Dos ganaderos todo terreno

En San Cristóbal, en el noroeste de Santa Fe, los Cursack hacen alfalfa en suelos con muchas limitantes y logran muy buenos índices reproductivos, con genética de punta y partos sencillos.

Por
Dos ganaderos todo terreno
21deSeptiembrede2013a las07:22

En el noroeste de Santa Fe, en suelos de baja aptitud, los hermanos Cursack demostraron que se puede hacer una ganadería eficiente y rentable con un afinado manejo de la producción de gramíneas y un notable repunte de los indicadores reproductivos, con genética Brangus de punta y una cuidadosa planificación de las pariciones.

El eje de este esquema es el constante aumento en la producción de alfalfa, acompañado de una rotación y descanso del suelo. Así, es posible aumentar la eficiencia de la recría, hacer un destete precoz y anticipar los servicios en un mayor porcentaje de los vientres jóvenes.

Esta es la receta que emplearon los hermanos Eduardo y Horacio Cursack, al timón del establecimiento El Mataco, en 1.500 hectáreas cercanas a San Cristóbal, en donde los suelos tienen marcadas limitantes como el sodio y la salinidad; además de poco drenaje y napas muy fluctuantes.

Este caso productivo fue destacado durante una jornada a campo que organizó hace unas semanas en San Cristóbal el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), denominada “Santa Fe ganadero, eficiente en todos los ambientes”.

El planteo ganadero también se apoya en el ajuste de la alimentación y el aumento en la eficiencia de la recría, lo que permitió aumentar la cantidad de vientres con un entore de 16 meses. Este manejo también influyó positivamente en la producción de invernada, con una mayor velocidad de terminación e incorporación de los rodeos para sostener cargas altas.

Para Eduardo Cursack el hecho de contar con un grupo de profesionales fue decisivo a la hora de innovar y ajustar la alimentación del ganado. “Decidimos, en primer lugar, ser muy buenos productores de pasto antes que de vacas, eso es esencial para enfrentar estos momentos de crisis, como la sequía que ahora se está atravesando”, contó, en una recorrida por El Mataco junto a Clarín Rural .

El fuerte del establecimiento es la alfalfa, que se siembra en 400 hectáreas. “Es algo que no podríamos lograr sino contáramos con los especialistas que nos monitorean el campo cada 15 días. Son extremadamente eficientes y capaces”, reconoció Horacio.

Con alfalfa, la carga animal por hectárea se puede triplicar en estos potreros, pero no hay que bajar la guardia para que no haya problemas por empastes. Los Cursack también implantan avena, grama rhodes y melilotus, y en el esquema forrajero disponen de moha para las vacas y silos de maíz y sorgo, que los distribuyen a través de las rejas de autoconsumo.

Tampoco dejan de lado la genética y consideran que para conseguir buenos resultados no solamente es necesario contar con buenos toros sino también con vacas de calidad. “Este rodeo Brangus parte de una primera selección con un servicio de madres jóvenes (16 meses) y destete de las hembras que reciben un servicio bien temprano”, explicó Horacio.

Las madres que quedaron preñadas se seleccionan para la reposición en el campo, ya que demostraron que son animales fértiles y precoces. Con este método, logran índices de fertilidad que superan el 90% de las vacas servidas.

En relación a este punto, Eduardo sostuvo que también influyó el hecho de trabajar desde hace 20 años con inseminación artificial de primera línea, con la elección de los mejores toros nacionales e importados, y priorizando los partos sencillos, con vaquillas jóvenes.

“Estamos hablando de un rodeo de 1.300 madres, en el que se dispone al año de 50 toros. Como se podrá imaginar la selección es muy estricta de acuerdo al tipo de animal que necesitamos y lo que va a salir a la venta”, contó Horacio.

Pero el norte de Santa Fe tiene otro desafío complejo para producir carne: la disponibilidad de agua. Los Cursack dicen que el secreto es no bajar los brazos y hacer reservas. “Nosotros nos preparamos mucho durante la primavera y el verano para lograr reservas que nos permitan transitar los meses de julio, agosto y septiembre, porque incluso en esta zona las primaveras son secas y termina lloviendo en octubre”, precisó Eduardo. En lo que va del 2013 en esta región apenas llovió 192 milímetros (el promedio anual es de 900 milímetros) Los Cursack también opinan que los productores deben hacer un click en sus cabezas para ajustar la alimentación y aumentar la eficiencia de la recría.

Para estos jóvenes productores, el pilar del éxito es la calidad de las reservas forrajeras. “Las praderas son la respuesta y eso que no lo estamos haciendo en suelos de alta productividad, pero tienen mucho fósforo y ese les permite a las alfalfas una buena producción de materia seca”, indicó Horacio.

Con este esquema, el ciclo ganadero gana estabilidad y rentabilidad, en la medida que las pasturas y la suplementación sean herramientas de intensificación. Pero para pulir este planteó también fue fundamental el contacto con otros productores.

“Uno va aprendiendo por etapas. Hace unos años comenzamos a tener una mirada más seria y productiva. En esto tiene que ver mi padre, que nos llevó a las reuniones del grupo CREA-La Lucila, en el que hay gente que trabaja muy bien. El intercambio de experiencias fue clave para nosotros y es muy importante en la región”, concluyó Horacio.

Temas en esta nota