta $ 4000 mensuales y a los desocupados que viven en hogares con un ingreso inferior a esa cifra).

Las razones por las que se considera que el microcrédito tiene un desarrollo bajo, según el informe, van desde la inexistencia de un marco regulatorio amigable, la falta de liquidez del sistema, los costos y la histórica inestabilidad macroeconómica, hasta factores como la escasa cultura sobre el tema y la insuficiente expansión -teniendo en cuenta la magnitud del problema de la pobreza- de organizaciones dedicadas a financiar pequeños montos.

El trabajo de campo, que incluyó 5682 entrevistas en varios centros urbanos de más de 80.000 habitantes, muestra que el 83% de los encuestados nunca solicitó un crédito y que, entre los incluidos en el 14% que obtuvo efectivamente dinero prestado, 8 de cada 10 lo utilizaron para vivienda o consumo.

Consultados respecto de la posibilidad de tomar un préstamo en el futuro, el 56% respondió no tener interés, en tanto que un 24% dijo tener temor a no poder pagarlo, mientras que el 11% afirmó que sí se endeudaría y que lo haría con el fin de consumir o comprar o mejorar su vivienda; sólo el 5% afirmó que solicitaría un crédito para un emprendimiento productivo.

De las personas que serían potenciales demandantes de un crédito, el 85% está inmersa en la economía informal; el 39,3% (del total) es cuentapropista, y el 30,8%, asalariado. Según destaca el informe de la UCA, las microfinanzas podrían ser una herramienta útil para promover la inserción de trabajadores en la formalidad, sobre todo a partir del logro del objetivo de un ingreso estable. Sin embargo, se advierte que es una condición no suficiente.

Las políticas oficiales incluyeron en los últimos tiempos la creación del monotributo social, un esquema subsidiado en el que los beneficiarios logran el acceso a una obra social y la promesa de una jubilación, además de poder facturar por sus trabajos; la figura, sin embargo, no logró una expansión significativa.
Organizaciones sociales

Según destacó el profesor e investigador Martín Grandes -uno de los autores del informe junto con Milagros Satorre-, el trabajo detectó una baja inserción de las organizaciones sin fines de lucro en el otorgamiento de los microcréditos.

Así, entre quienes obtuvieron un crédito, sólo el 1% lo hizo en una ONG de su barrio, mientras que el porcentaje más elevado (57%) corresponde al endeudamiento tomado en un banco; el 15%, en una financiera que opera en la zona, y un porcentaje similar se financió con dinero de familiares o amigos.

En el caso de las ONG,

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