Subsidiar a los que pueden pagar trae consecuencias

Por Cristian Mira

19deNoviembrede2011a las09:27

Si el criterio de destinar subsidios según el poder adquisitivo de la población se hubiera adoptado hace seis años con la carne, el pan y la leche, la producción agropecuaria hoy exhibiría mejores números que los actuales.

La decisión del Gobierno de eliminar gradualmente los subsidios a las tarifas de luz, gas y agua comenzando por la población de mayores ingresos anunciada esta semana demuestra que no estaban tan equivocados los que proponían aplicar este sistema para los alimentos.

Por tozudez, desde 2005 el Gobierno aplicó un conjunto de medidas (aumento de retenciones, quita de reintegros, control de precios, compensaciones y permisos de exportación, entre otras) que provocaron millonarias transferencias de ingresos de un sector a otro, sólo porque se creía que había que desacoplar los precios internacionales de los locales. Con igual determinación se subsidió a las medialunas de los bares de la Recoleta que al pan de Lanús. Nada de esto es admitido por el kirchnerismo. La Presidenta dijo esta semana que el precio del novillo se encontraba en los niveles más altos desde la década del ochenta. Los funcionarios que le presentan este tipo de datos a Cristina Kirchner deberían reflexionar un momento. Si van a pasar por alto, por ejemplo, que el control de precios, el cierre de exportaciones y las presiones a los frigoríficos no tuvieron ninguna influencia en la pérdida de casi el 20% del stock vacuno en tres años pueden volver a aplicar las mismas recetas. No sería extraño que esto sucediera porque este Gobierno se especializa en darse tiros en el pie. ¿Qué otra cosa podría decirse del pedido del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, a las empresas de agroquímicos y fertilizantes para que suspendieran por unas semanas sus importaciones y giros de divisas al exterior? Cuando la economía necesita más que nunca ingresos genuinos por exportación se provoca un riesgo injustificado en plena campaña de granos gruesos. A la mayoría de las empresas la orden del polémico funcionario las tomó con stocks suficientes para satisfacer a la demanda, pero los traders que traen mercadería desde China comenzaron a preocuparse. La consecuencia que muchos ya vislumbran es una suba en el precio de los insumos para lo que resta del ciclo agrícola.

Esta falta de visión es la que va a provocar quebranto con el trigo. Según calculó un trabajo preparado por los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA) los rindes de indiferencia del cultivo en un campo arrendado de la zona sur de la provincia de Buenos aires ascienden a 61 quintales por hectárea cuando el rinde promedio de la zona es de 34 quintales por hectárea. El informe sostiene que por una combinación de la caída de precio internacional del cereal y las distorsiones que persisten por la falta de competencia entre los actores de la cadena, los números del trigo se cerrarán en rojo. En marzo pasado el cereal llegó a cotizarse en US$ 190, en junio US$ 170 y este mes en US$ 135. Quienes en la época de la decisión de siembra alentaban a cultivar trigo por los buenos precios internacional y por la creencia de que se iba a liberar el mercado se han equivocado. Las distorsiones continúan tan vigentes como en esa época y el intento por establecer un nuevo marco en la comercialización fue abortado por el secretario de Comercio Interior.

De la misma forma se pone en riego el cultivo del maíz. La crisis financiera internacional le volvió a jugar al cereal una nueva mala pasada esta semana. De hecho, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estimó un aumento del área sembrada con soja (ahora en 18,8 millones de ha.) porque muchos han decidido pasar hectáreas del maíz a la oleaginosa. Si en vez de liberar sólo 500.000 toneladas el Gobierno hubiera dado una señal más contundente, los números del maíz podrían haber sido todavía más alentadores. Sin emb

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