Esta semana la Fed podría subir la tasa por primera vez en casi 10 años

La crisis subprime pasó y la economía está muy cerca del pleno empleo. Pero el reciente derrumbe de la bolsa china hace dudar.

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Emergentes rezan para que no haya cambios.

Emergentes rezan para que no haya cambios.

14deSeptiembrede2015a las08:30

Para los mercados financieros, lo peor no son las malas noticias, sino la incertidumbre. Por eso incomoda tanto a los analistas y operadores no saber si la Reserva Federal (Fed) va a anunciar esta semana una suba de su tasa de interés de referencia o si la va a mantener intacta, tras casi una década sin alzas.

El debate no es menor, puesto que en la reunión del Comité Abierto de Política Monetaria (FOMC) del organismo, que se va a realizar los días miércoles 16 y jueves 17 de septiembre, puede surgir la decisión de cambiar la política monetaria de manera profunda, como sucede cada vez que la Fed decide pegar la vuelta a su estrategia monetaria.

Todos saben en los mercados que la suba es inminente, y de hecho los miembros del banco central de EE.UU. han advertido en varias ocasiones que ese incremento se daría durante el año 2015, pero aún quedan dos reuniones más (en octubre y diciembre) para tomar esa decisión, de ahí que nadie esté 100% seguro de que el cambio se dé esta misma semana. En realidad, las opiniones están muy divididas, a tal punto que hoy existe un virtual empate entre los expertos que apuestan al cambio de política y aquellos que creen que el statu quo se mantendrá.

Los argumentos son muy sólidos y convincentes en ambos bandos, lo que complica un poco más las cosas. Encima, la volatilidad actual de los mercados financieros internacionales ha venido a echar más incertidumbre al anuncio de la Fed. La significativa devaluación del yuan chino y el derrumbe de la bolsa de Shanghai, con su repercusión en el resto del mundo financiero, encendieron la alarma respecto de si la economía mundial estaba a las puertas de otra paralización.

Para las economías emergentes, la caída de la demanda china fue como un misil por debajo de la línea de flotación, ya que dependen de ese mercado para colocar buena parte de sus productos primarios exportados. Pero este golpe podría convertirse en una estocada mortal si se complementara con la suba de tasas de la Fed. A pesar de ello, esta crónica de una muerte anunciada no sería tan catastrófica si se diera en diciembre en vez de ocurrir ahora. Sin ir más lejos, basta pensar en el impacto que tendría en la campaña electoral argentina posponer la suba de tasas en EE.UU. para después de las elecciones. O los tres meses de aire fresco que recibiría el gobierno brasileño en su lucha por evitar el estallido de la actual crisis política.

En contra de la suba

Quienes creen que todavía no llegó la hora de cambiar de política monetaria se escudan en el hecho de que la coyuntura internacional se ha enrarecido de manera significativa tras el cimbronazo chino de agosto. En las últimas semanas, el FMI se puso al frente del grupo de expertos que sugiere que todavía es prematuro el cambio de política, porque podría traer más volatilidad a los mercados internacionales. "El banco central estadounidense cuenta con la flexibilidad suficiente para esperar antes de subir las tasas", afirmó un vocero del Fondo, dando cuenta de que la inflación se mantiene baja (uno de los principios en los que se basa la Fed para aplicar política monetaria contractiva), gracias a la fuerte caída en el precio del petróleo.

Otro experto que no anticipa un cambio es el economista en Jefe para EE.UU. del Deutsche Bank, Joseph La Vorgna, quien modificó su punto de vista hace tan sólo dos semanas. "Estoy totalmente convencido de que no necesitan moverse este mes. Octubre pinta muy bien", afirmó, basándose en que los mercados no esperan esa suba y que las autoridades de la Fed tratan generalmente de no ir contra las expectativas. Además, varios miembros del FOMC no están de acuerdo en cambiar de rumbo ahora: las recientes declaraciones de los presidentes de la Fed de Atlanta (Dennis Lockhart), de Nueva York (William Dudley) y de San Francisco (John Williams) van en ese sentido. Y el organismo todavía tiene dos reuniones más para cumplir con su promesa antes de fin de año.

Otro peso pesado que defiende el statu quo es Larry Summers, ex Secretario del Tesoro y ex asesor del Presidente Barack Obama. "Entiendo el argumento que sostiene que la tasa cero es una señal patológica y que la economía ya no está enferma, por lo que los hacedores de política deberían subir la tasa. Pero el problema es que no conviene pisar el freno en una economía con metas de inflación, empleo y producción por debajo de su nivel óptimo", afirmó Summers.

En la otra vereda

La visión de metas no alcanzadas contrasta con la opinión de quienes sí esperan la suba de tasas para esta misma semana. "Es difícil justificar tasas de interés cercanas a cero con las mejoras acumuladas en la economía durante estos últimos años", manifestó Paul Ashworth, economista en Jefe para EE.UU. de Capital Economics. Con una tasa de desempleo que llegó en agosto al 5,1%, la economía se encuentra próxima al pleno empleo. Y salvo los precios de la energía (por la caída del crudo), la tasa de inflación se acerca a las benditas metas de la Fed. Además, Stanley Fischer, ex vicepresidente del organismo, explicó en la reunión anual de banqueros centrales (se hizo a fines de agosto en Jackson Hole, EE.UU.), que el organismo no va a esperar a que la inflación regrese a la meta del 2% anual para cambiar de política.

Por otra parte, los expertos defienden que subir la tasa un cuarto de punto (+0,25%) no tendría un impacto negativo en el acceso al financiamiento, por lo menos en EE.UU. (en los mercados emergentes es otro cantar), y sería una señal importante de que la Fed está atenta al riesgo de burbuja financiera. Encima, la tasa de crecimiento del PIB mostró resultados sólidos en su medición del segundo trimestre (+3,7% anualizada), lo que no debería verse afectado por dicho cambio de política monetaria. Para Christopher Dembik, analista de Saxo Bank, ‘un regreso a una política monetaria más ortodoxa implica ciertos peligros, pero tiene como primera ventaja el devolver un ’verdadero’ valor al dinero‘. Sólo queda que los inversores hagan sus apuestas.

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