Moscú enfrenta su mayor crisis económica desde 1998

Con la confianza empresaria casi tan deteriorada como el rublo y las sanciones occidentales aún golpeando fuerte, el Kremlin se esfuerza por recuperar la calma.

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Lo que podría beneficiar a la economía rusa, aún más que una suba en los precios del petróleo, es un levantamiento de las sanciones occidentales

Lo que podría beneficiar a la economía rusa, aún más que una suba en los precios del petróleo, es un levantamiento de las sanciones occidentales

26deDiciembrede2014a las08:42

En una larga conferencia de prensa en Moscú, a Vladimir Putin le preguntaron sobre su situación como el soltero más codiciado de Rusia. Vestido con un traje impecable y corbata morada, el presidente y ex agente de la KGB tranquilizó a su audiencia asegurando que estaba enamorado de alguien y que su amor era correspondido.

En la semana en que el rublo se derrumbó y el banco central subió las tasas de interés, Putin dio respuestas similarmente vagas cuando se refirió a cómo piensa sacar a Rusia de su peor agitación económica desde 1998.

Advirtió al pueblo ruso que deben prepararse para dos años de privaciones y sugirió que después de 15 años en el Kremlin, finalmente la economía se podrá diversificar para evitar depender tanto de la energía, las materias primas y las industrias militares.

Putin se mostró feroz y desafiante, culpando por los problemas económicos rusos a las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea, y atribuyendo la crisis con Ucrania a los intentos de la OTAN de cortarle las garras al oso ruso. 

"A veces creo que sería mejor que nuestro oso se quedara quieto, en vez de perseguir cerdos por todo el bosque. Quizás así lo dejaran en paz. Pero no lo harán. Porque siempre tratarán de encerrarlo y cuando lo logren, le sacarán los colmillos y garras", aseguró Putin.

Detrás de esa vívida imagen del bosque siberiano, el ánimo del séquito de Putin era sombrío. Tras el derrumbe del rublo hubo un aleccionador reconocimiento de la realidad casi de la noche a la mañana.

"El ministro de Finanzas estaba calculando qué tipo de cambio del rublo pondría el presupuesto en rojo. Pero empezamos a pensar qué tipo de cambio del rublo implicaría el fin de Vladimir Vladimirovich [Putin]", contó un pariente de un allegado al presidente.

"No hay tiempo. Tenemos que actuar y drásticamente", aseguró Vladimir Milov, ex viceministro de Energía convertido en político de la oposición, advirtiendo que Rusia está atrapada en una crisis de liquidez y de deuda, una crisis presupuestaria y una crisis de confianza inversora. "Desde el punto de vista político, un cambio en el gobierno y en el liderazgo del banco central no ayudará porque las tres crisis son obra de un mismo hombre, el actual presidente." escribió en su blog. "Su renuncia es indispensable para superar estas crisis porque, tras 15 años en la conducción" ya no hay confianza en él.

Salvo Milov y otros liberales que se oponen a Putin, son pocos en Rusia los que creen que la crisis del rublo quitará del poder al presidente. "No hay una oposición viable. Putin hizo bien en asegurarse de que no la hubiera." aseguró un ex funcionario del Kremlin. "Ahora la pregunta es cómo reorganiza su presidencia una vez más para adaptarla a la nueva normalidad". La palabra "normalidad" no existe en el léxico de miles de rusos que la semana pasada acudieron en manada a los bancos para comprar dólares y euros frente a la caída del rublo. La moneda rusa llegó a caer 36%.

Otros rusos, temiendo perder la oportunidad de comprar dólares a un tipo de cambio favorable, convirtieron sus rublos en bienes tangibles. Se volcaron a los comercios de artículos electrónicos y locales de Ikea. Pero la volatilidad del rublo era tal que las compañías cerraron sus tiendas online para recalcular sus precios.

"Cuando hay una enorme corrida bancaria es porque estamos en el peor momento", dijo Oleg Kouzmin, ex funcionario del banco central que ahora se desempeña como economista en el banco de inversión Renaissance Capital.

Las condiciones para que se derrumbe el rublo hace meses que están presentes. Entre ellas se encuentran la pronunciada caída del precio del petróleo, la principal exportación de Rusia; las sanciones occidentales, que no permiten a las empresas rusas refinanciar fácilmente su deuda externa; y la constante pérdida de confianza en el panorama económico, lo que lleva a las compañías a congelar las inversiones.

Los arraigados defectos del estado de derecho y la corrupción contribuyeron a la fuga de capitales. Se calcula que los capitales que saldrán de Rusia se duplicarán este año a u$s 134.000 millones, según el banco central. La certeza de que hay una profunda recesión y existe la posibilidad de más fluctuaciones cambiarias sugieren que la tendencia continuará en 2015. 

Lo que podría beneficiar más a la economía rusa, aún más que una suba en los precios del petróleo, es un levantamiento de las sanciones occidentales, "que gradualmente secaron la liquidez de dólares y la vida económica rusa; funcionaron como una boa constrictora", aseguró Timothy Ash, economista jefe de mercados emergentes en Standard Bank.

Pero los líderes de EE.UU y la UE dejaron en claro la semana pasada que no las levantarán a menos que Rusia ponga fin a lo que Occidente ve como una desestabilización de Ucrania lograda mediante apoyo armado de los separatistas rusos. Hay indicios de que Rusia está repensando su comportamiento, pero no queda claro cómo Putin podría hacer concesiones que satisfagan a los gobiernos occidentales sin dañar su presidencia. Desde las protestas prodemocracia de fines de 2011, el aparato de poder de Putin adoptó un fuerte nacionalismo anti Occidente que le quita espacio de maniobra.

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