De carne éramos
Los problemas de la producción cárnica se han ido trasladando desde el campo hacia las fábricas. Intervenciones, sequía y colapso económico internacional se combinan con secases de hacienda, caída del consumo doméstico y pérdida de puestos de trabajo en las fábricas. Una madeja cada vez más difícil de desenredar.
Esta semana, el posible despido de 150 operarios del frigorífico Mattievich de Rosario se había frenado con un llamado telefónico. Era el jefe de la bancada oficialista en la Cámara de Diputados de la Nación, Agustín Rossi, quien hizo la gestión el Ministro de Trabajo Carlos Tomada y consiguió los subsidios para apuntalar el salario de los 960 operarios de la planta. Se trata de los denominados Repro (Programa de Recuperación Productiva), una “herramienta” que en este caso significará el aporte de $800 pesos mensuales para cada trabajador hasta abril. Estos subsidios se entregan por 3 meses y podrían renovarse, pero habrá que esperar la proximidad de esa fecha para saber qué ocurrirá a partir de entonces.
¿Es Mattievich un caso representativo de la situación del sector? Definitivamente sí, porque desde 2010 mantiene cerradas sus plantas de Puerto General San Martín y Carcarañá. Al igual que Swift, que paró recientemente sus instalaciones de Venado Tuerto luego de vender las de San José en Entre Ríos. Y muy similar al Grupo Vicentín, que desde que se lo compró a Cargill mantiene inactivo el frigorífico Nelson y también paró la faena a fines de 2011 en Frigorífico Toba de Colonia Tirol, Chaco. En la mayoría de los casos, los empleados no asisten al trabajo pero reciben la “garantía horaria”, un monto inferior al salario. En Venado Tuerto son 500 y -por el momento- sólo hasta marzo; en Nelson casi 500 y en la planta chaqueña 250.
