A cuatro años de Lehman La ola expansiva todavía golpea al mundo entero
Estados Unidos no logró recuperar su senda de crecimiento, mientras que los emergentes ya empiezan a dar señales de fatiga y una Europa en recesión carga con tres rescates a cuestas.
Festejar cuatro años de la caída del mayor símbolo mundial de un sistema financiero que se había acostumbrado a vivir desregulado e impune ante cualquier exceso no es para alegrarse. Y menos al comprobar que todavía no se tiene claro cuándo será el final de esta película con final abierto. Porque el 15 de septiembre de 2008 ya quedó en los libros de historia económica como un momento bisagra en la crisis financiera más grande desde el crac de 1929. Y que a pesar de que haya modificado profundamente cómo se venían haciendo las cosas en Wall Street, sus efectos todavía perturban al mundo entero.
La quiebra de Lehman Brothers fue la gota que rebalsó el vaso del sistema financiero, contaminado por las pérdidas generadas a partir de la crisis hipotecaria subprime. Hasta ese momento, la política había sido el rescate público de los bancos en problemas, como el británico Northern Rock (en febrero de 2008) o el estadounidense Bear Stearns un mes después. Pero la negativa del Tesoro de EE.UU. de salvar a Lehman en septiembre terminó generando un contagio a nivel internacional.
Al encontrarse con que la crisis se había vuelto sistémica, los distintos gobiernos, sus bancos centrales y demás organismos como el FMI adoptaron rápidamente políticas para contener y rescatar a todas las entidades en riesgo de bancarrota. Fue así que en un primer momento se tuvo la sensación de que lo peor había pasado y que el sistema financiero sobreviviría, si bien muchas entidades menores terminaron cerrando y las grandes sufrieron fuertes caídas en su valor bursátil.
