Los dólares están detrás de las tranqueras

Por Cristian Mira

12deNoviembrede2011a las10:54

Sólo falta la voz arrabalera de Tita Merello que entone "¿Dónde hay un dólar viejo Gómez?" Es que el peso ya no es tan demandado como en aquella ranchera célebre.

No es cantando, precisamente, como el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, les pide a los exportadores de granos y subproductos que liquiden divisas. Ni tampoco les susurra a los industriales de maquinaria agrícola cuando les pide que no remitan dividendos a sus casas matrices. Es que la fuga de divisas que se aceleró este año y provocó el virtual desdoblamiento del tipo de cambio obliga a los funcionarios a recurrir al sector más competitivo de la economía como si fuera una tabla de salvación.

Los manotazos de ahogado sirven de poco. Si no le hubieran puesto restricciones a las exportaciones de maíz, trigo, carne vacuna y lácteos seguramente el aporte de divisas del sector agropecuario sería mucho más elevado que en la actualidad (el 60 por ciento de las exportaciones proviene del agro; entre enero y septiembre pasado alcanzaron unos 37 mil millones de dólares). Pero lo que manda es el "modelo" y la "matriz alimentaria", dos términos que seguramente pasarán a la historia por lo vacío de su contenido. Por las restricciones a la venta de trigo, muchos productores creen que la mejor alternativa es picarlo para que lo coman las vacas. Un cereal con destino de forraje, cuando se lo sembró con el propósito de que sea transformado en harina, no parece ser la mejor prueba de un modelo exitoso de producción. A tal punto llega la distorsión que esta semana cuando cayó granizo en varios lugares hubo quien pensó que era mejor que la piedra destruyera al trigo porque era más caro cosecharlo.

Mientras suceden estas extravagancias Moreno lleva una lucha casi personal contra los funcionarios del Ministerio de Agricultura para impedir que se venda libremente el cereal remanente de la campaña pasada. El propio subsecretario de Agricultura, Oscar Solís, impulsó una campaña para pedirles a los productores que le envíen por correo electrónico las existencias con las que cuentan, a pesar de que las habían declarado antes en la AFIP. Todo esto con el simple propósito de demostrarles a Moreno y, en última instancia, a la Presidenta, que hay trigo sin vender y que no tiene sentido mantener las restricciones.

Sin embargo, el polémico secretario, que se está despidiendo de su función formal, prefiere restringir los ROE y perderse las divisas que ingresarían por exportaciones. A algunos de sus habituales interlocutores les dice: "prepárense, por lo que vieron hasta ahora fue un picnic". Si el picnic fue la maraña de regulaciones y prohibiciones que fijó el Gobierno en los últimos años y cree que en el próximo período presidencial éstas se profundizarán, aún no analizó en profundidad las consecuencias que provocó la disociación de los precios locales respecto de los internacionales. Se perdieron diez millones de cabezas de ganado en cuatro años. Es cierto que hubo una fuerte sequía, pero si los productores hubieran tenido señales de mercado esa liquidación de vientres no se hubiera registrado. Curiosamente, en el Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) al realizar el diagnóstico y la perspectiva sobre la cadena de ganados y carnes no considera el impacto que tuvo la restricción al comercio en la caída del stock ganadero. Si de algo puede servir el PEA es para analizar lo ocurrido en los últimos años y proponer las políticas más adecuadas para abastecer el mercado interno sin destruir a todo un sector productivo.

Otra oportunidad que ofrece el PEA es que las metas que intenta cumplir para 2020 puedan comenzar a compatibilizarse con las políticas actuales. Así como establece que para lograr una producción de 160 millones de toneladas de granos para esa fecha, en el escenario más optimista, es necesario invertir en infraestructura de caminos y puertos

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