La clase política de Brasil pierde tiempo mientras el país se incendia

El Congreso brasileño iniciará un proceso que genera incertidumbre y que promete ser largo y complejo, además de que las probabilidades de que concluya son muy escasas.

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La clase política pierde el tiempo mientras Brasil arde.

La clase política pierde el tiempo mientras Brasil arde.

04deDiciembrede2015a las08:38

Los residentes de San Pablo, la ciudad más grande de Brasil, el miércoles a la noche estaban pensando en cosas más importantes que en la noticia de que los políticos de la oposición habían iniciado el proceso de juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff.

Palmeiras, el club de fútbol de San Pablo, ese día derrotó a Santos, el equipo de la ciudad portuaria del mismo nombre, consagrándose campeón de la Copa de Brasil. Sus hinchas salieron en sus autos a recorrer las calles tocando bocina o festejaron encendiendo petardos hasta a altas horas de la madrugada.

Pero hasta los que tenían las peores resacas notaron que algo había cambiado en el país más grande de latinoamérica cuando ayer a la mañana –o a la tarde– se despertaron y salieron de su cama.

Los políticos de Brasil, en vez de unirse para rescatar una economía que ya está en caída libre, optaron por hundir al país en más incertidumbre iniciando lo que promete ser un largo y posiblemente inconcluso proceso de impeachment. La clase política pierde el tiempo mientras Brasil arde.

Los méritos del proceso de juicio político son tema de acalorado debate en Brasil. Los partidos de la oposición encabezados por el PSDB (el Partido de la Social Democracia Brasileña) pro-mercado aseguran que Rousseff manipuló las cuentas públicas para producir niveles de déficit presupuestario más aceptables, violando una ley que exige al gobierno ser responsable desde el punto de vista fiscal.

Los defensores del partido izquierdista gobernante de Rousseff, el Partido de los Trabajadores (PT), por su parte afirman que no hay suficientes argumentos para iniciar un proceso de impeachment.

Sin embargo, cualquiera sean los argumentos técnicos, un juicio político en Brasil es esencialmente un proceso político. Con la economía habiéndose contraído 4,5% interanual en el tercer trimestre y el desempleo en rápido crecimiento, Rousseff tiene el nivel de aprobación más bajo de la historia y es vulnerable al impeachment.

Pero el problema con el actual proceso es su autor, Eduardo Cunha, el líder de la cámara baja del Congreso. Se dice que inició el proceso ahora porque el PT de Rousseff no lo protegió contra los esfuerzos de removerlo del Congreso por las acusaciones de que ha participado de los actos de corrupción relacionados con la petrolera estatal Petrobras.

Si bien niega haber cometido algún delito, los analistas creen que es casi inevitable que sea desplazado como líder parlamentario. Las autoridades suizas transfirieron a Brasil una causa penal en su contra por supuesto lavado de dinero y sobornos. Por lo tanto, su respaldo al proceso de juicio político socava su credibilidad.

Peor aún, el inicio del proceso casi a fin de año amenaza con prolongar en el tiempo cualquier impeachment en un momento en que las autoridades brasileñas necesitan certeza política para poder concentrarse en estabilizar la economía.

El proceso comenzará con una comisión especial integrada por todos los partidos que en 15 sesiones formulará su opinión sobre el pedido de impeachment. El asunto irá luego a votación en la cámara baja, y se necesitarán dos tercios de los votos para elevarlo al Senado, que después dedicará seis meses a una investigación formal. Una vez terminado ese lapso, el Senado vota. Se requiere de una mayoría de dos tercios para remover a la presidente.

Como el Congreso brasileño entra en receso a fines de este mes hasta después de carnaval en febrero, el tema del impeachment probablemente no se resuelva hasta entrado el año próximo.

Mientras tanto, Rousseff, que trata de estabilizar la economía implementando un programa de austeridad contra el deseo de muchos dentro de su propio partido, se verá tentada a inclinarse más hacia la izquierda y abandonar cierta disciplina fiscal para convencer a su partido de que la apoyen en caso de que el juicio político se someta a votación.

Esto significa que la tan necesitada reforma fiscal en Brasil podría detenerse, lo que conduciría a un aumento de la deuda pública del país y a que las agencias calificadoras de riesgo Fitch y Moody’s sigan el ejemplo de Standard & Poor’s y le bajen la nota a nivel especulativo.

Si bien a septiembre la deuda de Brasil es baja comparado con el estándar europeo de 66% del PBI, el país tiene algunas de las tasas de interés más altas entre las economías grandes. Peor aún, la deuda pública está subiendo debido a que Rousseff no está pudiendo implementar el programa fiscal completo por el caos en el Congreso.

Santander advirtió que la deuda pública podría llegar a 75% del PBI a fines del año próximo y a casi 90% en 2019 si no se toman medidas.

Algunos afirman que un juicio político rápido a Rousseff y la llegada de un nuevo líder pro mercado sería todo lo que necesita el país para ponerse de pie otra vez. Pero cualquiera sean los argumentos para un impeachment, la prioridad debería ser acelerar el proceso y que no interfiera ninguna persona involucrada en acusaciones por corrupción.

De lo contrario, con el proceso de juicio político se corre el riesgo de empantanar aún más a Brasil, ampliar su crisis y distanciar más a los votantes que ya están más interesados en los partidos de fútbol que en la política.

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