Asalto al FMI: los emergentes quieren más poder para rescatar a Europa

Para salvar a Italia o España, haría falta más ayuda que la que podrían aportar los socios europeos. Tanto la UE como EE.UU. miran con interés a los BRICS. Pero el precio sería alto.

26deOctubrede2011a las08:08

¿Hay dinero suficiente en las cajas del Fondo Monetario Internacional para salir al rescate de cualquier país europeo que pueda entrar en crisis, como se hizo hace poco con Grecia, Portugal e Irlanda? A los ojos de su nueva presidenta, Christine Lagarde, el nivel de fondos es el apropiado. Pero en la visión de los principales países emergentes, la plata no alcanzaría para la posible ronda de crisis financieras que se avecina en Europa. Y de ahí que estén ofreciendo hacer un aporte de capital para incrementar las existencias del Fondo.

Pero eso sí: a cambio de que su peso político crezca en la misma proporción.
La globalización, que en un primer momento parecía traer solapada una “invasión” en todo el mundo de bienes y servicios producidos por los países más desarrollados, tras la crisis subprime parece haber invertido su proceso. Ahora son los desarrollados los que gritan por el lobo emergente que se los quiere comer. Por supuesto, no quedan dudas de que la crisis financiera de EE.UU. y la de la deuda soberana de la UE fueron responsabilidad de quienes hoy las padecen. Pero el avance emergente se vive un poco como si los bárbaros estuvieran regresando a las puertas de Roma.

Distinta es la visión del grupo BRICS, formado por los principales emergentes (China, Brasil, India, Rusia y Sudáfrica, al que se le podrían agregar México y Turquía). Para estos mercados, el actual contexto internacional tendería a reequilibrar la relación de fuerzas que históricamente benefició al Norte en detrimento del Sur (división geopolítica que perdió vigencia con el ascenso de China a superpotencia). Y su poderío se manifiesta, entre otros aspectos, por el nivel de reservas, muy superiores a las de los países desarrollados por primera vez en la historia. Con un stock de más de u$s 4 billones en sus cofres, los BRICS se han convertido en los tesoreros del mundo.

Pero tanto altruismo no estará garantizado hasta tanto quienes hoy están en aprietos ofrezcan una buena dote para confirmar el compromiso. Los emergentes son un candidato más que atractivo y, a cambio de salir al rescate, ya están pidiendo una participación mayor en los organismos internacionales. En septiembre, el ministro de Economía brasileño, Guido Mantega, lo planteó sin vueltas durante la asamblea anual del FMI: “vamos a ver qué podemos hacer para ayudar a la Unión Europea”, tranquilizó.

En realidad, ya saben lo que pueden hacer, tanto como lo que quieren a cambio. Con China a la cabeza (el gigante asiático concentra reservas por valor de u$s 3,2 billones), comenzaron a comprar deuda de países europeos, como forma de aumentar su peso político en estos mercados pero también para diversificar sus tenencias de bonos y reducir la de títulos estadounidenses.

De acuerdo con el Financial Times, el gobierno chino ya es propietario del 12% de la deuda española y del 4% de la italiana. Pero los emergentes también tienen en cuenta que adquiriendo deuda ayudan a sostener estas economías desarrolladas, grandes compradoras de sus exportaciones.

Lo que proponen los emergentes a cambio de esta ayuda extraordinaria es algo que vienen reclamando estos últimos años: que el peso relativo de cada miembro del FMI esté más en consonancia con su poderío económico. Si bien se estima que los BRICS concentrarán la mitad del PIB mundial dentro de 15 años, hoy no poseen ni el 10% del poder dentro del FMI. En cambio, los países desarrollados conservan el 60% de los votos e incluso EE.UU. mantiene un 17%, lo que le da un derecho de veto.

Para países europeos como Alemania o Francia, lo que está en juego es difícil de aceptar. Que naciones que en el pasado f

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