Advierte la UIA que cayó la rentabilidad y se frenó la creación de empleos

Los industriales alertaron sobre la pérdida de competitividad de las empresas, que no pueden trasladar a los precios todo el aumento de sus costos.

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Advierte la UIA que cayó la rentabilidad y se frenó la creación de empleos
03deDiciembrede2013a las07:35

Entre la apología de la industria que desplegó ayer el ministro de Economía, Axel Kicillof, y la flamante comunión con el Gobierno que manifiestan en público los principales referentes del sector fabril tras el cambio de rumbo, ayer se cruzaron algunas evidencias emergentes de la economía real que amenazan con enturbiar el panorama.

La palabra clave es "competitividad". De ella hablaron todos ayer en el primer día de la 19a. Conferencia Industrial, organizada por la Unión Industrial Argentina (UIA), la principal central fabril del país.

A su manera, casi todos los asistentes al encuentro se refirieron al tema, desde el propio Kicillof hasta los empresarios y los políticos opositores invitados.

Los hombres de negocios pueden mencionar un puñado de variables que los incomodan, pero le dedican la mayor atención a un solo concepto: la evolución de sus costos. Toda la inquietud industrial de los últimos dos años se resume en una ecuación sencilla. En 2013, los costos de producción terminarán con un incremento promedio de 19,2%, muy por encima de un ajuste apenas superior al 12% en sus precios de venta. El resultado tiene una sola lectura: está cayendo el margen unitario, es decir, la ganancia por producto fabricado.

Hasta 2011, la industria había compensado el desequilibrio con mayores ventas, una receta que dejó de dar resultados por la retracción de la demanda, que derivó en una pérdida de rentabilidad para las empresas.

A nivel social, esa cuenta registró una consecuencia aun peor: sin un premio adecuado, las pequeñas y medianas empresas dejaron de crear empleo desde 2008. La generación de trabajo privado formal, desde hace cinco años, está en manos de las grandes empresas, que mostraron un éxito limitado en esa tarea, dado que sólo incrementaron 1,5% el empleo en el último lustro.

"Hasta 2011, la caída de márgenes unitarios se compensaba con mayor volumen, pero luego ya no fue posible. Cuando la economía se ralentiza, las pymes son las primeras en sufrirlo", explicó Diego Coatz, economista jefe de la UIA y autor del informe que se presentó ayer en la Conferencia.

La UIA instaló el tema en la mesa de discusión tácita que mantiene con el Gobierno. El presidente de la central fabril, Héctor Méndez, lo planteó en la multitudinaria reunión a la que convocó la presidenta Cristina Kirchner en agosto, en Río Gallegos, luego de perder las elecciones primarias. Hace un mes retomaron la discusión en Buenos Aires con Kicillof, el saliente Guillermo Moreno y la ministra de Industria, Débora Giorgi. El entonces jefe de Comercio Interior dijo que el informe presentado en público ayer era "un buen punto de partida" para discutir la cuestión de la competitividad. Y Kicillof, de acuerdo con el testimonio de algunos de los que participaron en el encuentro, reconoció que había un problema "de competitividad". Suficiente para levantar el ánimo, aunque más no sea de manera efímera, de los barones de la industria.

Kicillof fue el orador más esperado. Llegó antes de las 10 y tuvo que esperar a Augusto Costa, quien desde ayer asumió el cargo en Comercio Interior. El ministro de Economía les pidió una mínima concesión a los empresarios que lo recibieron, una pequeña comitiva compuesta por Miguel Acevedo (AGD), David Uriburu (Techint), José de Mendiguren (secretario de la UIA) y Martín Etchegoyen (director ejecutivo): quería que Costa lo acompañara en el escenario mientras él hablaba. Así estrenó el cargo.

"La productividad y la competitividad tienen solución, pero no con caída de salarios", lanzó Kicillof durante su exposición, que por momentos se pareció a una clase universitaria dirigida a los industriales y en otros a una diatriba política. "El salario no es sólo un costo para el empresario, es una fuente de demanda. La competitividad y la producción bien entendidas son más inversión, avance tecnológico, de la misma manera que el Estado hace más puertos, más rutas, mejor logística."

Lo escuchaban más de 500 asistentes. Minutos antes había hablado Giorgi y, por la tarde, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, compartió el estrado junto a Daniel Funes de Rioja, presidente de la Copal.

El ministro criticó los tiempos "de Martínez de Hoz", el "jarabe rancio neoliberal" y la "dicotomía entre campo e industria", para luego derivar en su faceta más pragmática, en la que les pidió a los empresarios acompañar al Gobierno con inversión. "Somos socios en esto", les dijo.

Los empresarios leyeron el mensaje de manera diversa. Quienes hablaron en voz alta intentaron no minar el puente que tendió el Gobierno. Para Méndez, "Kicillof le abrió los brazos a la industria". El presidente de la UIA aclaró en varias oportunidades que, para él, el precio del dólar es "un factor más de la competitividad, pero no el único". El mismo mensaje reprodujo José Urtubey, uno de los vicepresidentes. Otros, en voz baja, refunfuñaron porque esperaban anuncios concretos. "No quieren bajar impuestos ni modificar el tipo de cambio. ¿Cómo van a tener éxito haciendo lo mismo que fracasó?", se preguntó el presidente de una compañía.

La pérdida de competitividad despierta preocupación también en los empresarios más cercanos al Gobierno. Teddy Karagozian, dueño de TN&Plátex, por caso, lamentó que en la Argentina el empresario debe resolver todos los días problemas que no tienen que ver con su negocio. "Prefiero que nos suban impuestos a la energía y no al trabajo. Uno me lleva a ahorrar energía y el otro a ahorrar gente", criticó. Algo similar, pero en términos más amplios, sostuvo Luis Betnaza, ejecutivo de Techint y uno de los vicepresidentes de la UIA. "Tenemos que generar riqueza, pero el sector público nos tiene que ayudar a generarla; no a entorpecer las cosas", reclamó.

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