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Financiero

Déficit energético superó los 5800 M/u$s en lo que va del año

En los primeros once meses de 2014 las importaciones de combustibles y energía requirieron 10.271 millones de dólares. Se necesita una nueva revolución agrícola para financiarlo.

Por Valor Soja

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    Argentina necesita una nueva revolución agrícola para financiar el déficit energético que llegó para quedarse un buen tiempo más.

La Argentina necesita una nueva revolución agrícola para financiar el déficit energético que –más allá de la promesa de Vaca Muerta– llegó para quedarse un buen tiempo más.

En los primeros once meses de 2014 las importaciones de combustibles y energía requirieron 10.271 millones de dólares contra exportaciones por 4412 millones, según datos oficiales difundidos por el Indec.

Es decir: el saldo energético –reconocido por el gobierno nacional– experimentó un déficit de 5859 millones de dólares (producto del desmantelamiento de la matriz energética). En el mismo período de 2013 dicho déficit había sido de 5500 millones de dólares.

El año pasado buena parte del déficit energético se financió con los divisas aportadas por el campo. Pero este año, con la caída del precio internacional de los commodities agrícolas, eso ya no fue posible.

En enero-noviembre de este año –siempre según el Indec– las divisas generadas por el sector agroindustrial (Productos Primarios + Manufacturas de Origen Agropecuario + Biodiesel) fueron de 42.026 millones de dólares, una cifra 3946 millones inferior a la del mismo período de 2013.

Como los consumos energéticos no pueden recortarse (a menos que queramos regresar al siglo diecinueve), los dólares que este año no pudo aportar el campo debieron generarse a partir de un recorte brutal de las importaciones (que afectó a muchas compañías ensambladoras de piezas importadas).

Pero está claro que la mejor manera de evitar una revolución agrícola es implementar derechos de exportación altísimos, restringir las exportaciones y cortar el financiamiento agrícola oficial en las zonas donde más se lo necesita.

Mientras las condiciones para esa revolución no sean parte de la agenda política, lo mejor que pueden hacer los directivos de las empresas ensambladoras de vehículos, electrodomésticos y celulares (entre otros abanderados de la versión argenta del “valor agregado”) es rezar para que los precios de los granos suban. Y mucho.

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