Ruralismo reaccionó en contra de las medidas

Las entidades rechazaron las políticas para el trigo mientras señalan al gobierno como responsable de la “brusca caída de la producción” del cereal.

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Ruralismo reaccionó en contra de las medidas
30deAbrilde2014a las07:03

La furia que destilan los comunicados de prensa de las entidades ruralistas de la Mesa de Enlace habla del alto nivel de confrontación que todavía tienen con el gobierno. Los partes de prensa no se hicieron esperar el lunes y martes luego de conocidos los anuncios para el trigo por parte de la Presidenta a horas de que se inicie la campaña 2014/15.

“Hacemos responsable al gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por la brusca caída de la producción de trigo de los últimos años. Las medidas instrumentadas hoy son más de lo mismo y no son suficientes para revertir esa tendencia”, advirtió -como tantas otras veces desde 2008- la Sociedad Rural Argentina que comanda el entrerriano Luis Etchevehere.

La SRA argumenta que “se perdió la oportunidad de quitar las trabas que hicieron que la cosecha de trigo cayera de 16 millones de toneladas, en 2007, a 9 millones, el año pasado”. En 2007, no hay que olvidar, estaba en la Rosada Néstor Kirchner, el cereal se sembró con su gestión y la cosecha de trigo se levantó con la primera presidencia de CFK.

Pero no fue el único año bueno para el trigo en la era kirchnerista. En el invierno de 2009, mientras Hugo Biolcati (entonces presidente de la SRA) lamentaba que el bicentenario encontraría al país “importando trigo” más o menos como ahora lo insinúa su sucesor, poco después, en la campaña 2010/11, la producción del cereal creció un 76% pero sin que mediaran cambios en la política ni en las retenciones.

Según datos del Ministerio de Agricultura, las mejores cosechas de trigo de la historia se dieron en la era K, la mencionada de 2007 y una anterior en la campaña 2004/05 con 15.959.580 toneladas. Si se toman las mejores 12 campañas de trigo desde 1970, nada menos que la mitad corresponden al periodo que el oficialismo denomina como “década ganada”.

Incluso si se repasan los números de la cosecha de trigo en la provincia de Entre Ríos, de donde proviene el actual titular de la SRA, la producción triguera superó el millón de toneladas y batió récord de producción histórica en tres años consecutivos entre la campaña 2009/10 y 2011/12, hasta arañar el millón y medio de toneladas.

En todos esos años existía el mismo nivel de derechos de exportación y regían iguales mecanismos para la exportación. Por lo tanto la mayor o menor producción de trigo en esos años no parece depender de las razones argumentadas por las entidades ruralistas sino a otras variables menos políticas y tal vez más climáticas y/o microeconómicas en términos de rentabilidad relativa con otros cultivos como la cebada.

La SRA se queja de las “intervenciones en el mercado de exportación, a través de los ROES, que se profundizaron durante esta gestión [la de CFK], (y) lograron que el productor tuviera que mal vender el cereal y redujera el área de siembra. Sumadas al elevado nivel de retenciones consiguieron que escaseara el trigo en la Argentina y que, desde 2007, el precio del pan aumentara en 800%”.

Si la producción de trigo bajó de 16Mt a 9Mt de un año a otro con un nivel de derechos de exportación similar, y luego subió de 9Mt a 15,8Mt con las mismas retenciones y los tan criticados ROE o permisos de exportación, es poco consistente adjudicar semejante fluctuación a esas causas. A eso hay que añadir los problemas climáticos ocasionados por la escasez o exceso hídrico en diferentes campañas que parecen explicar mejor el fenómeno.

La SRA sugiere que hay una relación entre el “elevado nivel de las retenciones” y el “precio del pan” que “aumentó 800%”. Curiosamente, fue la misma SRA a la cabeza de la Mesa de Enlace la que difundió hasta el cansancio que los derechos de exportación no tienen incidencia en el precio del pan. El mayor impacto en el precio del pan se alcanza con la variación salarial de los trabajadores panaderos y los costos de alquiler de local, cuando los hay. 

Esas dos variables juntas tienen una incidencia que no baja del 70% en el precio del pan a lo que se añaden el costo de la harina (en torno al 10% del precio del pan), la ganancia del panadero, la energía y otros insumos. La SRA también se pregunta: “¿Cuál es la lógica de cobrar una retención para luego devolverla? ¿Quién se beneficia con esta operatoria?”.

Desde el Estado la respuesta es que el beneficio lo tiene el mismo productor por declarar la cosecha. En primer lugar favorece al conjunto de la sociedad que sabe a ciencia cierta con qué cantidad de trigo cuenta el país. En segundo lugar, porque sobre esa declaración el productor recibe un reembolso de las retenciones que se le descontaron o lo que es lo mismo incrementa sus ingresos. 

En tercer lugar, al conocerse la cantidad de trigo existente es más fácil para el Estado y los productores organizar los saldos exportables a lo largo del año sin desatender el mercado interno o la exportación con valor agregado como la harina y otros productos de la molinería.

En cambio la medida perjudica a los que prefieren no declarar la cosecha, ya sea porque la venden en negro (en cuyo caso no pagan ni retenciones ni ningún otro impuesto) o bien porque se embarcan en otro tipo de especulación que a simple vista no favorece al conjunto de la sociedad, y en el largo plazo posiblemente ni a los mismos especuladores.

“La disminución de los derechos de exportación y el compromiso de no intervenir el mercado, hubieran llevado a aumentar la siembra de trigo” asegura la entidad. Sin embargo, la superficie implantada de trigo en 1974/75 creció un 22% y llegó a 5,18 millones de hectáreas, con un nivel de intervención del Estado total y absoluto ya que en 1973 el gobierno peronista había estatizado el comercio de granos.

Como señaló la Presidenta de la Nación el lunes, en la campaña 1976/77, si bien el comercio ya no era Estatal por acción de Alfredo Martínez de Hoz en las primeras semanas de la dictadura militar, los derechos de exportación rondaban el 50% -más del doble que actualmente- y existía todavía un organismo de intervención como la Junta Nacional de Granos. Entonces la superficie sembrada con trigo se elevó un 25%, y pasó de 5,75 a 7,12 millones de hectáreas.

En pocas palabras las fluctuaciones de la superficie sembrada parecen depender menos de los derechos de exportación y el intervencionismo estatal que de variables como el clima y el tipo de cambio que en definitiva le dan contenido a las retenciones. Cuando actualmente desde la oposición se anuncia que eliminarán los derechos de exportación, se debería aclarar cuál será el tipo de cambio con el que se piensa administrar la economía, de lo contrario la información sobre “retenciones sí o retenciones no” pierde relevancia.

Por último, hay que derribar el mito de que la caída de la superficie de trigo se debe a las políticas del actual gobierno e incluso de cualquier otro. El Enfiteuta muestra un cuadro en el que se toman las peores 12 campañas sembradas de trigo desde 1970. Allí el ranking del infortunio lo lidera la actual Presidenta, quien desplazó nada menos a que a Juan Domingo Perón que tuvo por mucho tiempo el primer puesto.

Claramente en los años de menor superficie implantada hay de todo como en botica: dictadura, democracia, radicales, peronistas, neoliberalismo, heterodoxia económica, monopolio comercial del Estado, monopolio comercial del mercado, desregulación absoluta y regulación total, aplicación de retenciones y ausencia total de derechos de exportación. Una clara muestra de que la superficie de trigo que se siembra depende más de la lluvia (poca o mucha) que de los gobiernos de turno.

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