En la búsqueda y selección de los genes campeones
Por Félix Sammartino
De haber existido una caja de Pandora, esta fue la que destapó el monje agustino Gregor Mendel, cuando comenzó a cruzar diferentes variedades de arvejas. Al formular en 1865 las primeras leyes de la herencia genética efectuó una de las grandes contribuciones a la humanidad y dio a luz una ciencia que se propone descubrir los mecanismos más ocultos de los seres vivos. En lo que respecta a las ciencias agronómicas, el objetivo fue desde siempre lograr la mejor semilla y los mejores animales adaptados a cada ambiente. La ganadería vacuna, lejos de estar al margen de este proceso, vive por estos días un nuevo punto de quiebre con la irrupción de la genómica, es decir el conocimiento y la utilización del material genético de los animales. Este nuevo aporte de la ciencia se suma al que en su momento realizó la computación y los modelos matemáticos de alta sofisticación que llevaron el proceso de selección de los mejores ejemplares a una velocidad nunca vista. Ahora con las evaluaciones genómicas en los animales de carne y de leche estamos por cruzar un nuevo umbral. ¿O que es saber con la mayor de las anticipaciones si un ternero, que por supuesto todavía no ha tenido descendencia, es un individuo superior para transmitir determinados rasgos de valor económico?
Sacar un pelo de la oreja de un ternero y mandarla a un laboratorio para obtener el estudio del genoma parece una escena de ciencia ficción. Sin embargo, esta herramienta se encuentra al alcance de los criadores y cabañeros argentinos.
Para analizar en profundidad este nuevo fenómeno, La Nacion convocó a especialistas en la materia, como Horacio Guitou, Daniel Musi, Rodolfo Cantet y Claudio Fioretti.
