Gradualismo o shock, debate de moda entre los economistas

En una reunión de la Fundación Mediterránea, anticiparon que habrá ajuste. "La dirección del cambio es casi única, cualquiera sea el candidato" dijo Ricardo Arriazu.

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Aseguran que hay algunas medidas que seguramente aplicará cualquier gobierno que asuma en diciembre.

Aseguran que hay algunas medidas que seguramente aplicará cualquier gobierno que asuma en diciembre.

12deSeptiembrede2015a las11:39

"Está claro que en lo que queda de 2015 no hay que esperar cambios. Este gobierno no hará el ajuste que necesitará el que vendrá. ¿Después del 10 de diciembre? No lo sé, pero yo diría que no se vayan de vacaciones en enero o febrero." Ricardo Arriazu lo dijo como un chiste, pero como toda broma logró inquietar a buena parte del auditorio que lo escuchaba ayer aquí, durante su disertación en la conferencia con que la Fundación Mediterránea festeja cada año un nuevo aniversario.

El economista tucumano, uno de los más escuchados por sus propios pares y por los empresarios, trazó un panorama de la economía argentina que enfrentará el próximo gobierno e introdujo el debate que surcaría toda la jornada en los diferentes paneles: para superar la encerrona que sufre hoy el país ¿deberá aplicarse una política de shock o un ajuste gradual? También dieron su visión referentes de los principales partidos de oposición: Rogelio Frigerio, del equipo económico de Pro, y Marco Lavagna, del Frente Renovador. Miguel Bein, asesor de Daniel Scioli, había sido invitado pero finalmente no asistió al encuentro. Sobre el final, Marcelo Capello, Jorge Vasconcelos y Gustavo Reyes dieron la visión de los dueños de casa.

"La dirección del cambio es casi única, cualquiera sea el candidato. Es que el desequilibrio fiscal está agravado y llegará al 8% del PBI, con un nivel de gasto insostenible (crece al 40%) y creciente desequilibrios en cuenta corriente. Hay una fuerte pérdida de competitividad por el alto costo laboral unitario y la alta presión impositiva. El deficit fiscal creció 2,5 veces respecto de mayo, neto de transferencias del BCRA", repasó Arriazu, para quien será inevitable aplicar algún tipo de ajuste en lo inmediato. "La pregunta es cómo será el ajuste, si ordenado o desordenado, y de eso dependerá cómo viviremos", advirtió. Señaló que una política de shock necesita "un gran apoyo político, acuerdo con los sindicatos y financiamiento externo. No tener estas tres condiciones, es entrar en un Rodrigazo. Para hacerlo es necesario que se produzca una gran crisis que haga que la gente lo demande. Si no, nadie lo va a hacer." Un ajuste gradual, en cambio, necesita que la figura del presidente o del ministro tenga una statura política y de liderazgo que hoy no está a la vista, razonó. "Lo posible, entonces, es ir a un gradualismo con shock sectorial, esto es, aplicarlo en aquellas variables que pueda hacerlo, con menor sensibilidad política pero con gran potencial de inversión", continuó Arriazu.

Según su pronóstico, hay algunas medidas que seguramente aplicará cualquier gobierno que asuma en diciembre, y que afectan especialmente al sector agropecuario: eliminar los permisos de exportación y las retenciones que gravan a las economías regionales y las del trigo (también se reducirían las del maíz) y habrá algún intento de solución al atraso del tipo de cambio. En este último caso, es probable que haya un ajuste parcial, para evitar que el efecto se traslade inmediatamente a los precios.

Frigerio enumeró las consignas que suele recitar su jefe político, Mauricio Macri. "Cada día que pase del 10 de diciembre sin quitar el cepo cambiario será una pérdida para el crecimiento. Restableciendo la confianza podemos liberarnos de esa traba", argumentó. También prometió que, de ganar las elecciones, el Pro va a recortar los subsidios a la energía para las franjas más acomodadas de la población (señaló que el 30 por ciento del monto total, unos US$ 5000 millones al año, van al 20% más rico), y que se eliminarán algunos impuestos al trabajo.

Lavagna quiso diferenciarse al señalar que, más que devaluar o no, un plan debería plantearse cómo recuperar la competitividad sistémica de la economía. Esto es, "alivia la fuertísima presión impositiva que sufren los que pagan, reformar el mercado laboral [sobre todo, regularizando a gran parte de los que hoy trabajan en negro] y aplicar un plan para mejorar la alicaída infraestructura del país".

Descartó una política de shock y un plan gradual "de maquillaje, que sólo apunte a recuperar la capacidad de endeudamiento y a financiar el corto plazo". Planteó "recuperar los pilares básicos que permitieron salir de la crisis de 2002": volver a los superávit gemelos (fiscal y comercial), promover el consumo como motor de la economía "pero impulsando la inversión, como el lubricante de ese proceso".

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