Los "daños colaterales" de la política ganadera oficial
Las exportaciones de carne vacuna se desplomaron. Y en el mercado local creció fuerte el consumo de cerdo y de pollo.

En varios sentidos, el mercado de la carne en Argentina parece el reino del revés. El consumo de carnes rojas, pollo y cerdo, con algo más de 110 kg anuales por habitante, es el más alto del mundo. Los niveles de producción de ganado vacuno se mantuvieron sólidos hasta 2009, cuando sobrevino una fuerte caída y luego una recuperación de la faena a partir de 2011.
La producción de pollos y cerdos está en franco crecimiento en los últimos años. Pero en estas cadenas hay quejas por la pérdida de rentabilidad y el desplazamiento de mercados tradicionales.
En menos de una década, la Argentina pasó de ser el tercer exportador mundial de carne vacuna a ubicarse en 2012 en el undécimo lugar. Hoy es el país del Mercosur que menos exporta, superado por Uruguay y Paraguay con rodeos más reducidos. Incluso desde el año pasado, y por primera vez en la historia, el país exporta, en volumen, más pollo que carnes rojas.
“Consumir casi 115 kg de carne por habitante en el año es un problema, porque con mucho consumo crece la oferta, esto deprime los precios y todos perdemos”, dice Juan Ucelli, presidente de la Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAPP). Ucelli recuerda que el cerdo tiene el mismo precio al público desde hace 20 meses y admite que la cadena porcina trabaja bien pero tiene “menos rentabilidad que hace un año”.
Roberto Domenech, titular del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), afirma que “el precio del pollo cayó un 12% este año y ya había bajado entre 6 y 7% en 2012” y dice que el mercado doméstico “está sobreofertado de carne”, con costos en alza y precios deprimidos. Pero lo más grave es que “muchas empresas están operando por debajo del costo y se están frenando las inversiones”.
