Carne ¿hasta cuándo precios bajos?

El consumidor hoy está pagando los cortes vacunos relativamente bajos, pero por detrás hay una situación compleja de la cadena productiva. Los desincentivos a la exportación volcaron kilos al mercado y el actual aumento de la faena prende una luz amarilla.

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Carne ¿hasta cuándo precios bajos?
11deNoviembrede2013a las06:49

No son tres años, como dijo el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, pero sí un año y medio en que la carne vacuna se mantiene con precios relativamente estables o creciendo menos que la inflación, lo cual la abarató respecto a otros alimentos. 

Pero, detrás de esta buena noticia para el consumidor, que le permite tener cortes accesibles y aumentar el consumo, hay problemas crecientes en la cadena de producción. Y esto, al igual que lo que sucedió este año con el trigo y ya pasó hace tres con la propia carne, podría anticipar un período de fuertes subas de precios en el mostrador. 

Según el relevamiento que realiza todos los meses La Voz del Interior , la nalga de novillo bajó uno por ciento el último año, mientras la canasta total aumentó 25 por ciento. En los últimos 18 meses, ese corte de carne aumentó cuatro por ciento, y el total del súper, 39 por ciento.

De esta manera, el consumo interno subió desde el piso de 55 kilos por habitante por año de 2011 a 63 kilos este año, según el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de la Carne y Derivados (Ciccra).

¿Es sostenible esta situación tan favorable para el consumidor? El antecedente está cerca; en el ciclo 2006 a 2009 cuando empezaron las restricciones a las exportaciones de carne vacuna los precios se mantuvieron estables debido a que la producción, primero se volcó al mercado interno, y luego se incrementó por la liquidación de animales. Esa importante reducción del stock de cabezas de ganado impactó con toda su fuerza a partir de 2010, cuando se derrumbó la producción de carne y los precios tuvieron un crecimiento muy superior a la inflación. En ese año, la nalga aumentó 76 por ciento. Hoy está 12 veces por encima del precio de enero de 2002, mientras la canasta total supera en nueve veces los precios previos a la devaluación.

“El contexto macroeconómico y las políticas públicas llevaron a que las ventas de carne se concentren en el mercado interno. A corto plazo habrá carne más barata, pero al cabo de poco tiempo, agotadas las reservas y con los márgenes ganaderos ‘en rojo’, probablemente se vuelva a repetir un fuerte ajuste de precios”, advierte el economista del Ieral, Juan Manuel Garzón.

Punto de inflexión“La faena de hembras aumentó (está en el 43 por ciento del total) pero no creo que se esté entrando en un período de liquidación como el de 2009. Aunque esto es una luz amarilla. Si continúa todo el año próximo, van a haber problemas en 2015”, remarca Daniel Urcía, director ejecutivo de la Asociación de Frigoríficos Industriales de Córdoba (Afic).

El aumento de la proporción de hembras que se faena implica menor producción de terneros a futuro y, por ende, una reducción en el stock de cabezas. Las distintas estimaciones del sector hablan de una reducción cercana al millón de animales en 2013. En 2007, el stock ganadero era de 57/58 millones de cabezas, cayó a 48 millones en 2010 y hoy, ronda los 50 millones.

“La fase de recomposición de existencias que se puso en marcha a fin de 2009 llegó a su fin”, dice Ciccra. De todos modos, Urcía anticipa un incremento del precio después de marzo. “Vamos a pasar la Navidad con carne barata”, dice y agrega: “La hacienda que hoy se está engordando en los feedlots va a llegar hasta enero o febrero, pero después los precios se van a reacomodar”, opina.

¿Cuál es la razón por la cual los productores comienzan a liquidar su stock? Desde 2006, el Gobierno nacional aplicó una política de restricción a las exportaciones de carne vacuna (se implementaron los permisos conocidos como ROE). Esto se sumó a acuerdos para abastecer al mercado interno con cortes baratos y a las retenciones del 15 por ciento. Todo con el objetivo de mantener precios bajos para los consumidores argentinos. En los últimos años, a esta política específica para el sector hay que agregar el retraso del tipo de cambio que (salvo en 2013) ajustó menos que la inflación.

Todo esto confluyó a una pérdida de competitividad externa que hizo que la mayor parte de la producción se volcara al consumo interno, con un fuerte impacto negativo en el sector frigorífico exportador. La exportación pasó de participar con el 20 por ciento en el negocio de la carne entre 2005/2008 y bajó al siete por ciento en la actualidad y Argentina salió del top ten del ranking mundial de exportadores.

Parece una buena noticia para el consumidor argentino porque aumenta la producción que se vuelca al mercado interno, pero en el mediano plazo no lo es. Por un lado, la pérdida de los mercados externos no hace sustentable el negocio para muchos integrantes de la cadena. Por otra parte, los precios “pisados” de la carne en el mostrador mientras los costos de producción siguen el ritmo de la inflación, redujeron sustancialmente la rentabilidad y la decisión de los productores es reducir los rodeos (con un impacto futuro de menor disponibilidad de carne y mayor precio). Además, el aumento de la exportación aumentaría el peso de los animales faenados y la disponibilidad de algunos cortes populares (con hueso) para el consumo local.

Así, recomponer las exportaciones parece ser la salida para aumentar la producción en forma sostenida. Por eso, cobra fuerza la versión de una posible reducción o eliminación de las retenciones, luego de que se reincorpore a sus actividades la Presidenta. “Tanto el productor como la industria frigorífica nacional necesitan, como mínimo, mejorar 15 por ciento el ingreso en pesos por cada dólar exportado o, lo que es lo mismo, que se quiten las retenciones cárnicas”, sostiene Ciccra.

La situación no sólo perjudica a la cadena bovina, sino también a sus sustitutos, la produ­cción aviar y porcina, que en los últimos años se desarrolló, pero que está muy ligada a la carne vacuna.

Sequía

El sector cárnico está hoy afectado por la falta de agua. Esto, por un lado, impacta en la ecuación económica de los ganaderos. Por otro lado, reduce el peso de faena (los productores envían a los frigoríficos animales más jóvenes). Así, con la misma cantidad de cabezas se obtiene menor producción de carne. Según Ciccra, el peso promedio de faena bajó 2,6 por ciento, de 231 kilos por animal en 2011 a 225 kilo en 2013. En esto también influye la reducción de las exportaciones (que requiere animales más pesados). Pese a esto, el aumento de la faena total y la caída exportadora mantienen un buen nivel de carne para el consumo interno.

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